Inicio Análisis y Opinión Bonilla, Pancho Barrio y el futuro democrático del PAN

Bonilla, Pancho Barrio y el futuro democrático del PAN

Marco Bonilla durante un evento público relacionado con el legado de Francisco Barrio y la discusión sobre la democracia interna del PAN rumbo a las elecciones de 2027 en Chihuahua.
La columna analiza el homenaje a Francisco Barrio, el debate sobre la democracia interna del PAN y las lecciones que han dejado las decisiones partidistas en Chihuahua.

Por Martín Zermeño

BONILLA ORGANIZA RECONOCIMIENTO A PANCHO BARRIO

Parece que el Alcalde capitalino Marco Bonilla no ha perdido la brújula y hace unos días comentó en petit comité que sí reconocerá el legado de los “bárbaros del norte” y, especialmente, que el próximo sábado 5 de septiembre, a unas horas de haber dado su informe de gobierno, rendirá un homenaje a Francisco Barrio Terrazas, exalcalde de Juárez, exGobernador, exsecretario de estado, exdiputado y exembajador de México en Canadá, gran líder impulsor de la democracia en nuestro país.

Vale decir, con la seriedad que exige el periodismo, este no será un homenaje en vida. Barrio Terrazas falleció el pasado 29 de diciembre de 2025, a los 75 años, tras complicaciones derivadas de una cirugía cardiaca.

Que Bonilla decida rendirle tributo apenas ocho meses después de su muerte, y a unas horas de presentar su propio informe de gobierno, es también una jugada de calendario político, en la antesala de una elección estatal 2027 que se anuncia competida frente a Morena, y en la que el capital simbólico del panismo histórico —el de la resistencia civil— puede pesar en las urnas.

Desde el cabildo capitalino están ya corriendo los preparativos e invitaciones para este evento, en donde se develará un busto de Pancho Barrio y se pondrá su nombre a la parte del periférico que cubre el campus II de la Universidad Autónoma de Chihuahua; por lo menos hay tres momentos que conmemorar, me comentó Bonilla: Barrio egresó de la Facultad de Contaduría y Administración de la UACH, se cumplen 40 años del “verano caliente” de 1986, donde fue el gran líder, y tomó protesta como gobernador del estado en septiembre de 1992, hace ya 34 años.

Conviene recordar, para dimensionar lo que se conmemora, que el término “bárbaros del norte” no nació como elogio: lo acuñó el líder cetemista Fidel Velázquez para descalificar al movimiento neopanista que entonces se gestaba en Chihuahua, y que la clase política priista, con Manuel Bartlett al frente de la Secretaría de Gobernación, respondió activando toda la maquinaria del Estado para frenar el avance del PAN, que ya para 1983 había conquistado las alcaldías de Chihuahua capital, Ciudad Juárez, Hidalgo del Parral, Delicias y Camargo. El 6 de julio de 1986 el PRI declaró ganador a Fernando Baeza Meléndez sobre Francisco Barrio en lo que la historia registró como el “fraude patriótico”; la respuesta fue la huelga de hambre de 41 días que Luis H. Álvarez sostuvo en el Parque Lerdo, uno de los gestos de mayor peso moral en la política mexicana contemporánea. Barrio tendría que esperar hasta 1992 para ganar, por fin, la gubernatura, convirtiéndose en el primer mandatario estatal panista de la historia moderna de Chihuahua.

Han confirmado su asistencia al homenaje a Barrio figuras nacionales de la política, del mundo intelectual y académico, ex gobernadores y periodistas que conocieron de cerca las hazañas de los “bárbaros del norte”.

Hortensia Olivas de Barrio, sus hijas, su hijo y sus nietos estarán en este evento histórico.

Bien por Marco Bonilla, que ha demostrado feeling político y social; hay que recordar que el Alcalde hizo reconocimiento en vida a Mario de la Torre Hernández, presidente municipal que recuperó en 1988 los edificios de BANAMEX y BANCOMER para el patrimonio municipal, en acuerdo de Cabildo; cada 2 de julio quedó oficialmente instaurado como el “Día de la Lealtad Chihuahuense y Recuperación del Patrimonio Histórico”, el cual se celebra año con año.

Bonilla también, en reconocimiento al capitán del Grupo Chihuahua, puso el nombre de Eloy S. Vallina al edificio del antiguo banco COMERMEX, hoy convertido en oficinas municipales, donde despachan los regidores del Ayuntamiento chihuahuense.

Y hay que recordar a Don Luis H. Álvarez, luchador político panista de cuño que forjó una larga carrera por la democracia en México: Bonilla puso su nombre al Polideportivo, gran complejo deportivo emblema de su administración, y también al famoso anillo periférico Poniente 5, que será una obra de gran magnitud para la capital.

Honrar, honra. 

EL ADN DEL PAN Y SU CONVOCATORIA “A MODO”

Nada que argumentar en contra del ADN panista de mantener viva la democracia interna del partido para seleccionar a candidatos a puestos de elección popular, aunque queda clara la pertinencia del acuerdo por el cual el PAN decidió darle la bienvenida a eventuales candidatos externos; solo es lógicamente válida en donde no se tienen aspirantes propios de buen perfil. Por eso en Chihuahua Capital hay un desorden que parece discutirse solo en la cúpula: los panistas que no están en la nómina ya decidieron.

De acuerdo con los Estatutos Generales y el Reglamento de Selección de Candidaturas a Cargos de Elección Popular, el PAN tiene distintos métodos para elegir candidatos; cuenta con tres mecanismos principales, y la decisión sobre cuál aplicar corresponde, por lo general, a la Comisión Permanente del Consejo Nacional: 1) Votación de la militancia: el método tradicional, en el que los militantes del PAN votan directamente para elegir al candidato; 2) Elección abierta: aquí pueden participar ciudadanos en general, no solo militantes, y la Comisión Permanente Nacional puede autorizar este método cuando, por ejemplo, lo solicite un Consejo Estatal, una Comisión Permanente Estatal, la mayoría de los comités directivos municipales, según el tipo de elección, o se actualicen otros supuestos previstos en el Reglamento; y 3) Designación: el candidato no surge de una elección interna, sino de un acuerdo de la Comisión Permanente Nacional, en los casos previstos por los Estatutos y el Reglamento, entre ellos cuando un proceso interno es declarado nulo o en diversos casos excepcionales relacionados con la estrategia electoral, coaliciones o circunstancias previstas por la normativa interna.

El artículo 92, numeral 1, establece que los militantes del Partido elegirán a los candidatos a cargos de elección popular, salvo las excepciones y las modalidades previstas en los propios Estatutos; es decir, los otros dos métodos son excepcionales y están sujetos a modalidades.

Y con mayor claridad está el artículo 11, numeral 1, inciso c), de los propios Estatutos, que consagra como un derecho fundamental de la militancia el “votar y participar en las elecciones y decisiones del Partido”, lo que convierte la contienda interna en la base institucional natural de sus procesos.

El ADN del PAN es la democracia interna: la elección por la militancia es la regla, las alternativas son excepciones, la cúpula no tiene libre albedrío y, por tanto, el “dedazo” es extraordinario.

O de plano, al ritmo que va la división entre los simpatizantes de Jáuregui y De la Peña, quizá veamos por primera vez un proceso interno del PAN judicializado, que dejará en serios problemas a Marco Bonilla para ganar una elección estatal que será muy competida contra Morena.

CUANDO EL PAN SE EQUIVOCÓ: MIKE FERNÁNDEZ, LALO ROMERO Y MADERO.

Los líderes de los partidos políticos se han equivocado infinidad de veces en Chihuahua cuando han tratado de torcer reglamentos de elección, alterar encuestas e imponer su ley “porque el poder es para poder”; se han pagado consecuencias muy altas, sobre todo perder elecciones muy dolorosas, ya registradas en la historia política.

Conociendo el ADN panista de la capital, cientos de panistas que me he encontrado en las últimas semanas por las calles y restaurantes de esta capital ya han decidido quiénes serán sus candidatos; por lo menos lo tienen claro para la Gubernatura y para Chihuahua Capital. Por más encuestas y propaganda que sigan circulando, un año antes ya hay claridad en la tropa; quizá la duda solo esté en la cúpula, cegada en este momento por el llamado síndrome de Hybris.

Pero solo voy a recordar tres casos en la política contemporánea panista. En 1986, cuando en Chihuahua Capital era alcalde Luis H. Álvarez y los “bárbaros del norte” estaban en su clímax, una decisión cupular hizo perder competitividad en la elección a la presidencia municipal capitalina: los fuertes intereses del gran capital, encabezados por Miguel Fernández Iturriza, aplastaron la democracia interna del PAN y dejaron fuera de competencia para ese cargo al líder natural en ese momento, Guillermo Luján Peña. El candidato del PRI, el destacado político tricolor Mario de la Torre Hernández (QEPD), dio una cátedra de alta política y derrotó a “Miki”, quien desde entonces cambió su residencia a Ciudad Juárez. 

También recuerdo la “mea culpa” de Pancho Barrio, cuando apenas el año pasado recordamos el tema de los “guarachudos” contra la “Familia Feliz”: en 1998, ya al término de su gestión, en el gabinete estatal tanto Eduardo Romero, Secretario General de Gobierno, como Enrique Terrazas, Director de Desarrollo Económico y líder del DHIAC, manifestaron su interés por participar; esta división interna provocó que Ramón Galindo, avezado político juarense, ganara la elección interna del PAN y fuera el candidato a Gobernador, pero sufrió una estrepitosa derrota en las elecciones constitucionales ante el priista Patricio Martínez García.

Y el más reciente empecinamiento político, registrado apenas hace seis años, es aquel en el que era tan clara la simpatía de la alcaldesa Maru Campos entre los panistas para competir por la gubernatura que el gobernador Javier Corral y Gustavo Madero aún conservan un odio enfermizo que los llevó a enfrentar con todo y sin medida a la actual gobernadora.

A ese episodio vale la pena ponerle el desenlace que hoy conocemos y que en su momento nadie imaginó del todo: Javier Corral, panista durante más de 41 años y artífice de la “Operación Justicia para Chihuahua” contra el priista César Duarte, renunció al PAN el 9 de noviembre de 2023 acusando al partido de haberse vuelto “irreconocible frente a sus propios principios y valores éticos” tras su alianza con el PRI; un mes después se sumó al equipo de Claudia Sheinbaum y hoy es senador por Morena. Gustavo Madero, por su parte, presidente nacional del PAN de 2010 a 2015 y senador por Chihuahua, inició su carrera pública precisamente como director general de Planeación y Evaluación en el gobierno de Francisco Barrio Terrazas: dos hombres formados en la misma escuela panista.

Ese es el costo real, y no solo simbólico, de que “el poder sea para poder”: no se pierde nomás una elección, a veces se pierde también al propio cuadro.

El PAN que hará homenaje con orgullo a Pancho Barrio y a los “bárbaros del norte” haría bien en recordar que aquel movimiento nació, precisamente, para pelearle a una cúpula el derecho de la gente a decidir. Rendirle homenaje al fundador mientras se le da la espalda a su legado democrático, es una contradicción retórica, que a un año de la elección más competida que el panismo chihuahuense tendrá frente a Morena, tiene un alto riesgo político que el propio partido ya pagó tres veces.

Ahí está la historia, a ver en qué cierran las definiciones para la competencia electoral de 2027.

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