Cuando una ciudad se vuelve demasiado cara, empieza a perder algo más valioso

Share

Por Jorge Cruz Camberos

Hay un dato que debería llamar la atención de cualquier ciudad que quiera crecer. Las Vegas, probablemente una de las capitales mundiales del entretenimiento, está viendo menos visitantes. El año pasado cayó cerca de 7.5% el turismo anual. La mayor baja fuera de pandemia en décadas.

¿Qué pasó?

Las teorías son muchas. Menos turismo internacional. Nuevas generaciones tomando menos alcohol. Cambios culturales. Incluso hay quien dice que medicamentos para control metabólico están reduciendo impulsos de apuestas y consumo pero la explicación más sencilla suele ser la correcta.

La gente siente que ya no vale lo que cuesta. Hoteles más caros. Comida más cara. Bebidas más caras. Estacionamientos cobrados. Apuestas menos atractivas. —Experiencias premium para clientes premium—.

Poco a poco algo se rompe. Porque las ciudades no sólo compiten por atraer dinero. Compiten por generar conexión. Hay algo peligroso cuando una ciudad empieza a diseñarse únicamente para quien más puede pagar.

Pierde diversidad.
Pierde espontaneidad.
Pierde identidad y eventualmente pierde personas.

No aplica únicamente para Las Vegas. Aplica para cualquier ciudad que quiera crecer. También para Chihuahua.

Queremos atraer inversión. Claro. Queremos mejores restaurantes. Más experiencias. Más entretenimiento. Más infraestructura. Más desarrollo turístico. Por supuesto pero también necesitamos pensar en algo más.

¿La ciudad sigue siendo disfrutable para una familia de clase media? ¿Los jóvenes pueden vivir experiencias atractivas sin gastar una fortuna? ¿Ir a un evento deportivo, salir a cenar, ir a un concierto o disfrutar espacios públicos sigue siendo algo accesible? Porque las mejores ciudades del mundo entendieron algo importante.

No se construyen únicamente para quien más tiene. Se construyen para que más personas quieran quedarse.

Hay ciudades que ganan dinero. Hay ciudades que generan calidad de vida. Las extraordinarias hacen ambas. En Chihuahua hablamos mucho de competitividad. Y está bien. Competitividad significa atraer empleos, talento e inversión y esto significa construir una ciudad donde la gente quiera formar una familia. Donde los hijos quieran regresar después de estudiar fuera. Donde exista orgullo de pertenencia.

Porque una ciudad no se vuelve grande cuando se vuelve cara. Se vuelve grande cuando se vuelve valiosa y hay una enorme diferencia entre las dos cosas.

LEER MÁS: La fiebre de los puntos azules y la ciudad que sí queremos vivir

Related

La satisfacción de cambiar vidas

Ricardo Huerta comparte la experiencia de coordinar la reconstrucción de viviendas para 12 familias de Talayotes, Moris, que perdieron su patrimonio en un incendio forestal, resaltando la importancia del servicio público y el compromiso con las comunidades más vulnerables de Chihuahua.

Chihuahua y el poder de los datos: la visión detrás de una ciudad más competitiva

Chihuahua apuesta por los datos y la colaboración para enfrentar los retos de una ciudad moderna y competitiva.

Del verano del 86 a la batalla por Chihuahua

A casi 40 años del “verano caliente” de 1986, Chihuahua vuelve a vivir un clima de polarización política que revive tensiones históricas entre poder, democracia y sociedad.

México necesita más Chihuahua y Chihuahua necesita estar más en el mundo

La Red Emprende Chihuahua Capital busca transformar el emprendimiento en una estrategia de largo plazo, conectando gobierno, academia, empresarios y sociedad civil para construir un modelo replicable y competitivo.

No todos necesitan una maestría, todos necesitan una habilidad que el mercado valore

El futuro laboral ya no depende únicamente de títulos universitarios o maestrías. Chihuahua tiene la oportunidad de convertirse en un referente latinoamericano en formación técnica y habilidades especializadas que conecten directamente con la industria y la innovación.