Jorge Cruz Camberos
La inteligencia artificial no está “por llegar” a Chihuahua. Ya llegó.
Y lo más incómodo es que ya está desplazando empleos, no por aranceles, no por decisiones políticas externas, sino por algo más silencioso y profundo: la automatización ya es más barata, más rápida y más eficiente que muchos puestos tradicionales.
Los datos locales empiezan a reflejarlo. En 2025, el empleo formal en el estado de Chihuahua retrocedió. No fue una crisis comercial ni un colapso industrial. Fue un ajuste estructural: procesos que antes requerían personas hoy se resuelven con software, robots y sistemas inteligentes.
Un estudio reciente de Microsoft lo deja claro: los empleos más expuestos a la inteligencia artificial no son los manuales, sino los cognitivos repetitivos. En la primera línea de riesgo están los administrativos, capturistas de datos, asistentes contables, agentes de ventas tradicionales, atención a clientes, traductores, redactores básicos, periodistas de rutina y modelos educativos centrados en repetir contenidos.
No porque estas profesiones no sean valiosas, sino porque gran parte de sus tareas ya puede hacerlas una IA mejor, más rápido y sin descanso.
Aquí es donde el problema deja de ser tecnológico y se vuelve educativo.
En Chihuahua seguimos formando para memorizar, repetir y ejecutar instrucciones, justo cuando el mercado laboral está premiando lo contrario: criterio, pensamiento crítico, análisis y capacidad de decisión.
La inteligencia artificial no sustituye a quien piensa.
Sustituye a quien solo ejecuta procesos.
Si no corregimos el rumbo, el riesgo no es solo perder empleos, sino perder competitividad como región. No podemos aspirar a salarios más altos ni a desarrollo social si seguimos preparando talento para funciones que el mercado global ya está descartando.
El cambio que Chihuahua necesita no es cosmético. Es estructural.
Implica enseñar inglés funcional desde edades tempranas, pensamiento computacional, uso cotidiano de herramientas de IA en el aula y una educación técnica avanzada conectada con la industria real. Menos exámenes de memoria. Más resolución de problemas reales.
Pero la educación, por sí sola, no basta.
También tenemos que decidir qué tipo de empresas queremos atraer y cuáles debemos dejar de perseguir. Chihuahua no necesita más empleos repetitivos y frágiles frente a la automatización. Necesita destrabar y atraer centros de servicios compartidos, ingeniería y diseño industrial avanzado, automatización, robótica, mantenimiento especializado, data centers, logística inteligente y servicios tecnológicos.
Empresas que paguen por talento.
No por horas.
La discusión ya no es si la inteligencia artificial cambiará el empleo. Esa discusión terminó.
La verdadera pregunta es si Chihuahua va a anticiparse al futuro o si va a seguir reaccionando cuando el daño ya esté hecho.
De cara a 2027-2030, el reto es claro: formar talento que piense, atraer empresas que valoren ese talento y tomar decisiones hoy, no cuando el mercado ya decidió por nosotros.
El futuro no se improvisa.
Se diseña.
















