Por Jorge Cruz Camberos
Mientras en Chihuahua seguimos atrapados en la conversación de siempre —industria, obra, grilla, la agenda del día y el siguiente pleito político— en Estados Unidos, Donald Trump acaba de acelerar una discusión que suena rara, pero que en el fondo es enorme: terapias psicodélicas para tratar depresión, PTSD y adicciones. Lo hizo con orden ejecutiva, con reflectores, con Joe Rogan al lado y con el mensaje de que este tema ya dejó de ser marginal.
Aquí muchos se van a quedar en la anécdota. Error.
Porque esto no se trata sólo de LSD, ibogaína o de si a alguien le parece una locura. Se trata de entender que el mundo de la salud está cambiando. Y cuando cambia la salud, cambian también la investigación, el talento, la inversión, los congresos, la formación médica, los servicios especializados y las ciudades que se atreven a llegar primero.
La pregunta incómoda para Chihuahua es otra: ¿por qué seguimos sin tomarnos en serio la idea de construir un Clúster de Salud?
Sí hablamos de manufactura avanzada. Sí hablamos de nearshoring. Sí hablamos de competitividad. Pero cuando toca hablar de salud, nos comportamos como si fuera un tema administrativo y no una oportunidad estratégica. Como si no hubiera espacio para vincular hospitales, universidades, investigación, salud mental, tecnología médica, aseguradoras, formación de talento y servicios de alto valor.
Y eso ya se ve viejo.
Chihuahua no parte de cero. El estado ya cuenta con infraestructura específica de atención en salud mental y adicciones, y en 2025 reportó una baja de 12.72% en suicidios, con una red de 10 Cecosama y 2 Cisame. Es decir: hay base institucional, hay problema público y hay espacio para pensar en algo más ambicioso que sólo administrar el día a día.
Lo que falta no es necesidad. Lo que falta es visión.
Ya deberíamos estar empujando una mesa seria para darle forma a un Clúster de Salud Chihuahua. Vincular a actores como TecSalud, hospitales locales, universidades, especialistas, empresarios, aseguradoras, gobierno y centros de investigación. No para echar rollo. Para construir agenda.
Y esa agenda tendría que arrancar con algo muy concreto: organizar en Chihuahua un congreso potente sobre salud, innovación médica y salud mental de frontera.
Un congreso de verdad. Con dato, con nivel, con gente que sepa. Donde se hable de salud mental, adicciones, investigación clínica, turismo médico, talento, tecnología médica, regulación y oportunidades de inversión. Donde empecemos a hilar estadísticas, capacidades y apuestas. Donde dejemos de reaccionar tarde a lo que ya se está moviendo afuera.
Porque ese es otro problema local: aquí nos encanta llegar cuando la tendencia ya se volvió industria en otra parte.
Trump abrió una conversación por razones políticas, mediáticas y médicas. Perfecto. Que ellos la hayan abierto no significa que nosotros tengamos que verla como espectáculo. Significa que Chihuahua debería usar esa nota como pretexto para hacer algo más inteligente: empezar a construir una posición propia en el futuro de la salud.
Si de verdad queremos una ciudad más competitiva, más humana y con mayor calidad de vida, ya no basta con atraer fábricas. También hay que atraer conocimiento, medicina, prevención, investigación y soluciones para una sociedad cada vez más golpeada por el estrés, el trauma y las adicciones.
La salud también es desarrollo económico.
Y si Chihuahua quiere jugar en serio en el futuro, más le vale entenderlo antes de que otra ciudad nos vuelva a ganar la idea.
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