De Brasil a Chihuahua, las redes sociales están cambiando las reglas del poder. Los partidos ya no son los únicos que construyen liderazgos.
Por Clara Montes
Durante décadas, quien quería dedicarse a la política tenía que hacer carrera. Afiliarse a un partido, asistir a reuniones, recorrer colonias, repartir volantes, conseguir padrinos y esperar su turno. Hoy el camino puede ser bastante diferente: abrir una cuenta de TikTok, conectar con miles de personas, conseguir millones de reproducciones y, eventualmente, aparecer en una boleta electoral. Parece exagerado, pero Brasil acaba de demostrarnos que esta transformación ya está ocurriendo.
En las elecciones del pasado 4 de octubre, varios influencers lograron votaciones históricas. Nikolas Ferreira, de apenas 30 años, consiguió más de tres millones de votos para diputado federal. Lucas Pavanato alcanzó una cifra similar y Eduarda Campopiano, de 23 años, se convirtió en una de las grandes figuras de la elección legislativa. No estamos hablando de celebridades que decidieron probar suerte en la política. Estamos viendo una nueva generación de políticos cuya principal plataforma de crecimiento ha sido Internet. Aunque en Brasil muchos de estos perfiles pertenecen a la derecha conservadora, el fenómeno también existe en la izquierda. Lo interesante no es de qué partido vienen y cómo llegaron.
Los seguidores son el nuevo capital político
Antes, un político necesitaba una estructura territorial para darse a conocer. Hoy algunos influencers llegan a una elección con algo que muchos partidos tardaron décadas en construir: una comunidad que los conoce, los escucha y comparte sus mensajes todos los días. No necesitan esperar una entrevista en televisión ni contratar espectaculares para expresar sus opiniones. Tienen su propio medio de comunicación en el bolsillo.
Además, han entendido algo que los partidos tradicionales frecuentemente olvidan: las personas quieren escuchar a otras personas, no solamente discursos institucionales. Hablan con naturalidad, utilizan el humor, provocan, discuten y, sobre todo, generan conversación. Algunos construyen comunidades alrededor de causas sociales. Otros alrededor del deporte, la cultura, los negocios o temas políticos.
Por supuesto, también existe un lado preocupante. Los algoritmos suelen premiar los contenidos que generan reacciones intensas. En política, la indignación puede conseguir más reproducciones que una propuesta bien estructurada. El riesgo es terminar confundiendo popularidad con capacidad de gobierno. ¿En Chihuahua qué está pasando?. Pensemos en las personas que seguimos diariamente en Chihuahua. Hay creadores de contenido dedicados a la gastronomía, al entretenimiento, al deporte, a los negocios y a contar lo que sucede en nuestra ciudad. Algunos tienen comunidades digitales que podrían superar en alcance cotidiano a las de muchos representantes populares. No necesariamente están interesados en la política pero eso podría cambiar.
Por ejemplo si una persona que durante años ha recorrido Chihuahua mostrando sus colonias, denunciando problemas urbanos, promoviendo negocios locales o impulsando causas comunitarias. Esa persona podría llegar a conocer ciertas inquietudes de la ciudad de una manera distinta a la de un político tradicional. Ahora bien, si decide participar en una elección, necesitaría veinte años de militancia para competir? No necesariamente, verdad?, lo cuál no tendría asegurada la victoria por contar con miles de seguidores.
Las redes pueden construir reconocimiento, pero todavía falta demostrar que ese reconocimiento puede convertirse en confianza, organización, votos y, eventualmente, resultados. ¿Están preparados los partidos para esta nueva competencia?. Rumbo a 2027, los partidos políticos de Chihuahua seguramente estarán concentrados en sus aspirantes tradicionales: funcionarios, legisladores, dirigentes y personajes que llevan años construyendo sus carreras, pero sería interesante observar qué está pasando fuera de esas estructuras, ¿dónde están los nuevos liderazgos ciudadanos?, ¿quién está conectando con las nuevas generaciones?, ¿quién está construyendo comunidades alrededor de problemas reales? y sobre todo, aquí en esta última question, —¿cuáles de esas personas tienen la preparación, el interés y la capacidad para participar en los asuntos públicos?—.
Entonces, se trata de reconocer que la política puede enriquecerse con nuevas voces, sin dejar de valorar la experiencia y la preparación. De reconocer que las puertas de entrada al liderazgo público están cambiando. Los partidos ya no tienen el monopolio de la conversación, y mucho menos de la atención ciudadana.
Una oportunidad y también una advertencia
Personalmente, me interesa mucho este fenómeno porque creo que Chihuahua necesita ampliar sus espacios de participación. Tenemos jóvenes extraordinarios, emprendedores, deportistas, líderes sociales y personas que están haciendo cosas interesantes sin ocupar un cargo público. Muchos de ellos tienen algo que resulta fundamental para cualquier comunidad: credibilidad construida a partir de lo que hacen pero gobernar exige más que comunicar bien. Exige administrar recursos, tomar decisiones difíciles, construir acuerdos, escuchar a quienes piensan diferente y responder por los resultados. —Un video viral puede poner un problema sobre la mesa, resolverlo requiere mucho más trabajo—.
Por eso, conviene evaluar la capacidad de una persona para generar confianza, aportar ideas y contribuir a la vida pública, y creo que deberíamos conocer qué ha construido, qué causas ha defendido y qué capacidad tiene para trabajar con otras personas, en lugar de preguntarnos cuántos seguidores tiene una persona. La popularidad puede ser el principio de una carrera pública. No debería ser su única credencial.
La pregunta que nos deja Brasil
Quiero abrir esta conversación y observar quiénes están construyendo nuevas comunidades e influencia digital en Chihuahua. Para comprender cómo están evolucionando los liderazgos de nuestra ciudad y qué pueden aportar a la vida pública. Porque mientras los partidos siguen discutiendo quién tiene más estructura, hay una generación que está construyendo comunidades desde una pantalla.
Quizá algunos de los futuros representantes de Chihuahua todavía no estén haciendo campaña. Tal vez hoy estén grabando un podcast, promoviendo un negocio local, organizando una causa social o publicando su siguiente video. La pregunta ya no es si las redes sociales pueden llevar a alguien al poder. Brasil acaba de demostrar que sí. La verdadera pregunta es si estamos preparados para distinguir entre quienes saben conquistar nuestra atención y quienes pueden ganarse nuestra confianza. Y tú, ¿conoces a algún influencer de Chihuahua que podría hacer un buen papel en la vida pública?.
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