Distrito Sur Oriente: el megaproyecto que podría cambiar el futuro de la capital

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Hoy se perfila como una oportunidad estratégica para el desarrollo sostenible y la atracción de inversión.

Un proyecto para cambiar la historia urbana de Chihuahua

Óscar Nuñez, arquitecto con más de 40 años de experiencia, no se anda con rodeos cuando habla del futuro de Chihuahua: “Tenemos todo lo necesario para traer inversión y el objetivo, la visión es volver al distrito sur-oriente el destino de esas inversiones de alto valor agregado”. La frase no es sólo un deseo; es la declaración de una estrategia que lleva años gestándose desde Chihuahua Futura y que podría detonar una transformación sin precedentes en el tejido urbano, social y económico del suroriente de la ciudad.

Desde 2017, tras su regreso de Silicon Valley, donde impulsó un software de gestión de proyectos, Nuñez se integró al Consejo de Innovación del CODER y ello derivó en el liderazgo del área de especialización Inteligente “Hábitat y Calidad de Vida” en Chihuahua Futura. Desde ahí, ha sido pieza clave en el desarrollo del plan maestro para el Distrito Sur Oriente, un espacio históricamente marginado que hoy se perfila como una oportunidad estratégica para el desarrollo sostenible y la atracción de inversión.

Diagnóstico de una zona olvidada… con potencial inigualable

La zona sur-oriente de Chihuahua enfrenta retos profundos. Según Nuñez, “es una zona con muchos problemas, muchos rezagos, muchas carencias”, que van desde la falta de infraestructura básica hasta la contaminación por residuos mineros, inseguridad y un fuerte desbalance entre zonas habitacionales y oportunidades laborales.

A pesar de esto, o quizá precisamente por ello, el Distrito Sur Oriente se presenta como un lienzo en blanco para construir una nueva ciudad dentro de la ciudad. Nuñez lo dice sin titubeos: “Es la única zona en el estado que está, si no ya lista, la más avanzada en temas de lo necesario para recibir inversiones de alto valor agregado”.

Y no es una afirmación al aire. Ahí convergen condiciones logísticas, energéticas e hídricas excepcionales:

Un gasoducto que bordea la zona.

Una planta de tratamiento que podría dar agua suficiente para “cuatro Teslas”.

Capacidad eléctrica disponible para duplicarse.

Tres aeropuertos, infraestructura carretera y ferroviaria clave.

Una ciudad de última generación para atraer talento y oportunidades

La visión detrás del Distrito es ambiciosa: diseñar una ciudad del futuro, pero adaptada a las realidades del entorno chihuahuense. “Tenemos que pensar en ciudades que, por un lado, se desarrollen un poco más verticalmente en sentido de dónde agrupas o los centros de trabajo o los centros habitacionales y generas espacios abiertos”, dice Nuñez. El objetivo es claro: mejor convivencia, menor impacto ambiental, integración social, y sobre todo, resiliencia ante el clima extremo.

El concepto de ciudad inteligente también ocupa un lugar central en el proyecto. Lejos de la ciencia ficción, se trata de una urbe eficiente: “Una ciudad inteligente es aquella que soluciona y atiende de manera eficiente al ciudadano y atiende los retos que le generan el crecimiento y la competencia”.

Todos juntos o no vuela

Uno de los pilares del proyecto es la colaboración. El arquitecto lo deja claro: “Aquí es, o todos juntos, o no vuela”. Este proyecto necesita una visión compartida y una alianza estratégica que sume capacidades, recursos y voluntades. Por ello, se busca la articulación de todos los actores involucrados —gobierno, sector privado, academia y sociedad— a través de un consejo de grandes poseedores de tierra y un comité técnico multidisciplinario que incluya economistas, sociólogos, antropólogos y urbanistas.

En esta fase, Chihuahua Futura juega un papel clave por su imparcialidad: “Hoy somos Chihuahua Futura, hoy somos totalmente imparciales y ningún beneficio específico en la zona, más que la ciudad se desarrolle”.

Agua tratada: el oro azul del desarrollo industrial

Lejos de lo que muchos podrían pensar, el suroriente cuenta con ventajas logísticas y técnicas que ya lo posicionan como una zona estratégica para el desarrollo. Agua natural, tratada, y subterránea y de la mina de San Antonio; gas; disponibilidad de energía eléctrica; una conexión ferroviaria; acceso a carreteras clave, y tres aeropuertos a menos de 30 minutos —el internacional de Chihuahua, el aeropuerto de Aldama militar y el del cruce del Libramiento Sur-Oriente con la carretera Chihuahua Aldama Aquiles Serdán—.

Uno de los elementos más innovadores del proyecto es el aprovechamiento de agua tratada para procesos industriales. La planta sur procesa actualmente 1,300 litros por segundo, que simplemente se desperdician. Nuñez propone replicar un modelo exitoso que se estudió y está en proceso en la planta de tratamiento del norte de la ciudad: “Si a esta agua la tratáramos, le hiciéramos un tratamiento terciario tendríamos para cuatro Teslas. Así de sencillo, no más para ponerla en dimensión”.

Esto no sólo permitiría sustituir el uso de agua potable en la industria, sino que convertiría a la zona en un polo de atracción para empresas que buscan sostenibilidad, especialmente en el contexto del nearshoring.

Contaminación de Ávalos: un reto que no detendrá el progreso

Una preocupación recurrente es la contaminación en la antigua planta de Ávalos. Aunque representa un desafío de remediación a largo plazo, Nuñez es claro: “No por eso vamos a detener el desarrollo de las otras 9,000 hectáreas y las 250,000 personas que hoy viven ahí con el rezago que tienen”.

Hay propuestas en la mesa para el reprocesamiento de residuos y remediación de suelos, y aunque llevará décadas resolverlo, no es excusa para frenar un desarrollo urgente y necesario.

¿Qué viene? Convocatoria, consejo y coordinación

El proyecto está entrando en una fase clave: la convocatoria a todos los actores con interés en el desarrollo del sur-oriente.

“Estamos pensando convocar esta primera reunión con todos los posibles inversionistas hacia finales de este mes de agosto”, anticipa Nuñez. Se están integrando despachos legales, mercadológicos y técnicos que ayuden a darle viabilidad y sostenibilidad al megaproyecto.

Pero más allá de la rentabilidad económica, el arquitecto enfatiza que “para nosotros la primera rentabilidad que tiene que haber es la social y la ambiental”.

Una oportunidad que Chihuahua no puede dejar pasar

La ciudad tiene ante sí un desafío del tamaño de su historia: transformar el sur- oriente no solo en una zona urbanizada, sino en una ciudad del futuro, que eleve la calidad de vida, aproveche recursos estratégicos y se convierta en motor de desarrollo económico. Nuñez lo resume mejor que nadie:

“El chiste es que tiene que ser un proyecto pensado de primer mundo para que realmente lleguemos a ese tipo de solución”