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Chihuahua aporta y Chihuahua merece mejor IMSS

Por Jorge Cruz Camberos

Hay temas que no deben tratarse desde el enojo, pero tampoco desde la resignación. El servicio del IMSS en Chihuahua es uno de ellos.

Chihuahua capital es una de las ciudades más formales del país. De acuerdo con datos recientes de la ENOE, la ciudad registra una informalidad laboral cercana al 26%, una de las más bajas de México. Esto significa que aquí una gran parte de la población trabaja en la formalidad, cotiza, paga impuestos, aporta al IMSS y sostiene con su esfuerzo diario una parte importante del sistema de seguridad social.

En pocas palabras: Chihuahua cumple.

Cumple el empleador que genera empleo formal, que paga cuotas, que invierte y que carga con una de las responsabilidades más importantes de cualquier economía seria: darle seguridad social a su gente. Cumple también el trabajador chihuahuense, que todos los días sale a trabajar, aporta de su salario y confía en que, cuando lo necesite, el sistema va a responder.

Y sin embargo, la realidad nos está diciendo algo incómodo. En 2025, medios locales reportaron que el IMSS concentró cerca del 60% de las quejas presentadas ante la CNDH en el estado de Chihuahua. Las principales inconformidades tienen que ver con omisión de atención médica, deficiente prestación del servicio, falta de medicamentos y problemas para acceder a una atención oportuna.

Ahí está la paradoja: una ciudad que genera empleo formal, que aporta al IMSS y que presume una cultura laboral fuerte, enfrenta un sistema de salud pública saturado, lento y, en muchos casos, insuficiente para sus derechohabientes.

No se trata de atacar al IMSS ni a su personal. Sería injusto no reconocer el trabajo de miles de médicos, enfermeras, camilleros, administrativos y personal operativo que todos los días hacen lo que pueden con recursos limitados. El problema es más profundo: Chihuahua creció, su industria creció, su empleo formal creció, su derechohabiencia creció… pero la infraestructura médica no creció al mismo ritmo.

A esto hay que sumarle otro problema que pocas veces se dice con claridad: el cambio constante de delegados. Cada vez que llega una nueva administración, se vuelve a empezar. Se cambian prioridades, se modifican rutas, se pierde seguimiento y las agendas estratégicas se quedan a medias. Chihuahua necesita continuidad, no improvisación. Necesita una representación del IMSS con visión de largo plazo, conocimiento del territorio y capacidad real de gestión.

Desde el sector empresarial organizado, particularmente desde el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), se ha venido trabajando con los diferentes delegados del IMSS para construir una agenda seria, técnica y de largo plazo. No ha faltado voluntad de parte de Chihuahua; lo que ha faltado es continuidad y capacidad de aterrizar los acuerdos. Hoy, con la llegada del delegado Julio Mercado Castruita, hay apertura y buena disposición. Ojalá que esta vez esa disposición se traduzca en resultados concretos y podamos llegar a buen puerto para Chihuahua.

Este no debe ser un tema político. Mucho menos partidista. El empleador chihuahuense cumple. El trabajador chihuahuense cumple. Las familias chihuahuenses cumplen. Por lo tanto, la Federación también tiene que cumplir.

Y esto no tiene nada que ver con si Chihuahua firmó o no determinados acuerdos de salud con el Gobierno Federal. No confundamos las cosas. Los impuestos los pagamos los chihuahuenses. Las cuotas obrero-patronales las pagan las empresas y los trabajadores de Chihuahua. La obligación de brindar seguridad social digna no desaparece por una diferencia administrativa o política.

Chihuahua no está pidiendo privilegios. Está pidiendo proporcionalidad.

Si somos una ciudad que aporta, debemos recibir una atención proporcional al peso que tenemos dentro del sistema. Si somos una de las capitales con mayor formalidad laboral, deberíamos tener indicadores de atención médica a la altura de esa realidad.

El tema debe analizarse con datos fríos: cuántos trabajadores asegurados tiene Chihuahua, cuánto aportan en cuotas obrero-patronales, cuántas camas hay por derechohabiente, cuántos especialistas por población atendida, cuánto tarda una cita de especialidad, cuántas cirugías se difieren, cuántas recetas se surten completas y cómo comparamos contra ciudades como Querétaro, Saltillo, Hermosillo, Aguascalientes, Mérida o Monterrey.

Ese estudio urge. Pero más que un documento técnico, debe servir para abrir los ojos de los chihuahuenses. Para entender qué está pasando, dónde está el rezago y qué tenemos que exigir con seriedad.

Chihuahua necesita una mesa técnica entre IMSS, sector empresarial, gobierno estatal, gobierno municipal, academia y sociedad civil; un tablero público de indicadores; inversión hospitalaria proporcional al crecimiento de la derechohabiencia; fortalecimiento del primer nivel de atención; más especialistas; digitalización real de citas y trámites; y una estrategia de largo plazo para que la salud acompañe al desarrollo económico.

Porque la competitividad no se mide únicamente en inversión, exportaciones o parques industriales. También se mide en la tranquilidad de una trabajadora que puede conseguir una cita a tiempo. En un padre de familia que recibe sus medicamentos completos. En un obrero que no tiene que esperar meses para una cirugía.

El trabajador formal no está pidiendo un favor. Está reclamando lo que ya paga todos los días con su esfuerzo.

Chihuahua, una vez más, tiene que levantar la voz. No para confrontar. Para exigir lo justo.

LEER MÁS: Chihuahua no puede seguir compitiendo por ser barato

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