Por Jorge Cruz Camberos
Imagínate que tu hijo termina la universidad y te dice: “Me quiero quedar en Chihuahua, pero el trabajo que busco está en otra ciudad”. Uno se siente orgulloso de verlo volar Pero también se pregunta por qué aquí no encontró dónde hacerlo.
Ahora imagina a alguien que quiere abrir un negocio. Tiene experiencia, ahorros y clientes potenciales. Lo que no tiene es tiempo para dar vueltas entre permisos, requisitos y oficinas. Las dos historias llevan a la misma pregunta: ¿cómo hacemos de Chihuahua una ciudad donde vivir bien y salir adelante sea más fácil? Ahí entra Chihuahua Futura.
El nombre puede sonar a proyecto de coches voladores. Y si le agregamos think tank, parece algo que necesita traducción y una maestría para entenderse pero la idea es sencilla: tener un espacio que estudie hacia dónde puede crecer Chihuahua, reúna conocimiento y ayude a convertirlo en proyectos.
Detrás de este esfuerzo está Desarrollo Económico del Estado de Chihuahua, (DESEC), y al frente de Chihuahua Futura está Sergio Mendoza. Su importancia está en impulsar una conversación que la ciudad necesita: qué debemos hacer hoy para tener mejores oportunidades mañana. Porque una ciudad necesita resolver el bache de esta semana. También necesita pensar dónde estarán sus oportunidades dentro de veinte años.
¿Para qué sirve pensar tan lejos?
Como empresario, difícilmente invertiría en un negocio sin preguntarme quiénes serán mis clientes, qué está cambiando en el mercado y qué necesitaré para competir. Con una ciudad deberíamos tener la misma disciplina. ¿Habrá agua y energía para crecer?, ¿qué deben aprender nuestros jóvenes?, ¿cómo aprovechamos la tecnología?, ¿qué empresas podemos desarrollar aquí?, ¿cómo evitamos que el crecimiento nos quite calidad de vida?.
Son decisiones que llevan años. Algunas, décadas. Por eso necesitan una visión que sobreviva a los cambios de gobierno. Chihuahua Futura se trabajó originalmente con la consultora IDOM, tomando como punto de partida las ventajas competitivas de la capital, su territorio, sus actividades productivas y las tendencias globales.
Su actualización 2.0 responde a nuevas oportunidades: empresas que buscan producir más cerca de Estados Unidos, cambios en la energía y una transformación digital que está moviendo todo.
Concentra siete ejes en dos misiones que cualquiera puede entender: Ser la mejor ciudad para vivir en México. Ser la mejor ciudad para crear y hacer crecer una empresa. Me gusta esa claridad. Porque permite hacer la pregunta incómoda: ¿qué estamos haciendo para conseguirlo?.
Que vivir mejor se sienta en la casa
Ser la mejor ciudad para vivir debería significar que una familia encuentre vivienda a su alcance. Que trasladarse no le robe la tarde. Que sus hijos tengan buenas escuelas, espacios para jugar y oportunidades cuando crezcan. También significa seguridad, salud, servicios y un ingreso que permita avanzar.
Todo eso se puede medir. Y debemos hacerlo. Podemos enamorarnos de una presentación, pero quien pasa una hora en el tráfico necesita resultados. Quien busca trabajo también. La visión empieza a valer cuando cambia algo en la vida cotidiana.
Que emprender deje de ser una carrera de obstáculos
La segunda misión tiene que sentirse también en los negocios pequeños. Pensemos en quien quiere abrir una cafetería, ampliar un taller o convertir su conocimiento en una empresa de tecnología. Necesita trámites claros, reglas confiables, infraestructura y personas preparadas. Si quiere vender al mundo, también necesita talento bilingüe y conexiones con nuevos mercados.
Sergio Mendoza ha puesto sobre la mesa un reto fundamental: generar empleos más especializados y fortalecer empresas locales capaces de participar en las cadenas productivas.
Eso tiene una traducción muy humana: que estudiar más abra mejores puertas aquí. Que un negocio chihuahuense pueda crecer junto a las grandes empresas que llegan. Que el talento encuentre razones para quedarse.
El futuro necesita seguimiento
Yo pondría tres condiciones para que esta visión gane fuerza. Primero, un tablero público y sencillo: dónde estamos, qué queremos mejorar y cuánto avanzamos. Segundo, proyectos con responsables, fechas y recursos. Si queremos talento bilingüe, hay que explicar cómo lo vamos a formar. Si queremos mejores proveedores, cómo los vamos a preparar. Tercero, escuchar a quienes viven los problemas: jóvenes, emprendedores, trabajadores y familias. Sus experiencias deben entrar en la planeación.
Ahí está el valor de tener un think tank impulsado desde DESEC: darle continuidad al trabajo, conectar conocimiento con decisiones y mantener viva una visión de ciudad. Chihuahua Futura puede ayudarnos a levantar la mirada sin perder de vista la calle. El mejor resultado llegará el día que un joven diga: “Me quedo, aquí puedo crecer”. Y alguien que quiere emprender encuentre una ciudad que le abra camino. El futuro de Chihuahua merece durar más que un gobierno.




