Chihuahua no puede frenar. Necesitamos condiciones para crecer.

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Por Jorge Cruz Camberos

2025 está dejando una señal clara: algo no está funcionando bien en el motor económico del país. La generación de empleos formales está en su punto más bajo en más de dos décadas —y eso, sin contar las crisis excepcionales como la pandemia o el colapso financiero de 2009.

El freno no viene de la casualidad, sino de la caída en la inversión. En el segundo trimestre del año, la inversión total bajó casi un 6%. La inversión pública retrocedió fuerte, algo predecible después del cierre de los grandes proyectos federales. Pero lo que debe preocuparnos —y ocuparnos— es que la inversión privada también se contrajo. Y ese es el verdadero motor de la economía.

Como empresario, lo veo todos los días: cuando hay incertidumbre, la inversión se pausa. Y cuando no hay inversión, no hay empleos nuevos, no hay innovación, no hay crecimiento.

Chihuahua tiene un potencial tremendo. Y no lo digo como slogan: lo veo en los emprendedores que siguen apostando, en las empresas que quieren expandirse, en las ideas que nacen en nuestros centros de innovación y universidades. Pero necesitamos algo más que talento: necesitamos condiciones.

Lo dijo hace poco Kristalina Georgieva, del FMI: en tiempos de incertidumbre global, lo peor que podemos hacer es dañarnos a nosotros mismos. En otras palabras: tenemos que quitarnos los obstáculos internos y apostar a crecer con inteligencia.

Creo que hay tres cosas claves que Chihuahua debe abrazar con urgencia:
• Confianza regulatoria: facilitar la inversión, simplificar trámites, dar claridad desde lo local.
• Seguridad jurídica: que las reglas del juego sean estables, especialmente en sectores clave como energía, infraestructura y tecnología.
• Visión compartida: sumar a la iniciativa privada, universidades y sociedad civil en un proyecto de largo plazo que ponga a Chihuahua en el mapa global.

No se trata de pedir que todo venga de afuera. Se trata de asumir nuestro papel como actores clave en el desarrollo. Porque cuando hay claridad, hay inversión. Y cuando hay inversión, hay empleo y futuro.

Es momento de encender la conversación sobre el rumbo económico que queremos. Porque si algo he aprendido en mi experiencia es que los grandes cambios no vienen solos: los empujan las comunidades decididas, los liderazgos que suman, y las ideas que unen.

Y en Chihuahua, de eso nos sobra.