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Estados Unidos ya no sólo quiere saber dónde se fabrica, quiere saber de dónde viene cada pieza

Por Jorge Cruz Camberos

Chihuahua aprovechó la primera ola del nearshoring por estar cerca de Estados Unidos. La siguiente competencia será más difícil: demostrar cuánto de lo que exportamos realmente se produce en Norteamérica.

Durante años tuvimos una gran ventaja: estábamos cerca.

Mientras una fábrica en Asia necesitaba cruzar un océano para llegar al mercado estadounidense, Chihuahua podía subir un producto a un tráiler y tenerlo del otro lado de la frontera en cuestión de horas.

Así entendimos el nearshoring.

Pero esa conversación está cambiando.

Estados Unidos ya no sólo está preguntando dónde se armó un producto.

Está empezando a preguntar algo mucho más incómodo: ¿De dónde viene cada pieza?

Y para Chihuahua, uno de los estados más industriales y exportadores de México, esa pregunta puede cambiarlo todo.

De nearshoring a trusted-shoring

Las negociaciones comerciales entre México y Estados Unidos están entrando a una etapa mucho más profunda que la discusión sobre aranceles.

La oficina del Representante Comercial de Estados Unidos ha puesto sobre la mesa conceptos como seguridad económica, fortalecimiento de las reglas de origen y reducción de la dependencia de insumos provenientes de fuera de Norteamérica.

Y recientemente, The Wall Street Journal reportó que Washington estaría analizando reglas más estrictas para componentes utilizados en servidores, chips y equipo relacionado con inteligencia artificial fabricado en México.

Todavía es una negociación. No existe hoy una nueva regla definitiva para servidores.

Pero la señal es clarísima.

La siguiente etapa del comercio norteamericano puede pasar del nearshoring al trusted-shoring.

No basta con estar cerca.

Hay que ser parte de una cadena confiable, trazable y verificable.

Y aquí Chihuahua tiene una enorme oportunidad… pero también una vulnerabilidad

México exportó más de 85 mil millones de dólares en máquinas para procesamiento de datos durante 2025.

Chihuahua se ha convertido en uno de los grandes centros de producción de servidores y equipo de cómputo de Norteamérica.

Sólo durante el primer trimestre de 2026, nuestro estado exportó casi 36 mil millones de dólares. Más del 70% correspondió a equipo de computación.

Es espectacular.

Pero hay otro número que deberíamos estar discutiendo con la misma intensidad: 91 de cada 100 pesos de insumos utilizados por la industria IMMEX en Chihuahua son importados.

En Ciudad Juárez la proporción llega aproximadamente a 96 de cada 100.

Eso no significa que esos insumos sean chinos. Una parte importante proviene de Estados Unidos y de otros países.

Significa algo más sencillo: todavía dependemos muchísimo de componentes que no producimos aquí.

Ahí está el verdadero reto

Hoy, bajo ciertas reglas de origen, un servidor puede calificar como producto norteamericano aunque una parte importante de sus componentes venga de fuera de la región.

La transformación final ocurre aquí.

El producto sale de Chihuahua.

La exportación cuenta como mexicana.

Pero las tarjetas, circuitos, fuentes de poder, semiconductores y muchos otros componentes pueden venir de miles de kilómetros de distancia.

Durante años eso funcionó.

El problema es que Estados Unidos está empezando a mirar la cadena completa.

Y si mañana endurece gradualmente las reglas de origen, Chihuahua tendría dos caminos.

El primero es peligroso: que algunas empresas decidan mover producción hacia Texas, Arizona u otras regiones donde se está construyendo una cadena tecnológica más integrada.

El segundo es muchísimo más interesante:empezar a fabricar aquí parte de lo que hoy importamos.

No necesitamos fabricar todo

Ése sería un error.

Chihuahua no tiene que cerrar sus puertas a Asia ni pretender producir cada tornillo, chip o tarjeta que utiliza nuestra industria.

Tenemos que ser mucho más inteligentes.

Propongo algo concreto: Crear el Mapa de Dependencias Estratégicas de Chihuahua.

Sentar en una misma mesa a las grandes empresas exportadoras, INDEX, cámaras empresariales, Gobierno del Estado, universidades y organismos de desarrollo económico.

Y responder tres preguntas muy sencillas: ¿Cuáles son los 50 componentes que más importamos para sostener nuestras principales exportaciones?

¿De qué países vienen?

¿Cuáles de ellos podríamos producir competitivamente en Chihuahua?

Después escoger diez.

No cincuenta.

Diez.

Y construir alrededor de ellos una estrategia real de desarrollo de proveedores.

Porque ahí puede estar la siguiente generación de empresas chihuahuenses

Durante décadas nuestra política industrial estuvo enfocada en atraer grandes fábricas.

Y funcionó.

Ahora tenemos que dar el siguiente paso.

Una pequeña empresa local no se convierte en proveedor de una multinacional porque la invitemos a una feria.

Necesita demanda.

Necesita certificaciones.

Necesita financiamiento.

Necesita tecnología.

Necesita talento.

Y, sobre todo, necesita saber que si invierte para alcanzar los estándares internacionales tendrá una posibilidad real de vender.

Por eso el desarrollo de proveedores debe dejar de ser un programa aislado y convertirse en una política económica central.

Las grandes empresas pueden ayudarnos identificando componentes.

El gobierno puede facilitar certificaciones y financiamiento.

Las universidades y centros técnicos pueden desarrollar capacidades.

Y nuestros empresarios pueden hacer lo que mejor saben hacer: construir empresas.

Ésta puede ser una gran oportunidad para Chihuahua

Hay algo paradójico en nuestro modelo económico.

Exportamos cantidades históricas.

Tenemos algunas de las plantas más sofisticadas del mundo.

Fabricamos servidores, vehículos, componentes aeroespaciales y dispositivos médicos.

Pero todavía podemos capturar mucho más del valor que pasa todos los días por nuestras fábricas.

La siguiente década no debería medirse solamente por cuántas plantas nuevas llegaron.

Deberíamos empezar a medir también cuántos proveedores chihuahuenses crecieron, cuánto aumentó el contenido regional, cuánta tecnología aprendimos y cuánto valor se quedó aquí.

Porque ésa es la discusión que viene.

Estados Unidos quiere cadenas más seguras.

México necesita construir más industria propia.

Y Chihuahua está exactamente en medio de esa transformación.

La primera etapa del nearshoring la ganamos por geografía.

La siguiente no se va a ganar solamente estando cerca.

Se va a ganar siendo indispensables.

El nearshoring nos trajo fábricas.

El trusted-shoring puede ser la oportunidad para construir industria propia.

LEER MÁS: El T-MEC que viene puede ser más importante para Chihuahua que el nearshoring

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