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México no crece por falta de inversión… y de confianza

Por Jorge Cruz Camberos

Hace unos días The Economist fue claro: el proyecto de la izquierda en México empieza a mostrar signos de desgaste. No por ideología, sino por resultados. Crecimiento bajo, inversión contenida y un Estado que no termina de generar confianza.

Casi en paralelo, la presidenta Claudia Sheinbaum convocó a ocho economistas para responder una pregunta clave: ¿por qué México no crece? La respuesta fue directa y técnica: sin un alza sostenida de la inversión, pública y privada, el país seguirá atrapado en la trampa del bajo crecimiento.

Ambos diagnósticos coinciden. México no carece de talento, mercado o ubicación estratégica. Carece de certeza, de Estado de Derecho efectivo y de una señal clara hacia quienes invierten, innovan y generan empleo. La inversión privada entró en “modo de espera”. Y cuando el capital espera, el desarrollo también.

El nearshoring es una oportunidad histórica, pero no automática. Sin energía suficiente, infraestructura, seguridad y reglas claras, la oportunidad se diluye. La política social, sin productividad, no genera movilidad social sostenible. El crecimiento no se decreta.

Pero no todo depende del Gobierno federal. Los estados pueden y deben liderar.

Qué podemos hacer desde Chihuahua

Primero, certeza local total. Simplificación regulatoria, respeto a contratos, tiempos claros y seguridad jurídica. Chihuahua debe ser sinónimo de confianza para invertir.

Segundo, Chihuahua Futura como eje de un nuevo Pacto de Desarrollo y Prosperidad. La colaboración entre empresarios, Gobierno y academia no puede quedarse en el discurso. Chihuahua Futura debe consolidarse como el espacio permanente donde se construya una visión compartida de largo plazo, ajena a ciclos políticos, enfocada en productividad, innovación, formación de talento técnico y atracción de inversión de alto valor agregado.
Un pacto donde cada quien asuma su responsabilidad: el sector privado invierte y arriesga capital; la academia forma talento e innova; el Gobierno garantiza reglas claras, infraestructura y seguridad. Cuando este pacto es real, el crecimiento deja de depender del sexenio y se vuelve estructural.

Tercero, inversión pública estratégica. Menos dispersión y más enfoque en infraestructura, energía, agua y seguridad. Eso sí detona inversión privada y empleo bien pagado.

México necesita crecer, pero Chihuahua puede liderar el cómo. Chihuahua Futura es el vehículo para pasar del diagnóstico a la acción y construir un nuevo Pacto de Desarrollo y Prosperidad con metas claras, indicadores públicos y compromisos reales.

El reto está sobre la mesa. El pacto es el acuerdo. Chihuahua Futura es el camino. El momento es ahora.