La expansión de la NBA abre una conversación que va más allá de nuevas franquicias. Para México, y especialmente para Chihuahua, la oportunidad está en conectar lo que escuelas, universidades, clubes y empresarios ya están construyendo.
Por Jorge Cruz Camberos
Un empresario y un aficionado pueden mirar el mismo partido y encontrar razones distintas para emocionarse. Uno observa las tribunas, los patrocinadores y el potencial de una ciudad. El otro sigue el balón, reconoce una jugada y espera que su equipo encuentre la manera de ganar. El futuro del básquetbol necesita de ambos. También necesita al entrenador que trabaja entre semana con adolescentes, a la universidad que ofrece una beca y a la familia que organiza su presupuesto alrededor de los entrenamientos de sus hijos.
Esa relación entre espectáculo, formación y negocio ayuda a entender lo que está sucediendo con la NBA. Su expansión internacional responde a una oportunidad que trasciende la venta de boletos: construir comunidades alrededor del deporte y desarrollar mercados capaces de sostenerlas.
La liga ha autorizado explorar posibles franquicias en Seattle y Las Vegas. En Europa, trabaja con FIBA en un proyecto de competencia profesional que contempla apoyar también a ligas nacionales, academias y programas de desarrollo. Son iniciativas distintas, con procesos todavía en marcha, pero comparten una visión de largo plazo.
Para México, la pregunta resulta inevitable: ¿cómo participamos en ese crecimiento?
Capitanes de Ciudad de México ofrece una conexión concreta con el sistema NBA a través de la G League. Su calendario 2026–27 contempla 24 encuentros como local en la capital del país. Esa experiencia permite observar cómo se construye una operación deportiva vinculada con una competencia internacional. Pero la oportunidad mexicana es mucho más amplia que una ciudad o una franquicia. Empieza en los miles de lugares donde alguien ya está trabajando para que el básquetbol avance.
Un país que ya está jugando
En una escuela, un maestro organiza un equipo con el tiempo y los recursos disponibles. En una academia, un entrenador enseña fundamentos y construye confianza. Una universidad combina competencia con formación académica. Un club profesional reúne capital, contrata jugadores y ofrece a su comunidad una razón para encontrarse en las tribunas.
Cada uno está haciendo una parte necesaria del trabajo.
Los organismos escolares atienden diferentes etapas educativas. CONDEBA forma parte de la historia de organización del deporte en educación básica; CONADEMS y CONDDE corresponden a otros niveles del recorrido estudiantil. La Liga ABE ofrece un espacio de competencia universitaria. ADEMEBA participa en la estructura federativa y de selecciones. La LNBP, CIBACOPA y las ligas estatales desarrollan competencias profesionales con mercados y características propias.
Sus objetivos tienen diferencias legítimas. Una escuela debe poner primero el desarrollo de sus alumnos. Una universidad necesita cuidar su misión académica. Un equipo profesional tiene que competir, atraer público y sostener su operación.
El reto aparece entre esas responsabilidades.
Un joven puede destacar en su escuela sin conocer las opciones que tiene para continuar. Una academia puede formar buenos jugadores sin tener una relación estable con universidades. Un club puede querer acercarse al talento regional y encontrar dificultades para identificarlo o incorporarlo. Lo que falta es un plan que permita que el trabajo de uno fortalezca el trabajo del siguiente. Una ruta compartida permitiría conservar la autonomía de cada institución y, al mismo tiempo, dar mayor continuidad al desarrollo de los jugadores.
La oportunidad de Chihuahua
Chihuahua tiene condiciones para encabezar esa conversación. Aquí el básquetbol forma parte de la memoria familiar y de la identidad de distintas comunidades. Los equipos profesionales, las universidades, las academias y las competencias municipales han construido experiencia y vínculos que merecen aprovecharse mejor.
Dorados, Adelitas y los clubes de la Liga Estatal aportan espectáculo, referentes y capacidad de convocatoria. Las instituciones educativas ofrecen formación y posibilidades de continuidad académica. Los entrenadores y las familias sostienen el trabajo cotidiano. Las empresas aportan recursos, relaciones y conocimiento de gestión.
Son activos valiosos para una estrategia común.
Desde mi experiencia en proyectos deportivos, sé cuánto esfuerzo hay detrás de una temporada. También sé que una buena colaboración puede abrir posibilidades que ninguna organización podría financiar o desarrollar por su cuenta. Imaginemos una escena: una jugadora de Parral participa en una competencia regional; sus estadísticas y partidos están disponibles para entrenadores universitarios; recibe orientación para solicitar una beca y encuentra apoyo para trasladarse. Su entrenador conoce los siguientes pasos y su familia entiende los requisitos. Ese recorrido puede diseñarse. Requiere acuerdos, responsables y seguimiento.
Un plan que conecte
El punto de partida sería reunir a quienes ya trabajan en el básquetbol y acordar una agenda de varios años, con una coordinación pequeña y una responsabilidad clara: facilitar que las piezas se conecten. El primer trabajo sería conocer lo que existe. Identificar academias, equipos escolares, entrenadores, instalaciones, competencias y apoyos. Escuchar a las organizaciones permitiría reconocer sus avances y detectar dónde una alianza puede resolver una necesidad.
Después vendrían acuerdos prácticos.
Un calendario compartido ayudaría a reducir cruces evitables y a organizar mejor el uso de gimnasios y los traslados. Una guía de becas y elegibilidad permitiría a jugadores y familias tomar decisiones informadas. Los encuentros entre entrenadores escolares, universitarios y profesionales podrían mejorar la detección y el acompañamiento del talento. La formación continua de entrenadores tendría un efecto especialmente amplio: cada mejora en su preparación alcanzaría a varias generaciones de jugadores.
El plan también debería abrir oportunidades en distintas regiones. Capital y Juárez pueden aportar capacidad de organización y conexiones; Delicias, Cuauhtémoc, Parral, Nuevo Casas Grandes y otras comunidades pueden ser sedes, formar talento y desarrollar sus propios proyectos. El básquetbol femenil necesita estar presente en cada acuerdo, desde el acceso a instalaciones hasta las becas, la cobertura y el patrocinio.
El negocio de dar continuidad
Para un empresario, una agenda coordinada ofrece algo importante: mayor claridad sobre dónde invertir y qué resultados esperar. Un patrocinio podría vincularse con una temporada juvenil, un programa de becas o una serie de encuentros regionales, con objetivos y mediciones acordados. Los clubes podrían desarrollar relaciones comerciales que combinen la visibilidad del equipo profesional con actividades de formación y comunidad.
Las transmisiones, las estadísticas y las historias de los jugadores pueden ampliar esa relación durante el año. Conviene probar formatos, medir audiencias y conocer los costos antes de comprometer grandes inversiones.
También existe una oportunidad para el turismo deportivo. Un calendario confiable permite que hoteles, restaurantes y organizadores preparen paquetes y servicios. Las familias pueden planear con anticipación y las ciudades sede pueden evaluar los beneficios que reciben. La continuidad mejora las condiciones para hacer negocio. Y un negocio mejor administrado puede sostener más oportunidades deportivas.
Donde participe dinero público, los compromisos deben ser claros: acceso comunitario, formación, mantenimiento de instalaciones y resultados verificables. La confianza entre autoridades, empresas y organizaciones será parte de la infraestructura del proyecto.
Una victoria que puede compartirse
El éxito de este plan tendría varias expresiones. Para el aficionado, equipos con mayor identidad y jugadores regionales cuyo recorrido pueda seguir. Para el empresario, proyectos con información y continuidad. Para las universidades, mejores vínculos con el talento. Para los entrenadores, herramientas y oportunidades de crecimiento. Para las familias, algo todavía más importante: saber que el esfuerzo de sus hijos tiene caminos posibles.
La mayoría de los jóvenes no llegará al profesionalismo. Su paso por el deporte puede dejarles una beca, una carrera, hábitos, amistades y la experiencia de comprometerse con otros para alcanzar una meta. Mientras la NBA busca nuevas ciudades y públicos, México puede construir mejores conexiones dentro de su propio básquetbol. Chihuahua tiene la oportunidad de impulsar un modelo basado en colaboración, con beneficios deportivos, empresariales y sociales. Hay personas e instituciones haciendo su parte todos los días. El siguiente gran salto será acordar hacia dónde queremos avanzar juntos y organizar el trabajo para llegar.
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