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Más inversiones, menos empleos: la paradoja industrial que enfrenta Chihuahua

Chihuahua duplicó la generación de empleos formales durante 2026, pero tres de cada cuatro nuevos puestos se concentraron en la capital. Mientras Ciudad Juárez enfrenta una transformación de su industria maquiladora, el estado necesita replantear cómo mide la competitividad, la inversión y el desarrollo regional.

Chihuahua está atrayendo inversiones, desarrollando nuevas capacidades industriales y recuperando empleos. Sin embargo, detrás de las cifras positivas aparece una paradoja que podría definir su futuro económico: las nuevas inversiones ya no necesariamente generan tantos puestos de trabajo como antes.

De enero a septiembre de 2026, el estado registró 13,128 nuevos empleos formales ante el IMSS, más del doble de los 6,316 generados durante el mismo periodo de 2025, según datos de la Plataforma de Inteligencia Competitiva del Sector Privado (PICsp). A primera vista, el balance parece favorable.

Pero hay un dato que cambia la lectura: Chihuahua capital concentró 9,877 de esos empleos, aproximadamente el 75% del crecimiento estatal. Ciudad Juárez y el resto de los municipios se repartieron la cuarta parte restante.

El contraste plantea una pregunta que va más allá de las estadísticas laborales: ¿está Chihuahua construyendo una economía más competitiva o simplemente concentrando su crecimiento en determinadas regiones?

Juárez: una potencia industrial que está cambiando

Durante décadas, Ciudad Juárez construyó buena parte de su fortaleza económica sobre la manufactura de exportación. La llegada de empresas internacionales generó miles de empleos, impulsó la infraestructura industrial y consolidó a la frontera como uno de los principales centros manufactureros de América del Norte. Pero ese modelo está atravesando una transformación. Según cifras del INEGI citadas en reportes regionales, el empleo maquilador pasó de 326,388 trabajadores en junio de 2023 a 253,863 en junio de 2026. Una reducción de 72,525 plazas en tres años.

La contracción coincide con un entorno de incertidumbre comercial, automatización de procesos y reorganización de cadenas productivas. Las empresas siguen necesitando producir, pero las tecnologías disponibles están modificando sus requerimientos de personal.

Una planta moderna puede fabricar más unidades con menos trabajadores, utilizando maquinaria automatizada, robótica, inteligencia artificial y sistemas avanzados de control. Eso no significa necesariamente que la industria esté desapareciendo. Significa que está cambiando la relación entre inversión, producción y empleo. Y para una ciudad cuya economía depende significativamente de la manufactura de exportación, esa transformación representa un desafío estructural.

Pegatron y la nueva lógica de inversión

Un ejemplo de esta nueva etapa industrial es Pegatron. La compañía taiwanesa anunció una inversión de 330 millones de dólares para ampliar sus operaciones en Ciudad Juárez entre 2026 y 2029, con proyectos vinculados a electromovilidad y tecnología para centros de datos. La inversión contempla alrededor de mil empleos especializados. Es una noticia relevante para la competitividad de la frontera, pero también permite dimensionar el cambio en el modelo industrial.

Una inversión de cientos de millones de dólares puede generar una cantidad relativamente limitada de empleos directos, particularmente cuando incorpora procesos de alta automatización. Esto obliga a revisar la forma en que evaluamos el éxito de la atracción de inversiones. Durante años, los anuncios empresariales estuvieron acompañados principalmente por dos cifras: millones de dólares comprometidos y número de empleos proyectados.

Hoy necesitamos agregar otras preguntas.

¿Cuánto valor agregado genera la operación? ¿Qué salarios ofrece? ¿Qué capacidades tecnológicas desarrolla? ¿Cuántos proveedores locales participan? ¿Qué porcentaje de sus compras se realiza dentro del estado?. La nueva competencia industrial no será solamente por atraer más fábricas, sino por capturar una mayor proporción del valor que producen.

Chihuahua capital: el otro lado de la economía

Mientras Ciudad Juárez atraviesa esta transición, Chihuahua capital presenta un comportamiento distinto. Durante septiembre registró 1,787 nuevos empleos, de los cuales 1,117 correspondieron a la industria de la transformación. La capital combina actividad manufacturera con servicios empresariales, instituciones educativas, infraestructura y un ecosistema de proveedores que favorece la concentración de inversiones. Estas ventajas pueden generar un círculo económico positivo.

Las empresas encuentran talento y servicios, se establecen nuevas operaciones y aumenta la demanda de trabajadores especializados. El problema aparece cuando este dinamismo no logra extenderse hacia otras regiones. Que tres de cada cuatro nuevos empleos del estado se concentren en un sólo municipio no significa que el crecimiento de la capital sea negativo. Por el contrario, refleja capacidades que conviene fortalecer. El desafío consiste en desarrollar condiciones similares de competitividad en otros puntos del territorio, respetando sus distintas vocaciones productivas.

La oportunidad está en las empresas locales

Existe otra dimensión de esta transformación industrial que merece mayor atención. Chihuahua ha demostrado una capacidad importante para atraer compañías internacionales.

Sin embargo, una de las grandes oportunidades está en fortalecer la integración de empresas locales a esas cadenas productivas. Una planta extranjera puede invertir cientos de millones de dólares, pero si importa la mayor parte de sus componentes, maquinaria y servicios especializados, una proporción importante del valor económico se genera fuera del estado.

En cambio, cuando pequeñas y medianas empresas regionales se convierten en proveedoras, la inversión multiplica sus beneficios. Se generan nuevas capacidades empresariales, empleos indirectos, transferencia tecnológica y oportunidades para que compañías locales crezcan.

La manufactura avanzada abre espacios para empresas especializadas en automatización, ingeniería, software industrial, mantenimiento, logística y fabricación de componentes. Pero participar en esos mercados requiere capital, certificaciones, formación técnica y relaciones comerciales de largo plazo. No basta con traer nuevas empresas. Chihuahua necesita que las empresas que ya tiene sean capaces de crecer junto con las inversiones que llegan.

Trece regiones, diferentes motores económicos

El debate sobre el empleo también debería llevarnos a revisar cómo se distribuyen las oportunidades en el estado. Chihuahua no es una sola economía. Ciudad Juárez tiene una vocación industrial y fronteriza. Chihuahua capital concentra manufactura, servicios y actividades empresariales. Cuauhtémoc posee capacidades agroindustriales; Delicias y el centro-sur destacan por su producción agroalimentaria, mientras Parral y otras regiones del sur requieren fortalecer sus conexiones productivas y comerciales. Las regiones serranas enfrentan desafíos particulares de infraestructura, accesibilidad y desarrollo económico.

Aplicar una misma política de atracción de inversiones a todos estos territorios sería desconocer sus diferencias. El siguiente paso requiere una estrategia que identifique las vocaciones económicas regionales y los proyectos necesarios para aprovecharlas. Agua, energía, conectividad, seguridad, talento y financiamiento empresarial son factores esenciales.

En ese contexto, el Consejo para el Desarrollo Económico del Estado de Chihuahua (CODECH) impulsa una agenda de desarrollo regional que contempla las 13 regiones de la entidad. El Pacto Chihuahua 2035 busca identificar proyectos prioritarios y construir una visión económica de largo plazo que permita alinear esfuerzos entre empresas, instituciones educativas, sociedad civil y gobiernos. La discusión cobra relevancia ante el proceso electoral de 2027, cuando las prioridades económicas de las distintas regiones podrán incorporarse al debate público y a las propuestas de desarrollo estatal.

El empleo ya no cuenta toda la historia

Chihuahua puede terminar 2026 con mejores cifras de empleo que las registradas un año antes. Eso sería positivo, pero insuficiente para evaluar la fortaleza de su economía. Una inversión industrial puede elevar la productividad sin incrementar proporcionalmente el empleo. Una región puede atraer nuevas compañías sin desarrollar proveedores locales. Y un estado puede reportar crecimiento mientras las oportunidades se concentran en unas cuantas ciudades.

Por eso, los próximos años exigirán indicadores más completos: productividad laboral, salarios reales, desarrollo de empresas locales, integración de cadenas productivas y distribución territorial de la inversión.

La competitividad del futuro dependerá tanto de la tecnología que incorporen las grandes industrias como de las oportunidades que logren generar alrededor de ellas. Chihuahua ya sabe atraer inversiones. Ahora necesita aprender a multiplicar sus beneficios en todo su territorio. Porque el verdadero éxito económico no consiste únicamente en generar más empleos, sino en construir una economía donde más empresas puedan crecer, más trabajadores mejoren sus ingresos y más regiones encuentren oportunidades de prosperidad.

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