Por Jorge Cruz Camberos
Chihuahua capital recibió alrededor de 2.18 millones de visitantes en 2025. El reto ahora no es solamente atraer más gente, sino entender quién viene, por qué viene y qué podemos ofrecerle para que se quede más tiempo y gaste más en la ciudad.
Durante muchos años hemos hablado de turismo como si todas las personas que llegan a una ciudad fueran iguales. No lo son.
Una persona que viene a Chihuahua a una reunión de negocios tiene necesidades muy diferentes a una familia de Delicias que llega un fin de semana, y ambos son completamente distintos a una pareja de Monterrey que está planeando sus vacaciones.
Si queremos que el turismo genere más empleos, restaurantes llenos, hoteles ocupados y oportunidades para emprendedores locales, quizá deberíamos empezar por una pregunta mucho más sencilla:
¿Quién es realmente nuestro cliente?
Porque Chihuahua capital ya recibe gente. De acuerdo con cifras del Gobierno Municipal, durante 2025 la ciudad recibió alrededor de 2.18 millones de visitantes, con una oferta cercana a 7,000 habitaciones de hotel. Además, las autoridades municipales estiman que alrededor del 85% de la actividad turística está relacionada con negocios, congresos y convenciones. Ese dato debería cambiar nuestra estrategia. Somos, antes que nada, una ciudad de turismo de negocios. Y eso no es una debilidad. Puede ser nuestra mayor oportunidad.
Primer mercado: el visitante de negocios
Todos los días llegan a Chihuahua proveedores de la industria, ejecutivos, ingenieros, vendedores, funcionarios, participantes en congresos y personas relacionadas con empresas instaladas en la ciudad. Muchos tienen una agenda muy parecida.
Aeropuerto, hotel, reunión, cena, hotel, aeropuerto. El problema no es que vengan por negocios. El problema es que todavía les ofrecemos muy poco después de las seis de la tarde. Ahí debería comenzar nuestra primera estrategia turística. ¿Qué producto le vamos a ofrecer al ejecutivo que termina su reunión a las cinco?
Podríamos tener experiencias claramente empaquetadas de dos, cuatro o seis horas. Una cena de cocina chihuahuense con vino y sotol. Una experiencia histórica sobre Pancho Villa y la Revolución. Una visita nocturna al Centro Histórico. Una experiencia de carne, vino y cultura norteña. O un paquete de sábado y domingo para quien decide extender su viaje de negocios. Eso es turismo también. Incluso existe un término internacional para ello: bleisure, la combinación entre business y leisure.
Pero no basta con decirle al visitante que visite Chihuahua. Hay que venderle algo concreto. “Terminaste tu reunión. Esto puedes hacer esta noche”. Ahí hay una oportunidad enorme.
Y también debemos seguir fortaleciendo aquello que ya hacemos bien: congresos y convenciones. ExpoChihuahua es una infraestructura importante y la propia actividad económica de la ciudad nos permite competir por encuentros especializados de manufactura, minería, aeroespacial, inteligencia artificial, salud, agroindustria y otros sectores en los que Chihuahua tiene conocimiento real. En 2026, por ejemplo, el Encuentro de Negocios del Clúster Minero volvió a utilizar ExpoChihuahua como sede. Un congreso no solamente llena un salón. Llena hoteles, restaurantes, taxis y vuelos.
Segundo mercado: los propios chihuahuenses
Hay otro mercado que tendemos a subestimar. La gente que vive dentro del mismo estado. Una familia de Cuauhtémoc. Una pareja de Delicias. Un grupo de amigos de Parral. Personas de Juárez que vienen a un concierto, un partido, una boda, una graduación, una cita médica o simplemente a pasar el fin de semana.
No tenemos todavía información pública suficientemente detallada para afirmar qué porcentaje exacto representan dentro del mercado de la capital. De hecho, la propia Secretaría de Turismo reconoce la necesidad de utilizar su Observatorio Turístico para conocer mejor el perfil de los visitantes y tomar decisiones basadas en datos.
Pero estratégicamente este debería ser uno de nuestros mercados prioritarios. Porque alguien de Delicias no necesita comprar un boleto de avión para venir. Ni alguien de Cuauhtémoc. Ni una familia de Juárez. Lo que necesitan es una razón para venir este fin de semana. Y ahí los eventos pueden convertirse en uno de nuestros mejores productos turísticos.
Un torneo deportivo. Un concierto. Un festival gastronómico. Una exposición. Una carrera. Un partido importante. Una convención de cultura pop. Un festival de vino. Un gran evento infantil.
La Secretaría de Turismo ya trabaja con esa lógica en diferentes municipios: su programa “Chihuahua es Para Ti ¡Conócelo!” reunió 57 actividades en 28 municipios durante 2025.
La oportunidad para Chihuahua capital es construir un calendario todavía más fuerte y reconocible. Porque los eventos generan algo que un museo por sí sólo difícilmente puede generar: urgencia. El museo puede visitarse cualquier día. El concierto solamente ocurre este sábado.
El vino puede convertirse en un gran producto
Aquí Chihuahua tiene una oportunidad particularmente interesante. El vino. No necesitamos pretender ser Valle de Guadalupe. Necesitamos construir nuestra propia personalidad.El esta do ya cuenta con zonas productoras en lugares como Encinillas, Sacramento, Bachíniva, Delicias y Chihuahua, y desde hace años se trabaja en desarrollar rutas relacionadas con vino y sotol.
Además, en 2025 Chihuahua fue sede del México Selection by Concours Mondial de Bruxelles y los productos chihuahuenses obtuvieron 34 medallas, el mejor resultado registrado hasta entonces por el estado. Eso ya no es solamente potencial.
Hay producto. Ahora necesitamos convertirlo en experiencia. Una ruta de vino cercana a Chihuahua capital, transporte incluido, comida, música, catas, paisaje, historia, hoteles asociados.
Un visitante no debería tener que investigar diez páginas de internet para descubrir cómo hacerlo. Debería poder comprar la experiencia completa.
Podemos apropiarnos de nuestra identidad norteña
Aquí hay otra oportunidad que me parece fascinante. Cuando uno visita Oklahoma City encuentra algo interesante. No esconden su historia del oeste. La convierten en producto. El National Cowboy & Western Heritage Museum desarrolla exposiciones y experiencias alrededor de vaqueros, rancheros, rodeo y culturas indígenas, incluyendo espacios interactivos y eventos durante todo el año.
No estoy diciendo que Chihuahua deba copiar Oklahoma. Estoy diciendo que deberíamos hacer algo que ellos entendieron muy bien: convertir nuestra identidad en una experiencia.
Chihuahua tiene una de las identidades más fuertes de México. Ganadería, caballos, vaqueros, apaches, rarámuri, revolución, desierto, sierra, sotol, carne. Una relación histórica extraordinaria con el oeste estadounidense. Pero tenemos que tratar esos temas con profundidad y respeto, especialmente cuando hablamos de los pueblos originarios.
No como caricatura. Como historia viva. ¿Por qué no imaginar un gran festival anual sobre la cultura del norte? Caballo, rodeo, gastronomía, música, artesanía, narrativas rarámuri,
historia apache, exhibiciones ecuestres, cultura ganadera. Podría convertirse en algo que una persona de Monterrey, El Paso o Ciudad de México pusiera en su calendario meses antes.
Después está el turista de vacaciones
Ese probablemente será un porcentaje menor para Chihuahua capital. Y está bien. No necesitamos engañarnos. Una familia de Guadalajara que piensa en una semana de vacaciones probablemente no coloca hoy a Chihuahua capital por encima de Cancún, Los Cabos u Oaxaca.
Pero existe un nicho al que sí podemos competirle. El viajero que quiere conocer el norte de México. Ahí tenemos una historia espectacular. Chihuahua capital, Paquimé, Casas Grandes, Mata Ortiz, Creel, Barrancas del Cobre, Batopilas, Desierto, Culturas originarias,
Vino y sotol. Ese producto podría ser extraordinario. Pero Chihuahua capital debe convertirse en parte del viaje, no simplemente en el aeropuerto desde donde comienza.
No se trata de construir atractivos por construirlos
Durante años muchas ciudades han cometido el mismo error turístico. Construyen algo y después buscan quién quiera visitarlo. El orden debería ser al revés. Primero entender al cliente. Después desarrollar el producto. Si nuestro principal visitante viene por negocios, construyamos productos para él. Si queremos atraer a las familias del propio estado, demos razones para venir durante el fin de semana. Si buscamos al turista nacional o extranjero, construyamos una experiencia auténticamente norteña que difícilmente pueda vivir en otro lugar.
Midamos todo, ¿de dónde vienen?, ¿por qué vienen?, ¿cuánto gastan?, ¿Qué hacen después de las seis?, ¿cuántos agregan una noche?, ¿qué eventos generan habitaciones de hotel?, ¿qué productos turísticos realmente están vendiendo?, ahí debería estar nuestra obsesión.
Porque quizá Chihuahua no necesita comenzar preguntándose cómo convertirse en una ciudad turística. Chihuahua ya recibe millones de visitantes. Lo que necesitamos es entenderlos mejor. Y después hacer algo mucho más empresarial: crear exactamente el producto que cada uno de ellos está buscando.




