El empresariado de Chihuahua: respeto ganado, confianza en construcción

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Por Jorge Cruz Camberos

En Chihuahua hemos hecho muchas cosas bien

Tenemos empresas sólidas, generamos empleo, atraemos inversión y, en buena medida, sostenemos la economía local incluso cuando el contexto nacional no ayuda. Eso es un hecho.

También es cierto algo más: la gente ya no nos ve como los culpables de los problemas de la ciudad. Y eso no es menor. Durante años el discurso fue otro. Hoy, ese ánimo antiempresarial se ha diluido.

Pero aquí viene la parte incómoda —y necesaria— de la conversación: tampoco nos ven claramente como los grandes aliados del bienestar social.

No hay enojo. Hay distancia.

Los estudios recientes sobre percepción empresarial en Chihuahua muestran algo muy claro: el empresariado es respetado, pero no siempre comprendido. Se reconoce que generamos empleo, pero persiste la idea de que pagamos mal. Se acepta que invertimos, pero crece la percepción de que contaminamos. Y quizá lo más delicado: cada vez menos jóvenes aspiran a ser empresarios.

Eso debería prender todas las alertas.

Porque si ser empresario deja de ser aspiracional, algo estamos haciendo mal. No en los números, sino en el vínculo con la sociedad. Durante mucho tiempo asumimos que bastaba con hacer bien nuestro trabajo: producir, cumplir la ley, pagar impuestos y apoyar causas sociales. Y aunque todo eso sigue siendo indispensable, hoy ya no es suficiente. La sociedad espera algo más de nosotros: presencia, claridad y liderazgo.

Lo mismo pasa con nuestros organismos empresariales. Hay cámaras y asociaciones que hacen un trabajo valioso, técnico, serio. Pero la realidad es que la mayoría de los empresarios y, sobre todo, la ciudadanía, no sabe qué hacen ni para qué sirven. No por falta de resultados, sino por falta de conexión.

Hemos sido buenos operando hacia adentro, pero débiles comunicando hacia afuera.

Y cuando el empresariado no cuenta su historia, alguien más la cuenta por nosotros.

La buena noticia es que Chihuahua está listo para dar el siguiente paso. Hoy hay más conciencia dentro del sector privado sobre el bien común, sobre la necesidad de involucrarnos en temas como planeación urbana, educación técnica, medio ambiente y desarrollo social. También hay una sociedad que espera —y exige— que los empresarios participemos más en el rumbo de la ciudad.

No se trata de política partidista. Se trata de corresponsabilidad.

Si queremos una Chihuahua más competitiva, más justa y con mejor calidad de vida, necesitamos un empresariado más cercano, más visible y más comprometido con la conversación pública. Y organismos empresariales que evolucionen de la representación sectorial al liderazgo cívico.

El crecimiento económico, por sí solo, ya no alcanza. El verdadero desarrollo es el que mejora la vida de las personas y se construye en conjunto.

Chihuahua tiene con qué lograrlo. Ahora nos toca demostrarlo.