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Chihuahua produce la leche; otros construyeron las marcas

Por Jorge Cruz Camberos

La verdadera oportunidad de la industria lechera de Chihuahua no está en producir más, sino en capturar más valor de lo que ya producimos. Chihuahua tiene una paradoja empresarial interesante.

Somos uno de los grandes productores de leche de México. En la región de Delicias se ordeñan diariamente cientos de miles de vacas y se ha construido durante décadas una de las cadenas agropecuarias más importantes del norte del país. Pero hay algo curioso.

Cuando un chihuahuense abre el refrigerador, es muy probable que la leche que encuentra haya sido producida aquí… aunque la marca que aparece en el envase no sea de Chihuahua. Ahí está la historia que vale la pena contar. Producimos. Otros comercializan. La cuenca lechera de Delicias concentra buena parte de la producción estatal y abastece a grandes compradores nacionales.

La leche sale del establo chihuahuense, entra a cadenas industriales y termina comercializada por compañías con capacidad de procesamiento, distribución y marca. Eso no tiene nada de malo. Es parte natural de una cadena agroindustrial moderna. Pero sí deja una pregunta empresarial sobre la mesa: ¿Cuánto del valor final de esa leche se queda realmente en Chihuahua? Porque producir la materia prima es solamente el primer escalón.

Después vienen procesamiento, empaque, logística, distribución, comercialización, innovación, productos derivados y, finalmente, la marca. Y conforme se avanza en esa cadena, normalmente aumenta también el valor económico.

La historia de Zaragoza

Durante años, Delicias tuvo además un símbolo del tamaño que alcanzó esta industria. El Establo Zaragoza llegó a ser presentado como uno de los complejos lecheros más grandes de Latinoamérica. Su operación terminó en 2024.

Pero más allá de lo ocurrido con una empresa específica, Zaragoza deja una lección interesante: incluso tener enormes capacidades productivas no garantiza construir empresas y marcas capaces de capturar todo el valor generado alrededor del producto. Y quizá ahí esté la siguiente oportunidad para Chihuahua.

Cuauhtémoc demuestra que sí se puede

Existe un contraste extraordinario dentro del mismo estado. Mientras buena parte de la leche producida en Chihuahua termina comercializada bajo marcas nacionales, en la región de Cuauhtémoc ocurrió algo diferente con el queso. Las comunidades menonitas no solamente aprendieron a producir leche. Aprendieron a transformarla. Después construyeron queserías. Y finalmente construyeron marcas. Sello de Oro, Clavel, Sicomoro y otras empresas lograron que el consumidor relacionara directamente un producto con su lugar de origen. Hoy decir “queso menonita de Chihuahua” tiene valor comercial.

Eso es mucho más que producción agropecuaria. Es propiedad intelectual, reputación, distribución y diferenciación. La siguiente frontera: agregar valor. Chihuahua no necesita demostrar que sabe producir leche. Eso ya lo demostró. El siguiente paso debería ser preguntarnos cómo convertimos esa capacidad productiva en más empresas locales, productos especializados, tecnología agroindustrial, quesos premium, proteínas, ingredientes, alimentos funcionales y marcas capaces de competir nacionalmente. Porque esta conversación no es solamente sobre leche. Es sobre el modelo económico de Chihuahua. Durante décadas hemos sido extraordinariamente buenos fabricando, cultivando, criando y produciendo para otros.

El siguiente salto consiste en algo más difícil: producir aquí, transformar aquí, innovar aquí y construir desde Chihuahua las marcas que capturen el valor final. Quizá el futuro de nuestra industria lechera no dependa de producir otro millón de litros. Dependa de cuánto valor somos capaces de construir alrededor de cada litro que ya producimos.

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