
Por Martín Zermeño
MÉXICO: REFERENTES HISTÓRICOS EN LOS MUNDIALES
México es el único país en el mundo que ha organizado tres Copas del Mundo: 1970, 1986 y ahora 2026, una distinción sin precedente en la historia del futbol universal. Pero los récords del Tri van mucho más allá de ser sede.
El 13 de julio de 1930, en Uruguay, Juan “Trompo” Carreño del Atlante anotó el primer gol de México en un Mundial, ante Francia, en un partido que cerró 4-1. Fue también el mismo juego en que el francés Lucien Laurent marcó el primer gol en la historia de los Mundiales: México estuvo en esa escena inaugural. Otro hito: Manuel Rosas convirtió el primer penal en la historia de la Copa del Mundo, un dato que muy pocos conocen.
En México 1986, Manuel Negrete protagonizó lo que la FIFA reconoció oficialmente, por votación global de aficionados, como el mejor gol en la historia de los Mundiales: una chilena acrobática ante Bulgaria que décadas después sigue siendo referencia de belleza futbolística.
Rafael Márquez se convirtió en uno de los tres jugadores en la historia —junto a Antonio Carbajal y Lothar Matthäus— en disputar cinco Copas del Mundo. Más aún: fue titular en las cinco, el único jugador del mundo en lograrlo. Capitán en 15 de sus 19 partidos mundialistas, el “Káiser de Michoacán” capitaneó al Tri en cuatro torneos consecutivos, marca sin igual en la historia.
Hoy, en el Mundial 2026, México aporta otra hazaña generacional: Gilberto Mora, mediocampista de 17 años y 240 días del Xolos de Tijuana, se convirtió el 11 de junio en el jugador más joven de toda la competencia y el único menor de edad en el torneo. Nacido en 2008, Mora es ya figura seguida por clubes de España, Inglaterra e Italia.
LOS QUE SE ENRIQUECEN —Y LOS QUE CORROMPEN— CON LOS MUNDIALES
La Copa del Mundo es el evento deportivo más lucrativo del planeta. En 2025, la FIFA recibió 965 millones de dólares solo por derechos de marketing, un 21% más de lo presupuestado. Para el Mundial 2026 se proyectan cifras históricas con 48 selecciones y tres sedes: Estados Unidos, México y Canadá.
Las grandes beneficiadas son las corporaciones patrocinadoras. Adidas, socio histórico de la FIFA desde 1970, y Nike, que viste a trece selecciones nacionales, disputan billones en ventas de indumentaria cada cuatro años. Coca-Cola mantiene su alianza con la FIFA desde 1978. Aramco, la petrolera saudí, se incorporó también como socio principal. Los contratos de patrocinio de segundo nivel oscilan entre 65 y 95 millones de dólares por torneo.
Pero donde hay tanto dinero, también hay corrupción. El “FIFA-Gate”, que estalló en 2015 cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos detuvo a funcionarios en un hotel de Zúrich, reveló que 45 personas —directivos y empresarios— pagaron o aceptaron más de 200 millones de dólares en sobornos para adjudicar los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022, así como derechos de transmisión televisiva de Copas del Mundo y Copas América. Entre los implicados: los empresarios Hugo y Mariano Jinkis, Alejandro Burzaco y Hernán López, en los derechos latinoamericanos. En 2024, el caso salpicó a Emilio Azcárraga, dueño de Televisa, investigado por supuestos sobornos para obtener derechos de transmisión.
Qatar pagó, según investigaciones del Sunday Times, sobornos cercanos a los 5 millones de dólares para ganar la sede 2022 —un emirato sin tradición futbolística, en temperaturas de 45 grados, que obligó a mover el torneo a noviembre y diciembre por primera vez en la historia. Joseph Blatter y Michel Platini fueron suspendidos por el Comité de Ética de la FIFA en 2015.
El mundo del futbol también conoce otros escándalos: árbitros comprados en ligas menores, jugadores que apostaron en sus propios partidos, y casos de dopaje como el del rumano AdriánMutu, sancionado en 2004 tras dar positivo por cocaína mientras jugaba en el Chelsea. El negocio del futbol, dicho llanamente, tiene dos caras.
DE LA CANCHA AL PODER: FUTBOLISTAS QUE SE VOLVIERON POLÍTICOS
La popularidad del futbol ha sido, en muchos países, el trampolín perfecto hacia la política. El caso más impactante a nivel Mundial es el de George Weah, delantero del AC Milán y único africano en ganar el Balón de Oro (1995). Tras retirarse, fue senador en Liberia y en 2018 ganó la presidencia de su país, convirtiéndose en jefe de Estado de una nación que salía de una guerra civil.
Kakha Kaladze, máximo referente histórico del futbol de Georgia y dos veces campeón de la Champions League con el Milán, se retiró en 2012 y en cuestión de meses encabezó la lista del partido Sueño Georgiano. Fue viceprimer ministro, luego ministro de Infraestructuras y desde 2017 es alcalde de Tiflis, la capital georgiana.
En Brasil, Romário, campeón Mundial en 1994, fue diputado federal y senador. Votó a favor del impeachment de la presidenta Dilma Rousseff y se mantuvo activo en la política brasileña más de una década. En Italia, Gianni Rivera, el “bambino de oro” y Balón de Oro 1969, fue diputado por el Partido Popular Italiano durante años.
En Turquía, Hakan Şükür, el goleador histórico de la selección turca en el Mundial 2002, llegó al Parlamento en 2011 aunque luego debió exiliarse por sus fricciones con el gobierno de Erdogan. En Georgia, el propio Kaladze se perfilaba a escalar aún más en el poder.
México tiene su propio referente: Cuauhtémoc Blanco, ídolo del América y figura mundialista, fue alcalde de Cuernavaca en 2015 y gobernador de Morelos de 2018 a 2024, cargo al que llegó con el 52% de los votos. Al concluir su mandato, asumió una curul en la Cámara de Diputados por Morena. Su caso demuestra que la camiseta verde puede valer tanto como un partido político.
BRUJERÍA, RITUALES Y LO INEXPLICABLE EN LOS MUNDIALES
El futbol tiene una relación íntima con lo sobrenatural. En los vestuarios, en los campos de entrenamiento y en los túneles de los estadios coexisten la táctica más avanzada con rituales que vendrían de siglos atrás.
En el Mundial de España 1982, el partido entre Perú y Camerún —ambas selecciones llegaron acompañadas de sus propios chamanes y brujos— terminó sin goles. Los periodistas de la época describieron una “batalla paralela” en los alrededores del estadio de Riazor, en La Coruña. Nadie sabe quién ganó esa guerra espiritual.
En 2014, el Brujo Mayor de México, Antonio Vázquez Alba, realizó rituales para enviar “fuerza y energía” al Tri y contrarrestar las “energías negativas” de los brujos de Camerún, primer rival del Tricolor en Brasil. Es un personaje que ha “trabajado” para el futbol mexicano en múltiples ocasiones.
En la Copa Africana de Naciones, una “toalla mágica” fue el centro de una polémica entre Marruecos y Senegal: los senegaleses ganaron y los marroquíes acusaron manipulación esotérica. En 2022, Nigeria denunció ante la Confederación Africana que alguien del banquillo de República del Congo practicó rituales de vudú durante una tanda de penales. La denuncia no prosperó, pero el partido quedó en la memoria.
El caso más famoso de maldición futbolística latinoamericana involucra al Estadio La Corregidora de Querétaro, construido para el Mundial México 1986 sobre un antiguo cementerio. Siete equipos que jugaron ahí como locales han descendido de categoría o desaparecido. ¿Coincidencia?
Y luego están las cábalas individuales. Carlos Bilardo, campeón Mundial con Argentina en 1986, tenía rituales obsesivos antes de cada partido. Sergio Goycochea rezaba antes de cada penal que atajaba. En Francia 1998, Fabien Barthez recibía un beso en la cabeza rapada del capitán Laurent Blanc antes de cada juego —una costumbre que los llevó al título. Las supersticiones, en el futbol, no distinguen continentes ni idiomas.
Ya inmersos en el Mundial de futbol, hay que disfrutarlo.
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