Por Martín Zermeño
INICIA PROCESO ELECTORAL, ¿ELECCIONES SIN DEMOCRACIA?
Estamos a ocho meses de las elecciones de 2027, un proceso en el que se juega la libertad de los mexicanos. Bajo el nuevo régimen, Morena ha cooptado todos los espacios institucionales, ha desaparecido a los organismos autónomos y ejerce presión sobre los pocos actores que todavía se atreven a denunciar la corrupción y los excesos del poder. Ya no hay contrapesos.
Sin máscaras, los operadores del régimen avanzan hacia lo que perfila ser un Estado autoritario: una autocracia construida desde un movimiento social que capitalizó el descontento popular para instalarse en el poder y desmantelar, de manera gradual, las instituciones y leyes diseñadas para garantizar la rendición de cuentas y los equilibrios básicos de cualquier país democrático.
El Proceso Electoral Federal 2026-2027 inició formalmente el jueves 10 de septiembre, con una ceremonia cívica y una sesión extraordinaria del Consejo General del INE. Pero en la política real mexicana, la batalla ya está en marcha.
El próximo 6 de junio no solo se renovará la Cámara de Diputados: estará en juego una parte importante del mapa político nacional y, con ella, la capacidad de Morena y sus aliados para mantener el control legislativo frente a una oposición que necesita recuperar terreno si pretende modificar la correlación de fuerzas.
De acuerdo con el INE, el proceso concurrente contempla la renovación de más de 19 mil cargos federales y locales: 17 gubernaturas, mil 98 diputaciones locales, 18 mil 57 cargos en ayuntamientos y 437 cargos adicionales entre sindicaturas, regidurías, juntas municipales y otros puestos de gobierno local.
Los 500 escaños de San Lázaro serán el principal objetivo de una contienda que se extenderá a las entidades federativas: 300 diputaciones de mayoría relativa y 200 de representación proporcional definirán la composición de la Cámara de Diputados.
Para Morena, el reto será demostrar que la fuerza electoral que le permitió conquistar la Presidencia y mantener una posición dominante en el Congreso sigue intacta.
El problema para el partido gobernante es que una cosa es ganar elecciones y otra muy distinta mantener cohesionada una estructura política que inevitablemente empieza a mirar hacia las siguientes sucesiones. Las disputas por candidaturas, posiciones, alianzas y espacios de poder se han convertido en su principal riesgo: ya hay fracturas en varias regiones del país, y es visible la demostración de fuerza entre los grupos simpatizantes del expresidente López Obrador y los alineados con la presidenta Sheinbaum.
La oposición, en cambio, enfrenta una severa crisis de liderazgo. PAN, PRI y Movimiento Ciudadano, cada uno con estrategias distintas, necesitan demostrar que pueden competir electoralmente más allá de sus discursos contra Morena. Recuperar diputaciones federales, ganar gobiernos estatales y aumentar su presencia en congresos y ayuntamientos será indispensable para evitar que 2027 se convierta en otra jornada de predominio morenista.
Las entidades que tendrán elección el 6 de junio de 2027 son: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.
En entidades como Sinaloa existe un hartazgo evidente por la impunidad y la descarada narcopolítica, que la sociedad manifestó el domingo pasado con una multitudinaria marcha por la paz.
Los ciudadanos siguen enfrentando problemas concretos de seguridad, empleo, salud, educación y economía, mientras la clase política corre el riesgo de convertir cada decisión de gobierno en un cálculo electoral.
Desde hoy vemos encuestas, posicionamientos, negociaciones, alianzas y aspirantes buscando colocarse en la primera línea.
En ese escenario, el Instituto Nacional Electoral tendrá una responsabilidad que va mucho más allá de instalar casillas: deberá garantizar que una elección de esta magnitud se desarrolle bajo reglas claras, con fiscalización efectiva y condiciones de competencia que permitan que el voto ciudadano sea el verdadero factor de decisión.
La elección de 2027 será, en buena medida, un plebiscito sobre la capacidad de Morena para conservar su hegemonía y sobre la posibilidad real de la oposición para reconstruirse.
Pero también será una prueba para los ciudadanos: decidir si premian la continuidad, castigan los resultados o modifican los equilibrios de poder.
Cabe mencionar que, de acuerdo con la ley, las primeras actividades de organización comenzarán con la instalación de los 32 Consejos Locales del INE, prevista para el 30 de septiembre de 2026. Posteriormente, el 30 de noviembre deberán instalarse los 300 Consejos Distritales.
Las precampañas federales comenzarán el 4 de enero de 2027 y concluirán el 12 de febrero. El registro de candidaturas se realizará del 22 de marzo al 3 de abril. El proceso para las candidaturas independientes, en cambio, iniciará del 5 de octubre al 30 de noviembre de este año, periodo en el que se recibirán y analizarán las manifestaciones de intención ante las autoridades electorales.
Las campañas electorales federales iniciarán el 4 de abril y terminarán el 2 de junio. Del 3 al 5 de junio se desarrollará el periodo de reflexión o veda electoral.
Finalmente, la Jornada Electoral será el 6 de junio de 2027. Entre el 9 y el 11 de junio se realizarán los cómputos distritales de la elección federal, mientras que el cómputo de circunscripción plurinominal está previsto para el 13 de junio. La asignación de diputaciones federales de representación proporcional se llevará a cabo entre el 1 y el 23 de agosto de 2027.
Chihuahua es una de las entidades que renovará todo: gubernatura, alcaldías, sindicaturas, congreso local y los nueve distritos electorales federales. El Instituto Estatal Electoral dará a conocer en breve el calendario estatal.
Todo indica que, nuevamente, los cambios que se perfilan para 2030 vendrán de la periferia al centro, y que el norte de México será determinante. Al tiempo.
LA RENUNCIA DE LA DRA. ESPINO, MALA SEÑAL
Quienes conocemos a la Dra. Claudia Arlett Espino sabemos que su renuncia no obedeció a motivos de salud. Toda su trayectoria —impecable— y, sobre todo, el esfuerzo de los últimos años estuvo enfocado en llegar al cargo de mayor responsabilidad dentro del Instituto Nacional Electoral (INE). Nadando entre tiburones, se quedó a un peldaño de la cima: alcanzó la Secretaría Ejecutiva.
«La necesidad de mantener un equilibrio de vida personal y familiar», dijo.
A pocas horas de iniciar el Proceso Electoral Federal 2026-2027, «Catita» dirigió un escrito – renuncia a la consejera presidenta, Guadalupe Taddei Zavala, en el que señaló que su decisión obedecía a motivos de salud.
«Considero que el nivel de exigencia que requiere la organización de una elección concurrente de los cargos federales y de las 32 entidades federativas que estarán en disputa en los procesos federal y local 2026-2027 no me permite, en estos momentos, fortalecer mi vínculo personal y familiar», expresó.
Espino precisó que su decisión obedece a motivos de salud, orientados a procurar un sano equilibrio entre su desarrollo profesional y personal.
Doctora en Derecho por la Universidad Autónoma de Chihuahua y expresidenta del Instituto Estatal Electoral, Espino ocupaba la Secretaría Ejecutiva desde diciembre de 2024, considerada la segunda posición dentro de la estructura ejecutiva del INE.
Espino agradeció a Taddei haberla propuesto ante el Consejo General para encabezar la Secretaría Ejecutiva y la Secretaría del propio Consejo, una responsabilidad que definió como «una de mis más altas responsabilidades, con aprendizajes significativos».
Se trata de un cambio inesperado en el INE: una funcionaria capaz deja su cargo «con gratitud y satisfacción por el trabajo realizado», según sus propias palabras, y reconoció el profesionalismo y el compromiso institucional de los servidores públicos del área.
Mala señal, y eso que el proceso electoral apenas comienza.
NARCOCRACIA, DENUNCIA DE ANABEL HERNÁNDEZ
Acabo de terminar de leer el más reciente libro de la valiente periodista Anabel Hernández. En Narcocracia, un texto de 495 páginas, la autora deja en claro la connivencia entre los hombres del poder y los hombres del crimen organizado.
«Este libro trata de cómo el crimen organizado dejó de infiltrarse en el Estado para convertirse en parte de él. Mientras los políticos hablaban de transición democrática, el país se transformaba silenciosamente en una narcocracia».
Sergio Villarreal Barragán, alias El Grande, fue miembro de la cúpula del Cártel de Sinaloa, uno de los hombres más cercanos a Arturo Beltrán Leyva y testigo directo de cómo el narcotráfico se convirtió en el principal engranaje del poder en México.
Durante años, las vidas del entonces narcotraficante y de la periodista Anabel Hernández transcurrieron en paralelo: él, ayudando a construir un imperio criminal; ella, persiguiendo la verdad detrás de él, hasta que la historia terminó por ponerlos frente a frente.
Es la primera vez en México que un exmiembro del crimen organizado de esa jerarquía rompe el silencio y acepta dar una entrevista frontal, sin concesiones ni comodidades, de la cual emerge un testimonio descarnado. En él revela su convivencia, amistad o guerra con los narcotraficantes más poderosos, como Amado Carrillo Fuentes, Ismael «El Mayo» Zambada, Arturo Beltrán Leyva y Rubén Oseguera Cervantes, «El Mencho»; además de lo que vivió en los momentos más cruciales de la sangrienta cruzada de los cárteles por la conquista de México.
En Narcocracia, Anabel convierte ese relato en una radiografía del país que muchos prefieren no mirar: gobernadores, generales, senadores, secretarios de Estado, empresarios y hasta presidentes de México y de otras naciones atravesados por el dinero del crimen organizado.
La tesis del libro es contundente: los cárteles no avanzaron por azar ni únicamente por la fuerza de las armas, sino mediante una estrategia de conquista territorial basada en el soborno sistemático de las autoridades. Plaza por plaza, institución por institución, el crimen organizado ocupó los espacios que el Estado fue dejando vacíos.
Con la voz de El Grande y la investigación de una periodista a la que el poder no ha logrado silenciar, este libro obliga a enfrentar una pregunta incómoda: ¿quién gobierna realmente a México?
Lectura obligada para entender el momento que vivimos en México.
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