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Santiago De la Peña: el operador que ya juega en otra liga

Cuando la política deja de ser discurso

Con la presencia de Jorge Treviño, presidente de Coparmex Chihuahua, y Gilberto Sánchez, vicepresidente delegado del eje Estado Democrático y de Derecho, Santiago De la Peña sostuvo un encuentro que dejó claro que el diálogo entre gobierno y sector empresarial ya no gira sólo en torno a coyunturas, sino a visión de largo plazo.

En Chihuahua hay funcionarios que administran… y hay otros que ya están construyendo futuro. Santiago De la Peña pertenece claramente al segundo grupo. Su paso por el servicio público no ha sido el de un burócrata, sino el de un operador que entiende que la política moderna se mide en resultados, estructura y visión de largo plazo.

Formado fuera del estado y con experiencia directa en el corazón del poder federal, De la Peña regresó a Chihuahua con algo que pocos traen de vuelta: método, disciplina y una comprensión real de cómo funciona el Estado cuando se gobierna en serio.

Un perfil que no se improvisa

Abogado, con especialización en derecho urbano y administración pública, Santiago De la Peña ha estado donde se toman decisiones que cambian ciudades, no únicamente discursos. Desde procesos de compra pública hasta planeación territorial y gestión financiera, su carrera se ha construido en áreas donde el margen de error no existe.

Eso explica por qué, dentro del actual gobierno estatal, se ha convertido en una de las piezas clave para traducir visión política en políticas públicas que sí se ejecutan. En tiempos donde la confianza en las instituciones se ha erosionado, su perfil técnico ha sido una de las columnas que sostienen la credibilidad del proyecto de Maru Campos.

Resultados que se pueden medir

Uno de los ejemplos más claros de esta lógica de gobierno es el sistema de transporte de Ciudad Juárez. Lo que antes era una promesa rota por años, hoy opera con rutas, unidades modernas y millones de viajes que reflejan algo que en la política mexicana escasea: cumplimiento.

En un país donde muchas obras quedan en renders, este tipo de proyectos funcionan como una carta de presentación que no necesita adjetivos.

No es una frase para el aplauso fácil. Es una declaración de reputación. En una clase política saturada de señalamientos, ese tipo de definición no es menor: es una línea que separa a los que sobreviven de los que aspiran.

Cuando alguien ya piensa como estadista

Santiago De la Peña no habla como alguien que está de paso. Habla como alguien que entiende que la política, en su nivel más alto, no es ideología ni espectáculo: es administración del poder, del dinero y del futuro de millones de personas.

Y cuando un perfil técnico se combina con visión política, disciplina y resultados comprobables, deja de ser sólo un funcionario. Empieza a convertirse en una figura que el estado entero tiene que observar.

Porque en Chihuahua, el que sabe ejecutar… siempre termina jugando en otra liga.

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