Por Jorge Cruz Camberos
En tiempos electorales, todo se contamina. Hasta la seguridad. Si baja un delito, unos lo convierten en aplauso automático; si sube, otros lo usan como arma política. Y así, entre propaganda y grilla, se nos olvida lo más importante: la gente no quiere discursos, quiere poder vivir tranquila.
Por eso vale la pena dejar algo claro: los datos recientes sobre la baja en delitos de alto impacto en Chihuahua capital no deben leerse como un simple spot del Municipio. También están sostenidos en información que pasa por la Mesa de Seguridad y por el seguimiento de Fideicomiso para la Competitividad y Seguridad Ciudadana, el FICOSEC, un modelo ciudadano-empresarial que nació en Chihuahua para financiar, medir y evaluar acciones de seguridad y justicia. No es un partido, no es una campaña, no es un aplausómetro. Es justamente lo que más falta hace en México: una instancia que le meta evidencia a la discusión. (ficosec.org)
Y los números ahí están. En el comparativo 2025-2026 del primer trimestre, el homicidio doloso baja 5%. El robo a casa habitación con violencia cae 75%. El robo a casa habitación sin violencia se desploma 85%. El robo a negocio sin violencia baja 29%. Además, hay aseguramientos importantes de droga, armas y vehículos recuperados.
¿Eso significa que Chihuahua ya resolvió su problema de seguridad? No. Sería irresponsable decirlo. Pero también sería mezquino negar que hay avances sólo porque no le convienen al discurso de alguien.
Ese es justo el problema de la política mexicana: cuando un dato no embona con la narrativa, se ataca al dato. Aquí no debería importar quién capitaliza electoralmente una mejora. Debería importar cómo hacemos para que esa mejora dure, se profundice y llegue a más colonias, más familias y más negocios.
Porque la seguridad no es un tema de likes. Es la base de todo. Sin seguridad no hay inversión, no hay empleo, no hay vida nocturna, no hay ciudad disfrutable, no hay esperanza. Y una ciudad sin esperanza empieza a acostumbrarse a vivir encerrada. Eso también es fracaso.
Chihuahua necesita una política de seguridad que no cambie cada tres años según el eslogan en turno. Necesita continuidad, coordinación, inteligencia, prevención y evaluación. Y también necesita ciudadanía con carácter para reconocer avances sin dejar de exigir más.
Aquí no se trata de echar porras.
Se trata de no ser cínicos.
Si las cosas mejoran, se reconoce.
Si no alcanza, se aprieta.
Pero ya va siendo hora de que en Chihuahua defendamos una idea muy simple: la seguridad no se aplaude por propaganda; se defiende con resultados.
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