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La plata vuelve a buscar a Chihuahua, la pregunta es qué va a dejar esta vez

Por Jorge Cruz Camberos

En Parral hay familias que llevan tres generaciones viviendo de la minería. El abuelo trabajó en Santa Bárbara. El padre encontró empleo en San Francisco del Oro. Y hoy el hijo escucha hablar de un nuevo proyecto de plata que podría desarrollarse cerca de la ciudad. La diferencia es que la pregunta ya no debería ser solamente si habrá trabajo.

La pregunta es otra: ¿Qué va a quedar en Parral cuando la mina se termine?, Esa conversación importa porque la minería mexicana parece estar entrando en un nuevo ciclo de inversión. La Cámara Minera de México estima un crecimiento importante de la inversión durante 2026, impulsado, entre otras cosas, por los buenos precios del oro y la plata.

Chihuahua vuelve a aparecer en el mapa. Uno de los proyectos que más atención está generando es La Cigarra, de Kootenay Silver, ubicado a unos 26 kilómetros de Hidalgo del Parral. La empresa presentó una evaluación económica preliminar que contempla una inversión inicial cercana a los 332 millones de dólares y una vida potencial de operación de alrededor de 14 años.

Hay que decirlo con claridad: todavía es una evaluación preliminar. No estamos hablando de una mina que mañana vaya a empezar a operar pero precisamente por eso este es el momento correcto para hacernos las preguntas importantes.

Una mina es mucho más que una mina

Cuando escuchamos que puede llegar una inversión minera de cientos de millones de dólares, pensamos inmediatamente en empleos. Y sí, los empleos importan pero alrededor de una operación minera existe una economía mucho más grande: transporte, mantenimiento, maquinaria, servicios ambientales, seguridad, construcción, ingeniería, tecnología, alimentos, hospedaje y decenas de actividades más. Ahí está buena parte de la oportunidad. Porque Chihuahua puede elegir entre dos modelos.

El primero es el de siempre: llega la empresa, contrata gente, compra buena parte de sus insumos fuera de la región, extrae durante algunos años y eventualmente termina la operación. El segundo es mucho más interesante: utilizar esos años para construir empresas locales, formar técnicos, desarrollar proveedores y crear capacidades que puedan seguir generando riqueza incluso después de que la mina cierre. La riqueza no es solamente lo que sale de la mina. Es lo que se queda cuando la mina se acaba.

Parral puede convertirse en algo más grande

Parral tiene una ventaja que muchas regiones quisieran tener: más de un siglo de conocimiento minero acumulado. Hay trabajadores especializados. Hay ingenieros. Hay empresas que conocen la industria. Hay cultura minera. La oportunidad es convertir todo eso en un verdadero clúster de servicios especializados para la minería del norte de México. Eso significaría que una empresa de Parral no dependa solamente de una mina cercana. Podría darle mantenimiento a operaciones en Sonora, Durango, Zacatecas o incluso Estados Unidos. Podría vender ingeniería. Podría fabricar componentes. Podría desarrollar tecnología para ahorro de agua, automatización o seguridad. Ahí es donde una actividad extractiva empieza a convertirse en desarrollo económico.

Hay que empezar antes de que llegue la inversión

Uno de los errores más comunes es empezar a preparar proveedores cuando la mina ya está construyéndose. Para entonces muchos contratos ya fueron asignados. Gobierno, universidades y organismos empresariales deberían comenzar desde ahora a identificar qué empresas locales pueden entrar a esa cadena y qué certificaciones necesitan. Lo mismo con el talento.

Los tecnológicos y universidades de la región pueden desarrollar programas cortos ligados directamente a las necesidades de la industria: mantenimiento industrial, operación de maquinaria, geología aplicada, automatización y gestión ambiental. Cada técnico formado localmente es un salario que puede quedarse en la región. Cada proveedor local que logra integrarse es una empresa que puede crecer.

También hay límites que no debemos negociar

Hablar de inversión minera no significa ignorar el agua o el medio ambiente. Al contrario. En un estado como Chihuahua, esos temas deben estar en el centro de cualquier proyecto pero hay una diferencia enorme entre exigir reglas estrictas y mantener proyectos durante años en incertidumbre. Las empresas necesitan saber cuáles son las condiciones. Las comunidades necesitan saber cuáles son las obligaciones. Y el gobierno necesita asegurar que quien cumpla pueda avanzar y quien no cumpla, no opere. Reglas claras benefician a todos.

El verdadero indicador

Dentro de quince o veinte años quizá La Cigarra ya no esté operando. La pregunta será qué encontramos alrededor. ¿Más empresas locales?, ¿más ingenieros y técnicos?, ¿mejor infraestructura?, ¿una economía regional más diversificada?,¿o simplemente otro capítulo en la larga historia de minerales que salieron de Chihuahua sin transformar suficientemente a las comunidades que los produjeron?, Parral tiene frente a sí una oportunidad distinta. No solamente volver a ser una gran región minera. Sino utilizar la minería para construir algo que sobreviva a la mina. Porque al final, el verdadero desarrollo no se mide por cuánto sacamos del subsuelo. Se mide por cuánto logramos dejar arriba.

LEER MÁS: Lo que las estampitas del Mundial nos enseñan de negocio y Chihuahua no debería ignorar

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