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Chihuahua ante la ola de IA: cómo prepararse desde lo local

Por Jorge Cruz Camberos

La inteligencia artificial dejó de ser tema de conferencias y se convirtió en variable económica. En las últimas semanas, las alertas sobre riesgos y efectos secundarios han venido incluso desde dentro de las empresas que están desarrollando esta tecnología: presiones por crecer más rápido que las salvaguardas, debates internos sobre monetización y uso, y preocupación por impactos laborales. Ese “ruido global” importa, pero en Chihuahua la pregunta práctica es inmediata: qué decisiones locales pueden convertir la disrupción en ventaja competitiva sin romper la movilidad social.

Chihuahua parte con fortalezas: base manufacturera exportadora, cultura de productividad, talento técnico y una red empresarial con capacidad de coordinación. También carga vulnerabilidades: brechas educativas, rezagos en salud y seguridad, y un mercado laboral donde una parte importante vive al límite. En un entorno así, la IA puede acelerar dos historias opuestas: más productividad con mejores salarios, o polarización y crecimiento de la informalidad.

1) Habilidades primero: el nuevo “piso mínimo” laboral

El principal cuello de botella no es la tecnología; es la adopción. La ruta local más efectiva es un programa masivo de habilidades aplicadas. No se trata de “programar”, sino de aprender a trabajar con herramientas: automatización de tareas, análisis básico de datos, ventas y servicio apoyados por IA, control de calidad, mantenimiento y robótica, además de ciberhigiene. El diseño debe ser corto, certificable y conectado a vacantes reales, con participación de universidades, educación técnica, empresas y organismos.

2) Gobierno municipal: IA para trámites, inspección y servicio

La digitalización tradicional avanzó lento; la IA permite un salto, pero solo si se usa para resolver fricciones concretas: reducción de tiempos de trámites, mejor gestión de reportes ciudadanos, inspecciones más consistentes, y mejora de procesos internos. El requisito central es la confianza: reglas claras de datos, auditoría y transparencia de proveedores y resultados. Sin eso, la IA termina siendo una “caja negra” que empeora la percepción pública y eleva el riesgo de abuso.

3) PYMES: evitar que la productividad se concentre

Las grandes empresas adoptarán IA por presión competitiva. El punto crítico está en la pequeña y mediana empresa: comercio, servicios, talleres, restaurantes, despachos. Ahí se sostiene la clase media. Un enfoque local viable es un “kit de adopción” por giro: herramientas legales y accesibles, plantillas de procesos, capacitación práctica y acompañamiento corto para implementación. La meta no es sofisticación, es productividad inmediata: menos retrabajo, mejor inventario, mejor cobranza, mejor servicio.

4) Empleo: reconversión antes de la crisis

La IA no elimina “empleos” de golpe; elimina tareas, y reordena funciones. Donde no hay capacitación, el ajuste se vuelve despido; donde sí la hay, se vuelve promoción. Por eso la reconversión debe llegar primero a los segmentos más expuestos: administrativos repetitivos, atención al cliente, tareas operativas con alto componente manual o de registro. Programas de transición con microcredenciales y colocación pueden ser más efectivos que subsidios reactivos.

5) La oportunidad: Chihuahua industrial + tecnológico + humano

El objetivo no es “ser Silicon Valley”. Es que una economía industrial como Chihuahua mantenga competitividad global mientras sube el bienestar local. La IA puede ser palanca de exportación, atracción de inversión y sofisticación de proveeduría, pero solo si el capital humano se mueve al mismo ritmo.

La conclusión es directa: la ola de IA no se detiene con discursos. Se administra con habilidades, instituciones y adopción productiva. En Chihuahua, la ventaja comparativa no será “tener IA”, sino organizar a la ciudad para usarla mejor que los demás, sin dejar gente atrás.