Por Jorge Cruz Camberos
Si algo nos está diciendo el regreso de los jóvenes a los malls, a los corredores y a los espacios físicos en distintas ciudades del mundo, es esto: la gente no sólo busca dónde comprar. Busca dónde convivir, dónde pasar el tiempo, dónde sentirse parte de algo.
Y esa conversación, en Chihuahua, ya no debería ser secundaria.
Porque mientras hablamos de competitividad, inversión y atracción de talento, seguimos pateando una discusión central: qué tipo de ciudad estamos construyendo para que la gente quiera vivirla.
Desde la agenda de Chihuahua Espectacular y plataformas como VisitaChihuahuaCapital.com, esta reflexión es cada vez más clara. Una ciudad atractiva no se hace sólo con promoción. Se hace con lugares vivos. Con nodos urbanos que generen actividad, identidad, comunidad y experiencia.
Por eso urge poner sobre la mesa, con mucha más seriedad, un tema que Chihuahua ha dejado avanzar demasiado lento: un fideicomiso fuerte y eficaz para el Centro Histórico.
El corazón de la ciudad no puede seguir esperando. El Centro tendría que ser el gran espacio de encuentro de Chihuahua: más caminable, más habitable, más cultural, más gastronómico, más limpio, más activo de día y de noche. Un centro que no sólo sirva para hacer trámites o cruzarlo en coche, sino para quedarse. Para vivirlo. Para presumirlo.
Pero la visión no debe quedarse sólo en el primer cuadro.
Chihuahua también necesita una estrategia de ciudad policéntrica. Es decir, no depender de un solo núcleo urbano potente, sino desarrollar varios centros de vida, cada uno con su propia vocación.
Uno de ellos claramente es Distrito 1, que ha demostrado algo importante: cuando mezclas densidad, oferta comercial, restaurantes, oficinas, vivienda y experiencia, la ciudad responde. La gente sí quiere espacios de ese tipo. Chihuahua sí tiene mercado para vivir mejor sus centralidades.
La gran pregunta es: por qué no estamos empujando más nodos así en otras zonas?
La zona de las tres presas podría consolidarse como un gran corredor recreativo, deportivo y de convivencia.
El norte, con áreas como Ciudadana, podría crecer como una nueva centralidad con mejor mezcla urbana y servicios.
El oriente, si se alinea bien con lo que viene en Punta Oriente, el nuevo hospital del IMSS, el desarrollo industrial del aeropuerto y la vivienda de Infonavit, tiene el potencial de dejar de ser sólo periferia y convertirse en una nueva pieza estratégica de ciudad.
Y Ávalos, en lugar de seguir cargando con la etiqueta de rezago, tendría que entrar de lleno a una conversación seria de regeneración urbana.
Eso es hacer ciudad.
No sólo abrir fraccionamientos.
No sólo autorizar plazas.
No sólo presumir inversión.
Hacer ciudad es diseñar puntos de encuentro donde pase la vida.
Porque donde hay vida urbana, hay más seguridad.
Donde hay convivencia, hay más pertenencia.
Donde hay pertenencia, hay más orgullo de ciudad.
Y donde hay orgullo de ciudad, hay más capacidad de atraer talento, turismo e inversión.
Chihuahua ya no puede conformarse con crecer en mancha. Tiene que crecer en calidad urbana.
Necesitamos un Centro Histórico que acelere.
Necesitamos más polos tipo D1, pero con identidad propia.
Necesitamos una visión metropolitana más ambiciosa.
Y necesitamos entender que el desarrollo económico del futuro también se juega en banquetas, parques, plazas, corredores, distritos y espacios donde la gente quiera estar.
Porque una ciudad competitiva no es solamente la que produce más.
Es la que logra que su gente salga, se encuentre y quiera quedarse.
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