Durante años, cuando hablábamos del nearshoring en Chihuahua, la conversación casi siempre terminaba en los mismos números: cuántas empresas llegaron, cuántos millones de dólares invirtieron, cuántos empleos se generaron y cuántos metros cuadrados de naves industriales se ocuparon.
Y sí, todos esos datos importan. Mucho.
Pero quizá ya estamos entrando en una etapa distinta. Porque después de atraer inversión, abrir plantas y generar empleos, la pregunta que sigue es mucho más interesante: ¿cuánto de todo ese crecimiento realmente se está quedando en Chihuahua?
De atraer empresas a construir un ecosistema
Chihuahua tiene razones para presumir. En 2025 alcanzó alrededor de 47 mil 551 millones de dólares en exportaciones acumuladas, consolidándose entre los principales estados exportadores de México. Además, la industria manufacturera de exportación representa una parte enorme de su actividad económica y laboral.
Y la historia sigue creciendo. En 2026, por ejemplo, Inventec anunció una inversión de 450 millones de dólares en Ciudad Juárez, con la expectativa de generar más de 6 mil empleos.
El problema no es que falte inversión. Al contrario: la inversión está llegando.
La pregunta es qué ocurre alrededor de ella.
Porque una planta puede instalarse en Chihuahua, contratar miles de personas y exportar millones de dólares, pero eso no significa automáticamente que toda esa riqueza se quede dentro de la economía local.
Ahí está el siguiente reto: que las empresas chihuahuenses también sean protagonistas de esta historia.
El verdadero indicador podría estar en las empresas pequeñas
Imaginemos por un momento que una compañía internacional llega a Chihuahua y necesita proveedores de logística, software, mantenimiento, ingeniería, empaques, transporte, servicios especializados o componentes.
La noticia importante no sería únicamente que esa compañía abrió una nueva planta.
Sería saber cuántas empresas locales lograron convertirse en sus proveedoras.
Y todavía mejor: cuántas de esas empresas contrataron más talento, invirtieron en tecnología, aumentaron sus ventas y eventualmente comenzaron a vender fuera de Chihuahua.
Ahí es donde el nearshoring deja de ser solamente una historia de inversión extranjera y comienza a convertirse en una historia de desarrollo empresarial local.
Ya existen esfuerzos para fortalecer esta conexión. En 2026, por ejemplo, Chihuahua puso en marcha un programa para desarrollar MiPyMEs proveedoras de la industria minera, con capacitación, consultoría, vinculación y herramientas para fortalecer sus capacidades.
Ese tipo de iniciativas apuntan justamente hacia algo que puede convertirse en la siguiente gran conversación económica del estado: no solamente atraer empresas, sino preparar empresas locales para competir por las oportunidades que esas inversiones generan.
¿Cuánto llega? Ahora preguntémonos cuánto deja
Tal vez llegó el momento de cambiar la forma en la que contamos la historia.
Dejar de preguntar únicamente cuántos metros cuadrados industriales se ocuparon y comenzar a preguntar cuántos proveedores locales crecieron.
Dejar de celebrar solamente los empleos creados y observar también qué tan especializados son, cuánto pagan y qué nuevas capacidades están desarrollando.
Dejar de hablar únicamente de exportaciones y preguntarnos cuántas empresas chihuahuenses están logrando exportar por cuenta propia.
Y, sobre todo, comenzar a medir algo que no cabe fácilmente en una fotografía de una nueva nave industrial: la transferencia de conocimiento.
Porque si una empresa global llega, produce y exporta desde Chihuahua, pero el conocimiento, la tecnología y las decisiones estratégicas permanecen completamente fuera del estado, estamos aprovechando solamente una parte de la oportunidad.
El verdadero salto sería conseguir que esa presencia genere nuevas empresas, talento especializado, innovación y capacidades que permanezcan aquí incluso cuando cambien las condiciones internacionales.
El nearshoring puede ser mucho más que nuevas fábricas.
Puede convertirse en una plataforma para que Chihuahua construya una economía empresarial más sofisticada, con proveedores capaces de competir globalmente y compañías locales que no solamente trabajen para las grandes multinacionales, sino que algún día puedan convertirse en ellas.
Porque quizá dentro de algunos años la pregunta ya no debería ser “¿cuántas empresas llegaron a Chihuahua?”
La pregunta que realmente nos dirá si aprovechamos el momento será otra:
¿Cuántas empresas chihuahuenses crecieron porque esas empresas llegaron?
Ahí estará la verdadera medida del nearshoring.
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