Por Jorge Cruz Camberos
Mientras muchos pensaban que la guerra comercial entre China y Estados Unidos sería un golpe letal para el dragón asiático, la realidad fue otra: China cerró el 2025 con un superávit comercial histórico de casi 1.2 billones de dólares. Sí, con “b” de barbaridad.
A pesar de que las exportaciones chinas hacia EE. UU. cayeron un 20%, el país supo redirigir su músculo exportador hacia regiones clave: África (+26%), Sudeste Asiático (+13%), América Latina (+7.4%) y la Unión Europea (+8.4%). ¿Resultado?. Un aumento total del 5.5% en exportaciones frente al año anterior. No está nada mal para un país que supuestamente iba a estar contra las cuerdas.
¿Qué significa esto para México?
México, como actor clave en la cadena de suministro global, debe leer entre líneas. Aquí algunas reflexiones:
- No hay desacople real sin independencia industrial
Sí, muchas empresas han trasladado operaciones de manufactura a países como México y Vietnam. Pero ojo: la mayoría siguen dependiendo de insumos y maquinaria provenientes de China. Mientras no construyamos una base industrial sólida e independiente, seguiremos siendo “ensambladores de lo chino”. - Oportunidad de oro para el nearshoring… si lo hacemos bien
China nos está enseñando que adaptabilidad y diplomacia comercial siguen siendo armas poderosas. México debe fortalecer su política industrial y agilizar su burocracia para aprovechar la ola del nearshoring con visión de largo plazo. Hoy, las empresas no buscan sólo bajos costos, buscan estabilidad, talento y capacidad logística. - Diversificación inteligente: comercio Sur-Sur
China está fortaleciendo lazos con regiones donde México también tiene intereses: África, Sudamérica y el Sudeste Asiático. ¿Por qué no competir (o colaborar) allí? México tiene todo para ser un puente estratégico entre Norteamérica y el Sur Global. - Cuidado con el espejismo del “éxito exportador”
El Fondo Monetario Internacional ya levantó la ceja: la economía china no puede depender eternamente de las exportaciones. México debe tomar nota. Si no fortalecemos nuestro mercado interno —con mejores salarios, mayor consumo local y políticas que impulsen a las PYMES—, podríamos caer en la misma trampa de crecimiento frágil.
En resumen, China no se cayó… se reinventó. México, más que celebrar nuestro momento en el mapa global, debe prepararse con seriedad y visión. Porque el juego apenas comienza —y los que mejor juegan son los que entienden que no basta con estar cerca del balón: hay que saber hacia dónde va.
















