Plan México: sin inversión, no hay transformación

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Por Jorge Cruz Camberos

Hace un año, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el Plan México, una política industrial con 13 metas para impulsar el desarrollo económico y reducir la pobreza. Suena bien. Es el tipo de planteamiento que uno esperaría de un gobierno con visión de futuro: más empleos formales, cadenas de valor fortalecidas, energía limpia y competitividad regional.

Pero en este país no se crece con PowerPoints.

El principal problema es estructural: no hay recursos suficientes para que el plan funcione. La inversión —que es el motor de cualquier economía— se contrajo. En el último año cayó de 24.8% a 22% del PIB, y la inversión pública se desplomó (-22.8%). Sin dinero, los polos de desarrollo, los corredores de bienestar, los empleos y todo lo demás se quedan en buenos deseos.

Un ejemplo es San Jerónimo, en Ciudad Juárez, donde se proyecta un polo de bienestar con potencial para detonar empleos e integración productiva. Pero aún no hay claridad sobre cómo se financiarán las obras necesarias para convertir la intención en realidad.

Desde el gobierno federal se ha dejado claro que la responsabilidad será de los estados y del sector privado, mientras que la banca de desarrollo —Nacional Financiera (NAFIN) y Bancomext— será la herramienta para canalizar recursos.

NAFIN tiene como misión financiar a las Mipymes, sectores estratégicos y proyectos productivos, ofreciendo desde crédito hasta garantías. Bancomext, por su parte, impulsa exportadores y encadenamientos globales. Ambas instituciones pueden y deben jugar un papel decisivo. Pero hoy están lejos del volumen y velocidad que se requiere para mover la aguja nacional.

Mientras tanto, la generación de empleo formal sigue en rojo. En 2025 se crearon únicamente 278 mil puestos en el IMSS. La meta es 1.2 millones. Y eso no es sólo una cifra: significa cientos de miles de familias que siguen sin acceso a salud, ahorro o crédito.

Si queremos que el Plan México funcione, necesitamos más que voluntad política. Necesitamos un plan financiero real.

No basta con decir que NAFIN y Bancomext van a apoyar. Hay que dotarlas de recursos, autonomía operativa y objetivos claros. También hace falta certeza jurídica, seguridad y condiciones para que la inversión privada regrese con confianza.

Porque sin inversión no hay empleos. Sin empleos, no hay bienestar. Y sin bienestar, no hay transformación.

Pero si el financiamiento llega, si los recursos se alinean con las metas, entonces sí: cosas grandes pueden pasar en México.
Podemos ser más competitivos, más justos y más prósperos.
El talento ya está. Solo falta ponerle gasolina al motor.

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