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Chihuahua no puede esperar a crecer sola

Por Jorge Cruz Camberos

Durante mucho tiempo creímos que las ciudades crecían por naturaleza. Más familias, más nacimientos, más expansión. Hoy esa lógica ya no alcanza. El mundo cambió, México cambió y Chihuahua también.

En Estados Unidos acaba de quedar clarísimo. Entre julio de 2024 y julio de 2025, el crecimiento poblacional se desaceleró de forma importante. La migración internacional cayó con fuerza y varias grandes ciudades, que durante años parecían imanes naturales de población, comenzaron a perder ritmo o incluso habitantes. Miami-Dade, Los Ángeles, San Diego y Dallas son parte de esa historia. La lección es brutalmente simple: cuando una ciudad deja de recibir gente o deja de retener talento, el crecimiento ya no está garantizado.

Chihuahua debería leer esa señal con muchísima seriedad.

Sí, Chihuahua capital sigue creciendo. Pasó de 937 mil 674 habitantes en 2020 a una proyección superior al millón para 2025. Pero el dato importante no es únicamente cuántos somos. El dato importante es que cada vez nacen menos personas y, por lo tanto, el futuro de la ciudad ya no dependerá solamente de su crecimiento natural. En el estado, los nacimientos registrados en 2023 bajaron a 50 mil 521, manteniendo una tendencia descendente. Eso significa que el Chihuahua del futuro no se va a construir sólo con más nacimientos. Se va a construir con más capacidad para atraer personas.

Y ahí está el verdadero punto.

Hoy los jóvenes ya no eligen únicamente qué carrera estudiar. Están eligiendo en qué ciudad quieren vivir. Buscan seguridad, conectividad, oferta cultural, movilidad, vivienda accesible, espacios públicos de calidad, universidades relevantes y empleos que permitan construir patrimonio. La competencia entre ciudades ya no es únicamente por inversión. Es por talento.

Por eso Chihuahua tiene que decidir qué ciudad quiere ser. ¿Una ciudad que se conforme con administrar un millón de habitantes? ¿Una que crezca a 1.2 millones con orden y visión? ¿O una que sueñe con 1.6 millones sin haber resuelto primero su modelo urbano?

Mi respuesta es clara: Chihuahua debe proponerse ser una ciudad de 1.2 millones, pero de 1.2 millones bien vividos. Una ciudad que no crezca por accidente, sino por diseño. Una ciudad que entienda quién está llegando, de qué estados viene, de qué países, con qué nivel educativo, con qué ingresos y qué necesita para quedarse. Porque si no medimos eso, seguiremos hablando de competitividad como discurso y no como estrategia.

La buena noticia es que Chihuahua sí tiene condiciones para competir. Tiene industria, ubicación, capacidad logística, universidades, comunidad empresarial y calidad de vida comparativa. Lo que falta es articular una visión más ambiciosa: infraestructura para una ciudad más atractiva, educación conectada con la nueva economía, vivienda mejor planeada, movilidad más eficiente y una agenda urbana capaz de enamorar al talento que hoy puede escoger dónde vivir.

Ese es el reto de fondo. No sólo crecer. No únicamente atraer inversiones. No sólo abrir fraccionamientos. El reto es construir una ciudad que la gente preparada quiera habitar, donde las familias quieran quedarse y donde el futuro se vea posible.

Porque en esta nueva etapa, las ciudades que ganan no son las más grandes. Son las más deseadas.

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