Por Jorge Cruz Camberos
Antes de encender una línea de producción en Ciudad Juárez, un gerente de planta necesita saber cuatro cosas: si habrá agua suficiente, si la energía soportará el pico de consumo, cuánto tardará el camión en cruzar hacia El Paso y si la carga llegará segura a la frontera. Ninguna de esas variables la controla la empresa. Y Chihuahua tampoco las controla por completo.
Nuestro estado tiene manufactura, frontera y una ubicación privilegiada frente al mercado más grande del mundo. Lo que no tiene garantizado es el agua para sostener esa industria, la energía para hacerla crecer, un cruce fronterizo sin demoras ni la seguridad de todas sus rutas logísticas.
Son cuatro nudos que pueden frenar nuestro desarrollo. Hay un quinto donde sí tenemos mucho mayor margen de acción: el talento técnico. El economista Edward Fishman llama chokepoints a esos nodos estratégicos difíciles de sustituir que, cuando son controlados por otro actor, se convierten en instrumentos de presión. Para un empresario de Juárez esto no es geopolítica abstracta. Es el costo diario de producir en Chihuahua.
El agua ya forma parte de la negociación comercial
De los 61 acuíferos de Chihuahua, 41 presentan disponibilidad negativa: extraemos más agua de la que puede recuperarse naturalmente. No es solamente una sequía; es un desequilibrio estructural que amenaza a las ciudades, al campo y a la industria. Los datos provienen de registros de Conagua. A este problema se suma el Tratado de Aguas de 1944.
México debe entregar a Estados Unidos 1.75 millones de acres-pie durante cada ciclo de cinco años. El ciclo concluido en 2025 dejó un adeudo cercano a mil millones de metros cúbicos, en medio de una sequía extraordinaria y de fuertes presiones desde Texas.
En diciembre de 2025, el presidente Donald Trump amenazó con imponer un arancel de 5% a las importaciones mexicanas si no se cumplía con las entregas. El 3 de febrero de 2026, ambos países alcanzaron un nuevo entendimiento: México procurará entregar al menos 350 mil acres-pie cada año, realizar reuniones mensuales de seguimiento y cubrir el faltante del ciclo anterior. El acuerdo fue confirmado por ambos gobiernos. Eso confirma algo delicado: el agua de Chihuahua ya puede convertirse en una variable dentro de una negociación comercial mucho más amplia.
Un gobernador no puede renegociar el tratado. Pero sí puede exigir información, construir escenarios técnicos y defender con datos la disponibilidad para consumo humano, producción agrícola y desarrollo industrial.
La electricidad limita la inversión
Chihuahua consume grandes cantidades de electricidad, pero depende de una red nacional administrada por CFE y CENACE. La buena noticia es que la CFE anunció en agosto una inversión superior a 35 mil millones de pesos para ampliar y modernizar la infraestructura eléctrica del estado hacia 2030. El programa contempla subestaciones y líneas de transmisión en Juárez, Chihuahua, Cuauhtémoc, Casas Grandes y Parral. El anuncio fue publicado por la propia CFE. La mala noticia es que un anuncio no genera electricidad.
Necesitamos conocer proyectos, ubicaciones, capacidad adicional y fechas de entrada en operación. Una empresa que analiza instalar una planta no toma decisiones con promesas generales; necesita saber cuánta energía tendrá, cuándo estará disponible y con qué confiabilidad.
Una encuesta de BBVA Research y AMPIP encontró que 91% de los parques industriales consultados había sufrido afectaciones relacionadas con la oferta de energía. Es un estudio nacional de 2023, no una medición específica de Chihuahua, pero muestra la dimensión del problema competitivo. La encuesta también identificó dificultades relacionadas con agua y trámites.
La frontera es nuestra ventaja y nuestra dependencia
Juárez concentra más de 300 establecimientos manufactureros de exportación. Su modelo depende de mover componentes varias veces entre México y Estados Unidos antes de entregar el producto terminado. Por eso, una hora detenida en el puente no es solamente tráfico: es inventario, combustible, incumplimiento y dinero.
Podemos construir accesos, ampliar carriles y modernizar la infraestructura del lado mexicano pero la velocidad final del cruce depende de la capacidad operativa y de las inspecciones de la autoridad estadounidense. Estados Unidos no necesita establecer un arancel para afectar nuestra competitividad. Basta con reducir personal, aumentar revisiones o cerrar temporalmente algunos carriles.
El Fideicomiso de Puentes Fronterizos es una de las pocas herramientas que Chihuahua tiene para reducir esa vulnerabilidad. Debe concentrarse en infraestructura, tecnología y coordinación binacional que permitan cruces más rápidos y predecibles.
La seguridad también es política industrial
El robo al transporte no solamente afecta a los transportistas. Aumenta las primas de seguros, obliga a contratar custodias, modifica horarios y encarece cada producto que sale de Chihuahua.
Además, la seguridad carretera ya entró en la conversación comercial. El National Foreign Trade Council incluyó este problema dentro de sus comentarios para la revisión del T-MEC. El organismo presentó formalmente su posición en noviembre de 2025.
Chihuahua necesita un mapa público de riesgos logísticos, con incidencia por corredor, horarios y tipo de carga. No para exhibir nuestras debilidades, sino para concentrar vigilancia, tecnología e inteligencia en los tramos que sostienen nuestra economía. La seguridad de la carga debe tratarse como infraestructura económica.
El talento es nuestra mayor palanca
En México, 67% de los empleadores reporta dificultades para cubrir vacantes, de acuerdo con la Encuesta de Escasez de Talento 2026 de ManpowerGroup. El estudio consultó a más de mil empleadores. Aquí Chihuahua sí tiene una oportunidad propia.
Tenemos CENALTEC, educación dual, universidades tecnológicas y nuevos programas para semiconductores, automatización, diseño e ingeniería. El nuevo Centro de Ingeniería y Diseño cuenta con estaciones y software utilizados por las industrias automotriz, aeroespacial y de manufactura avanzada. Incluye herramientas como CATIA, SolidWorks, Mastercam y Siemens NX. El reto ahora es dejar de medir solamente cursos y matrículas.
Necesitamos metas de técnicos e ingenieros egresados por especialidad, certificaciones reconocidas por la industria y colocación laboral. Si Chihuahua quiere atraer semiconductores, electromovilidad, aeroespacial y dispositivos médicos, debe formar el talento antes de que llegue la inversión.
Lo que sí podemos decidir
Chihuahua no puede controlar por sí solo el tratado de agua, la red eléctrica nacional ni la aduana estadounidense. Pero sí puede disminuir su vulnerabilidad:
1. Crear una mesa técnica estatal permanente sobre agua y el Tratado de 1944, con información pública y escenarios de disponibilidad.
2. Exigir un calendario verificable de las obras eléctricas anunciadas por CFE.
3. Acelerar la modernización de los puentes fronterizos y los programas de cruce confiable.
4. Blindar los corredores logísticos con información, inteligencia y coordinación entre autoridades y transportistas.
5. Vincular CENALTEC, universidades y empresas mediante metas concretas de formación y contratación.
No controlamos todos los nudos. Pero sí podemos prepararnos mejor que nuestros competidores. La próxima década no la ganará el estado que tenga más anuncios de inversión. La ganará el que pueda garantizar agua, electricidad, cruces confiables, rutas seguras y personas capaces de operar la industria que viene. Cuatro de esas variables dependen en buena medida de otros. La quinta depende mucho más de nosotros. Y puede ser suficiente para cambiar el futuro de Chihuahua.



