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Cuando tener hijos deja de ser la norma: lecciones de China y cómo México puede pensar distinto

En 2025, China anunció una caída histórica en su tasa de natalidad. Con apenas 5.63 nacimientos por cada 1,000 personas, el dato más bajo desde 1949, el gigante asiático enfrenta una realidad demográfica compleja: la población disminuyó por cuarto año consecutivo. A pesar de haber eliminado su política del hijo único en 2015, las cifras siguen en picada, y el gobierno recurre a incentivos como subsidios, guarderías y hasta impuestos polémicos (sí, hasta gravar condones) en un intento por “reencender” los nacimientos. El resultado: respuestas mixtas y retos gigantescos para un país que durante décadas contó con una fuerza laboral enorme.

Este escenario no es exclusivo de China. Es una tendencia mundial que obliga a repensar cómo valoramos la familia, la maternidad y la paternidad en el siglo XXI.

Comparación México vs China en natalidad/tasa de nacimientos recientes.

El espejo mexicano: ya no somos la excepción

México, tradicionalmente un país con familias grandes, también está experimentando una transformación demográfica profunda.

En las últimas décadas la tasa de fecundidad ha caído drásticamente, pasando de más de 6 hijos por mujer en los años 70 a aproximadamente 1.6 hijos por mujer en 2023 —muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de alrededor de 2.1.

En 2024 se registraron 1.67 millones de nacimientos, con una tasa de nacimientos por mujer en edad fértil que continúa decreciendo.

Factores económicos, laborales y sociales —como la búsqueda de estabilidad antes de formar familia, la precariedad laboral, el costo de vivienda, o la falta de redes de apoyo— juegan un papel central en esta decisión.

Es decir: México no sólo se acerca a las “bajas tasas de nacimiento” del mundo desarrollado, sino que ya está ahí. Y eso tiene consecuencias directas sobre el mercado laboral, la seguridad social, la economía y el tejido social mismo.

Entonces, ¿cómo fortalecemos la familia en México? Ideas que pueden marcar la diferencia

Más allá de cifras, estadísticas o políticas aisladas, lo que requiere el país es una visión integral que haga viable, deseable y sostenible la decisión de formar una familia. Aquí algunas ideas frescas y relevantes para México:

  1. Programas con visión humana, no solo económica

En lugar de incentivos que se sientan fríos (como deducciones fiscales aisladas), las políticas deben apoyar la vida familiar desde lo cotidiano:
Subsidios directos para el cuidado infantil
Guarderías públicas y flexibles, cercanas a centros laborales
Licencias de paternidad y maternidad amplias para ambos padres
Educación pública sobre crianza positiva y corresponsabilidad

Estos apoyos ayudan a que tener hijos no signifique “elegir entre trabajar o cuidar”.

  1. Entender la decisión de tener hijos como parte de la calidad de vida

La natalidad no se resuelve únicamente con dinero: responde también a percepciones de bienestar:

¿Hay seguridad en las calles?
¿Puedo soñar con el futuro de mis hijos?
¿Tengo acceso a salud, educación y tiempo para estar con mi familia?

Invertir en cuidado infantil, atención de la salud mental, y educación accesible y de calidad se traduce en mayor confianza para proyectar una familia a largo plazo.

  1. Incentivos inteligentes inspirados en experiencias globales

En varios países europeos, incentivos tangibles como pagos por hijo, beneficios fiscales reales, subsidios hasta cierta edad y guarderías universales han impactado positivamente las decisiones familiares. México puede tomar lecciones útiles sin copiar modelos que no encajen con nuestra cultura o economía.

  1. Reforzar redes comunitarias y valores familiares

Complementar políticas públicas con iniciativas ciudadanas —por ejemplo, espacios comunitarios de apoyo a padres, mentoría entre generaciones, y programas escolares que involucren a las familias— ayuda a crear un ambiente cultural que valore la familia como núcleo de bienestar y desarrollo.

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Una reflexión con sabor mexicano

La baja natalidad en China —y ahora en México— nos invita a un ejercicio más profundo: no se trata solo de revertir tendencias con incentivos aislados, sino de reimaginar lo que significa ser familia hoy.

Una familia fuerte no es solo aquella con más hijos, sino aquella con apoyo social, económico y emocional real. Una familia unida no se construye con cifras o decretos, sino con políticas que respeten el proyecto de vida de cada persona y que reconozcan que tener hijos es una decisión personal y vital, influida por condiciones sociales y económicas.

En un México donde cada vez menos jóvenes se animan a tener hijos, pensemos en políticas que no solo fomenten la natalidad, sino que fortalezcan los lazos, dignifiquen la vida familiar y ajusten el entorno para que decidir tener una familia sea un acto de alegría, esperanza y responsabilidad compartida.

Porque la familia no solo forma parte del corazón de México: es parte de su futuro económico, social y cultural.