Por Jorge Cruz Camberos
Durante décadas competimos con tierra, ubicación, infraestructura y mano de obra. La nueva competencia global se está moviendo hacia otro terreno: quién tiene a la gente capaz de pensar, adaptarse y trabajar con inteligencia artificial.
Hay una pregunta que pocas veces hacemos cuando hablamos de competitividad en Chihuahua. Cuando una empresa global decide dónde instalar su próxima planta, un centro de ingeniería o una operación de alta tecnología, ¿contra quién estamos compitiendo realmente?
Nos gusta pensar en Monterrey, Querétaro o Saltillo. Pero la competencia ya es mucho más grande. Chihuahua también compite contra ciudades de Corea, Japón, Singapur, China y Europa. Y cada vez competimos menos por quién ofrece la tierra más barata y más por quién tiene el mejor talento.
El nuevo reporte PISA 2025 de la OCDE debería prendernos una alerta. Más de 760 mil jóvenes de 15 años, representando aproximadamente a 33 millones de estudiantes de 91 países y economías, fueron evaluados en ciencias, matemáticas, lectura y nuevas habilidades relacionadas con el aprendizaje en el mundo digital.
No deberíamos verlo solamente como un examen educativo. También es una fotografía de quién se está preparando mejor para competir en la economía que viene. Y para México, la fotografía no es cómoda.
México tiene un problema
México obtuvo 414 puntos en ciencias, prácticamente al nivel de Colombia, por debajo de Malasia y muy lejos de los sistemas educativos que encabezan la formación de talento mundial.
Entre quienes aparecen consistentemente en los primeros lugares están Singapur, Japón, Corea, Estonia, Chinese Taipei y las regiones chinas participantes.
Esto importa mucho más de lo que parece. Porque los jóvenes que hoy tienen 15 años serán los ingenieros, técnicos, emprendedores, investigadores y empresarios que estarán compitiendo por las inversiones del mundo dentro de diez o quince años. Nuestros hijos ya están compitiendo contra ellos. Aunque todavía no lo sepamos.
La fábrica del futuro va a necesitar otra gente
Durante décadas Chihuahua construyó una ventaja extraordinaria. Estamos junto al mercado más grande del mundo. Tenemos una cultura industrial que tomó generaciones construir. Tenemos universidades, ingenieros, técnicos, proveedores y una enorme experiencia manufacturera.
Eso nos permitió convertirnos en una potencia exportadora. Pero la siguiente etapa será diferente. Las fábricas tendrán más robots. Los procesos estarán más automatizados. Los ingenieros trabajarán acompañados de inteligencia artificial. Y muchas de las tareas repetitivas sobre las que construimos parte de nuestro éxito industrial tendrán cada vez menos valor.
Por eso me llamó particularmente la atención que PISA 2025 ya esté evaluando resolución computacional de problemas. No significa simplemente saber usar una computadora. Significa experimentar, analizar información, construir soluciones, detectar errores, cambiar de estrategia y seguir intentando cuando un problema se complica. El reporte coloca entre los líderes de esta competencia a Macao, Singapur, las regiones participantes de China, Japón, Chinese Taipei y Hong Kong.
Pensemos lo que eso significa. Los países que hoy producen buena parte de la tecnología también están formando a los jóvenes que desarrollarán la siguiente generación de tecnología. Ahí está nuestra verdadera competencia.
Y entonces llegó la inteligencia artificial
Hay otra parte del reporte que me parece todavía más preocupante. PISA detecta un deterioro precisamente en algunas de las habilidades que serán más importantes en la era de la inteligencia artificial: evaluar información, conectar diferentes fuentes y pensar críticamente. Incluso señala que entre 2018 y 2025 casi se duplicó la proporción de los llamados hasty readers: jóvenes que leen rápidamente, responden rápidamente… pero responden mal. Vivimos rodeados de información. TikTok. Google. ChatGPT. YouTube. Redes sociales.
Nuestros hijos probablemente tienen acceso a más conocimiento en su teléfono que cualquier generación anterior. Pero tener acceso a información ya no significa saber qué hacer con ella. Durante muchos años, saber cosas era una ventaja. Google comenzó a cambiar eso. La inteligencia artificial lo está cambiando todavía más. La ventaja competitiva del futuro será saber qué preguntar, qué cuestionar, qué conectar y qué crear con toda esa información.
Comprar computadoras no es transformar la educación
Aquí aparece otra conclusión interesante del reporte. Más tecnología no necesariamente significa mejor educación. La OCDE encuentra que un uso moderado de dispositivos digitales para aprender está asociado con mejores resultados, mientras que el uso excesivo y la distracción digital están relacionados con desempeños más bajos. Esto me parece fundamental para Chihuahua.
Transformar la educación no consiste en llenar las escuelas de tablets. Ni en decir que todos los niños deben utilizar inteligencia artificial. La pregunta debería ser mucho más profunda: ¿estamos utilizando la tecnología para que nuestros jóvenes piensen más o para que piensen menos?. La inteligencia artificial puede ser extraordinaria. Pero si un estudiante utiliza ChatGPT para evitar leer, escribir, investigar o resolver un problema, probablemente estamos haciendo exactamente lo contrario de lo que necesitamos.
Tampoco todo se arregla con dinero
Hay otra conclusión incómoda. Los países que más gastan no necesariamente son los que mejor educan. El reporte señala que las buenas políticas y las decisiones inteligentes sobre cómo utilizar los recursos son mejores predictores del desempeño educativo que simplemente cuánto dinero se gasta por alumno. Eso cambia la conversación.
Claro que necesitamos invertir en educación. Pero también necesitamos preguntarnos: ¿qué estamos enseñando? ¿A memorizar o a pensar? ¿A pasar un examen o a resolver un problema? ¿A utilizar una computadora o a crear algo con ella? ¿A repetir una respuesta o a cuestionarla?
Chihuahua tiene con qué competir
Y aquí es donde creo que tenemos una oportunidad enorme. Chihuahua no empieza de cero. Tenemos industria. Tenemos universidades. Tenemos empresas globales. Tenemos ingenieros. Tenemos una cultura productiva muy fuerte. Tenemos cercanía con Estados Unidos. Y tenemos décadas aprendiendo a fabricar productos que terminan en prácticamente todo el mundo. Ahora necesitamos dar el siguiente salto.
Imaginen que Chihuahua se propusiera convertirse en una de las ciudades mexicanas con mayor énfasis en matemáticas, ciencias, inglés, programación, pensamiento crítico y resolución de problemas.
Que las empresas se involucraran mucho más con las escuelas. Que ingenieros de nuestras plantas pudieran convivir con estudiantes. Que nuestros niños conocieran una fábrica, un laboratorio o una empresa de tecnología antes de decidir qué quieren estudiar.
Que universidades e industria diseñaran juntas las habilidades que vamos a necesitar dentro de diez años. Y que nuestros jóvenes aprendieran a utilizar inteligencia artificial no para dejar de pensar, sino para pensar mejor. Eso también es desarrollo económico. Quizá uno de los más importantes.
La competencia ya empezó
Una planta que decida instalarse en algún lugar del mundo en 2035 probablemente utilizará tecnologías que hoy apenas estamos imaginando. Pero las personas que trabajarán ahí ya están sentadas en algún salón de clases. También en Chihuahua. Por eso necesitamos ampliar nuestra conversación sobre competitividad.
Sí necesitamos agua. Necesitamos energía. Necesitamos mejores carreteras. Necesitamos cruces fronterizos más eficientes. Necesitamos infraestructura pero también necesitamos algo mucho más difícil de construir: personas capaces de aprender, resolver, innovar y crear.
Durante décadas Chihuahua construyó una de las plataformas manufactureras más importantes de México. El siguiente salto no consiste solamente en traer más fábricas. Consiste en formar a la generación capaz de diseñarlas, automatizarlas, dirigirlas y, algún día, ser dueña de ellas. Porque la próxima fábrica que Chihuahua pierda quizá no será por falta de agua. Ni por falta de energía. Ni siquiera por falta de incentivos. Podría ser porque en otra ciudad del mundo formaron mejor a sus hijos que nosotros a los nuestros.
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