Por Jorge Cruz Camberos
Hace algunos años era común escuchar que el siguiente paso después de terminar una carrera, conseguir trabajo o casarse era tener hijos. Hoy ya no.
Una parte importante de la Generación Z está tomando decisiones distintas. No porque no les gusten los niños. No porque no crean en la familia. Simplemente porque viven en un mundo diferente.
Un mundo donde comprar una casa parece más difícil que para sus padres. Donde el costo de la educación, la salud y la vivienda sigue creciendo. Donde la incertidumbre económica es una constante y donde las prioridades personales también han cambiado.
Por eso cada vez vemos más jóvenes que deciden retrasar la maternidad o la paternidad. Algunos incluso optan por no tener hijos pero hay algo interesante. No están renunciando al afecto, al cuidado o al sentido de pertenencia, lo están canalizando de otra manera, a través de sus mascotas.
Hoy millones de jóvenes consideran a sus perros y gatos como parte de la familia. Les celebran cumpleaños. Contratan seguros médicos. Pagan guarderías, entrenadores, paseadores y alimentos premium.
Lo que antes era una industria de alimento para mascotas se está convirtiendo en toda una economía yeso nos lleva a una pregunta mucho más profunda:
¿Qué pasa cuando una sociedad tiene menos hijos? La respuesta tiene implicaciones enormes. Menos nacimientos significan menos estudiantes en el futuro. Menos jóvenes entrando al mercado laboral. Menos personas generando impuestos y eventualmente una mayor presión sobre los sistemas de pensiones y salud.Países como Japón, Corea del Sur, Italia y Alemania ya enfrentan este desafío.
La disminución de la población no es únicamente un tema demográfico. Es un tema económico.
Porque el crecimiento de una región depende, en buena medida, de su capacidad para generar talento, innovación y productividad.
Sin personas, no hay economía. Sin nuevas generaciones, no hay relevo pero tampoco podemos quedarnos atrapados en la nostalgia. La realidad es que las nuevas generaciones están redefiniendo lo que significa construir un hogar y los mercados ya lo entendieron.
La industria global de mascotas crece más rápido que muchos sectores tradicionales. Aparecen hoteles pet friendly, cafeterías, seguros especializados, aplicaciones de cuidado animal y desarrollos inmobiliarios diseñados para quienes viven con mascotas.
Detrás de una fotografía de Instagram con un perro usando sombrero de cumpleaños existe una transformación social mucho más profunda. Quizá la conversación no debería ser por qué los jóvenes tienen mascotas en lugar de hijos.
La verdadera pregunta es qué condiciones debemos construir como sociedad para que quienes sí quieran formar una familia puedan hacerlo sin que parezca una decisión económicamente imposible.
Porque el reto no es convencer a una generación de cambiar. El reto es entenderla y construir ciudades donde haya espacio para todas las formas de familia que están surgiendo. Incluso las que vienen acompañadas de cuatro patas.
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