La revisión del T-MEC, los cambios regulatorios y las condiciones internas del país marcarán las decisiones de inversión hacia 2027. Aunque la integración comercial abre oportunidades para las empresas mexicanas, la percepción de incertidumbre continúa siendo uno de los principales desafíos para atraer capital.
México se encuentra ante una coyuntura decisiva para su desarrollo económico. La reconfiguración de las cadenas de suministro de América del Norte, la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y la búsqueda de nuevos proveedores regionales abren oportunidades para fortalecer la producción nacional y atraer inversiones. Así como aprovechar este escenario dependerá de algo más que las ventajas comerciales: las empresas también necesitarán condiciones internas que les permitan operar, crecer y desarrollar proyectos de largo plazo.
De cara a 2027, las reglas de origen del T-MEC, los ajustes fiscales, las disposiciones aduaneras y los cambios laborales formarán parte de las decisiones estratégicas de las compañías. El desafío será mantener la competitividad regional sin generar costos adicionales que reduzcan el atractivo de México como destino de inversión. Esta tensión quedó reflejada en las perspectivas de representantes de la industria y en las expectativas de especialistas consultados por el Banco de México. La oportunidad de fortalecer la integración productiva existe, pero la confianza empresarial dependerá de la capacidad del país para ofrecer certidumbre y condiciones competitivas.
El T-MEC: una oportunidad para fortalecer la proveeduría nacional
La revisión del acuerdo comercial representa uno de los principales factores que influirán en las decisiones de inversión de los próximos años. Las reglas de origen, que determinan qué proporción de los productos debe fabricarse en América del Norte para acceder a los beneficios arancelarios del tratado, podrían adquirir mayor relevancia durante las negociaciones previstas para 2027.
Kenneth Smith, presidente del Comité Empresarial Bilateral del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (COMCE), advirtió sobre la importancia de evitar que un endurecimiento excesivo de estos requisitos provoque una pérdida de inversiones en sectores estratégicos, particularmente en la industria automotriz. El objetivo, señaló, debe ser fortalecer la integración productiva de América del Norte sin imponer condiciones que eleven los costos de fabricación o reduzcan la competitividad de las empresas.
La experiencia del tránsito del TLCAN al T-MEC mostró que las modificaciones en las reglas comerciales también pueden convertirse en detonantes de inversión. La necesidad de cumplir con mayores requisitos regionales impulsó la instalación y expansión de operaciones productivas en México, en un fenómeno identificado como T-MEC shoring. Para Francisco González, presidente de la Industria Nacional de Autopartes (INA), el siguiente paso consiste en ampliar los beneficios de esa integración hacia un mayor número de empresas mexicanas.
La cadena de proveeduría automotriz todavía enfrenta el reto de incorporar más pequeñas y medianas empresas a sus distintos niveles de producción. Para conseguirlo, será necesario fortalecer sus capacidades técnicas, facilitar certificaciones, mejorar el acceso al financiamiento y desarrollar sistemas de trazabilidad que permitan comprobar el origen de los componentes. De esta manera, la revisión comercial podría representar una oportunidad para ampliar la participación de proveedores nacionales y fortalecer el contenido regional de los productos manufacturados en México.
La certeza interna también define las inversiones
Las condiciones comerciales no son el único factor que influye en la llegada de capital. Las empresas también necesitan estabilidad en las disposiciones que regulan sus operaciones, particularmente cuando desarrollan proyectos que requieren inversiones importantes y periodos prolongados para recuperar recursos.
Francisco González señaló que los cambios fiscales, aduaneros y laborales forman parte de las preocupaciones del sector industrial, debido a su posible impacto en la planeación y operación de las compañías. Esta preocupación coincide con las expectativas de inversión de los especialistas consultados por el Banco de México en octubre de 2026. Apenas 13% consideró que era un buen momento para que las empresas invirtieran en el país, mientras que 39% identificó un escenario desfavorable y 47% manifestó no estar seguro.
La distribución de las respuestas mostró que la incertidumbre predominaba sobre el optimismo. Aunque la percepción mejoró respecto a septiembre, cuando 46% consideraba que era un mal momento para invertir, la proporción de especialistas que identificaba condiciones favorables continuó siendo reducida. Entre los factores que podrían obstaculizar el crecimiento económico durante los siguientes seis meses destacaron la política de comercio exterior y la inseguridad pública, ambos con 15% de las respuestas. Les siguieron la ausencia de cambio estructural en México, con 11%, y la falta de Estado de derecho, con 8%.
Al agrupar las respuestas, los factores relacionados con la gobernanza concentraron 38%, por encima de las condiciones externas, con 33%, y las condiciones económicas internas, con 23%. Estos resultados muestran que la competitividad de México no depende exclusivamente de su relación comercial con Estados Unidos y Canadá. También requiere instituciones capaces de ofrecer reglas claras, seguridad y condiciones que favorezcan la actividad productiva.
Competencia y seguridad: los desafíos para hacer negocios
La percepción sobre las condiciones para desarrollar actividades empresariales también refleja obstáculos estructurales. En la encuesta del Banco de México, el crimen concentró 24% de las menciones entre los principales problemas para hacer negocios, seguido por la falta de Estado de derecho, con 22%, y la corrupción, con 20%. A estos factores se suma la percepción sobre la competencia en los mercados nacionales. Los especialistas otorgaron una calificación promedio de 3.18 puntos, en una escala de uno a siete, a las condiciones de competencia como factor que obstaculiza el crecimiento económico.
En la evaluación de la intensidad competitiva de los mercados, el promedio fue de 2.95 puntos. En esta medición, las calificaciones más bajas representan una menor intensidad de competencia. Los sectores donde se identificaron mayores problemas por ausencia o bajos niveles de competencia fueron petróleo, gasolina y gas, con 31% de las respuestas; electricidad, con 29%, y telecomunicaciones e internet, con 14%. La concentración de estas respuestas en actividades estratégicas permite observar que la competitividad también depende de las condiciones de acceso a insumos, energía, infraestructura y servicios esenciales para producir.
Una oportunidad que exige condiciones para crecer
México cuenta con una posición estratégica dentro de América del Norte y con oportunidades para ampliar su participación en las cadenas regionales de valor. La revisión del T-MEC podría impulsar una mayor integración de proveedores nacionales, atraer nuevas operaciones y fortalecer sectores industriales con capacidad exportadora.
Sin embargo, las oportunidades comerciales no se traducirán automáticamente en nuevas inversiones. Las empresas deberán encontrar un entorno que combine reglas comerciales equilibradas, certidumbre jurídica, seguridad, competencia y acceso a infraestructura y financiamiento. El reto hacia 2027 consistirá en convertir las ventajas geográficas y comerciales del país en condiciones reales para producir, innovar y generar empleos de mayor valor agregado. La inversión necesita confianza para llegar, pero también necesita condiciones para permanecer y crecer. En esa ecuación, el T-MEC puede abrir nuevas puertas para México; la competitividad interna determinará cuánto podrá aprovechar el país de ellas.
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