Chihuahua y el nuevo federalismo mexicano

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Por Jorge Cruz Camberos

El discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum esta semana deja una reflexión que va mucho más allá de la coyuntura política.

Más allá de las investigaciones que se desarrollan en Estados Unidos y de las tensiones diplomáticas entre ambos países, existe una realidad que México tendrá que enfrentar durante las próximas décadas: somos una nación extraordinariamente diversa que intenta resolver problemas distintos con soluciones uniformes y quizás ahí está el verdadero desafío.

México no es un sólo país. Es una federación de regiones con vocaciones económicas, retos sociales y realidades geográficas completamente diferentes.

No enfrenta los mismos desafíos Chiapas que Nuevo León.
No compite en las mismas industrias Sonora que Yucatán.
No tiene la misma relación con Estados Unidos Chihuahua que Oaxaca.

Sin embargo, seguimos operando bajo un modelo altamente centralizado donde gran parte de las decisiones financieras, de infraestructura, salud, seguridad y educación dependen de una sola visión nacional. Quizás llegó el momento de evolucionar. No para dividir al país. No para debilitar la unidad nacional sino para fortalecerla.

Las economías más exitosas del mundo han entendido que la descentralización genera innovación, competencia institucional y gobiernos más eficientes. Estados como Texas, Baviera o Alberta han construido ventajas competitivas propias dentro de sus respectivos países, sin poner en riesgo la unidad nacional.México podría recorrer un camino similar.

Un nuevo pacto fiscal permitiría que los estados retengan una mayor proporción de la riqueza que generan, acompañada de mayores responsabilidades y mecanismos de rendición de cuentas.

La discusión ya no debería ser cuánto recibe cada estado. La discusión debería ser cómo generar más riqueza regional y cómo permitir que cada región diseñe estrategias acordes a su realidad. Imagino un México organizado en grandes regiones económicas capaces de coordinar políticas de infraestructura, logística, energía, educación técnica, salud y atracción de inversiones.

Regiones que compitan entre sí para generar prosperidad. Regiones que colaboren entre sí para fortalecer al país. Regiones conectadas por un mercado interno más dinámico, donde el intercambio de talento, inversión y conocimiento fluya con mayor libertad.

Porque la verdadera competencia de Chihuahua no es Coahuila ni Jalisco. La verdadera competencia está en Texas, Arizona, Carolina del Norte, Vietnam, Polonia o India y ahí es donde Chihuahua tiene una ventaja única.

Nuestra ubicación geográfica nos coloca en una posición estratégica que ninguna otra región del país posee. Miles de familias viven de cadenas productivas binacionales. Nuestra industria manufacturera, aeroespacial, automotriz y tecnológica depende de una integración profunda con Norteamérica. Por eso Chihuahua debe mantener una relación institucional sólida, permanente y pragmática con Estados Unidos, independientemente de los ciclos políticos nacionales.

No es un tema ideológico. Es un tema económico. Es un tema de empleo. Es un tema de competitividad. Las fronteras no sólo separan países. También conectan economías, culturas y oportunidades.

Mientras México discute su futuro político, Chihuahua debe seguir construyendo su futuro económico.Debemos fortalecer nuestra capacidad de decisión regional. Debemos exigir más responsabilidad, pero también más autonomía. Debemos pensar como estado líder y actuar como una región capaz de competir con las mejores del mundo.

Porque los desafíos del futuro ya no se resolverán únicamente desde la Ciudad de México. Se resolverán desde regiones capaces de generar talento, atraer inversión, construir infraestructura, innovar y asumir mayor responsabilidad sobre su propio destino.

Chihuahua tiene la ubicación, el talento, la capacidad industrial y el capital social para convertirse en una de esas regiones líderes. No se trata de separarnos. Se trata de fortalecernos. No se trata de ser menos mexicanos. Se trata de construir un México más competitivo, más moderno y más preparado para el mundo que viene.

El siglo XX fue el siglo del centralismo. El siglo XXI será el siglo de las regiones. Y Chihuahua debe estar lista para liderarlo.

Porque el futuro de México no se construirá desde un sólo escritorio. Se construirá desde la fuerza de sus regiones.

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