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Chihuahua no puede seguir compitiendo por ser barato

Por Jorge Cruz Camberos

Mientras en México todavía hay quien cree que la geopolítica es tema de cancillerías, el mundo real ya se está reacomodando por otra lógica: la guerra comercial, tecnológica e industrial entre Estados Unidos y China.

Y aquí está la pregunta incómoda: ¿México ya entendió el tamaño de la oportunidad?
Peor aún: ¿Chihuahua ya decidió si quiere jugar a ganar o conformarse con recoger migajas?

Porque una cosa tiene que quedar clara. Esta nueva etapa del comercio global no se va a repartir por buena voluntad. Se la van a quedar las regiones que ofrezcan tres cosas: talento, certidumbre y velocidad. No las que sigan vendiéndose como mano de obra barata con discurso de los noventa.

Las gráficas son claras. Chihuahua ha venido sofisticando parte de su estructura laboral y eso ya se refleja en mejores salarios en sectores ligados a la actividad industrial, como construcción, comercio y transporte. Cuando la industria sube de nivel, no solo gana la planta; gana el ecosistema completo.

Pero también hay una alerta seria: Chihuahua aparece como el séptimo estado con mayor exposición a la automatización. Eso significa que todavía tenemos demasiada gente concentrada en tareas repetitivas y fácilmente sustituibles por tecnología. Y ese dato no es para asustarse; es para reaccionar. Porque la automatización no viene a pedir permiso.

Por eso me parece un error seguir hablando de “atraer más empresas” como si cualquier inversión fuera buena. No. No toda inversión transforma. No toda industria eleva salarios. No todo empleo construye futuro. Hay inversión que solo usa territorio, consume infraestructura y deja poco valor agregado. Y hay otra que sí cambia la trayectoria económica de una región.

Ahí es donde Chihuahua tiene que ponerse serio.

No podemos querer ser la meca de todos los empleos. Tampoco podemos conformarnos con ser la extensión barata de Asia para procesos de bajo valor. Si esta coyuntura internacional nos va a beneficiar, debe ser para atraer manufactura avanzada, no ensamble básico. Debe ser para crecer en dispositivos médicos, aeroespacial, electrónica avanzada, agroindustria tecnificada, logística inteligente y minería con mayor contenido tecnológico. No para seguir celebrando cualquier nave industrial como si eso, por sí solo, fuera desarrollo.

Pero aquí viene otra parte incómoda: esto no se va a lograr gratis.

Si Chihuahua realmente quiere diferenciarse y jugar en la liga de los estados que capturan inversión de alto valor, necesita una política industrial y de talento con presupuesto propio, visión de largo plazo y corresponsabilidad real entre gobierno y sector privado.

Mi opinión es que el estado debería construir un fondo anual del orden de 1,300 millones de pesos, sostenido durante varios años, para impulsar talento técnico, reconversión laboral, promoción estratégica, desarrollo de proveedores e infraestructura habilitadora.

¿De dónde tendría que salir?
De una fórmula simple y seria: 70% aportado por el gobierno del estado y 30% por el empresariado a través de sus fideicomisos y mecanismos de coinversión.

Eso significaría que el gobierno ponga alrededor de 910 millones de pesos al año y el sector privado otros 390 millones de pesos. Así sí hay escala. Así sí hay compromiso. Así sí dejamos de pedir milagros y empezamos a construir estrategia.

Porque también hay que decirlo: el empresariado no puede exigir talento, infraestructura y competitividad sin meterle dinero. Y el gobierno no puede seguir creyendo que atraer inversión se resuelve con viajes, discursos y fotografías. Se necesita una alianza madura, donde ambos asuman su parte.

Ese fondo tendría que enfocarse en cuatro frentes muy concretos: formación técnica especializada, infraestructura para nuevas inversiones, atracción de empresas de alto valor y adopción tecnológica para reconvertir talento local. Menos ocurrencias. Más dirección.

La discusión de fondo ya no es si vienen oportunidades. Sí vienen.
La discusión es si Chihuahua va a tener el carácter para escoger bien.

¿Vamos a seguir peleando por ser competitivos por salario bajo?
¿O vamos a decidir, de una vez por todas, que esta tierra debe competir por productividad, especialización y talento?

Yo lo tengo claro: Chihuahua debe dejar de venderse como estado barato y empezar a venderse como estado confiable, técnico, industrial y estratégicamente indispensable para Norteamérica.

Pero eso exige decisiones. Más inglés técnico. Más automatización. Más mecatrónica. Más formación dual. Más vinculación empresa-universidad. Más energía. Más simplificación regulatoria. Más estrategia y menos ocurrencia.

El mundo se está partiendo en bloques. Las cadenas productivas se están rearmando. Y Chihuahua está demasiado bien ubicado para pensar en chiquito.

La oportunidad está aquí.
Lo irresponsable sería no estar a la altura.

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