Por Martín Zermeño
FRANCISCO BARRIO IN MEMORIAM
Francisco Barrio Terrazas ocupa un lugar central en la historia contemporánea de la democracia mexicana. No se trata únicamente de un político que ganó elecciones relevantes, sino de un actor que encarnó —en contextos adversos— la transición del autoritarismo electoral hacia una competencia política real. Su trayectoria está íntimamente ligada a la apertura democrática del norte del país y, por extensión, a la transformación institucional de México.
En 2025, el año pasado tuve el privilegio de reunirme con Barrio en tres ocasiones con motivo de la edición del libro “Repensar el 85”, en dos momentos en su casa de Ciudad Juárez y en una en El Paso, Texas; charlamos varias horas del momento que vive México y de la historia; de los 80, su arribo “de la nada” a la Presidencia Municipal de Juárez, del verano caliente de 1986, de su llegada al gobierno del estado de Chihuahua en 1996, la alternancia del 2000 con Vicente Fox y su desempeño como Embajador.
El primer hito ocurre en 1983, cuando Barrio gana la presidencia municipal de Ciudad Juárez. Aquella elección fue más que un triunfo local: representó una ruptura simbólica con décadas de hegemonía priista en una de las ciudades más estratégicas del país. En un contexto de crisis económica y creciente descontento social, la victoria de Barrio evidenció que el voto opositor podía organizarse, defenderse y traducirse en poder efectivo.
Desde la alcaldía, Barrio Terrazas impulsó una forma distinta de ejercer el gobierno municipal: austera, frontal y con énfasis en la rendición de cuentas. Su administración fue observada con lupa tanto por sus adversarios como por una ciudadanía que comenzaba a exigir gobiernos menos patrimonialistas. Ciudad Juárez se convirtió así en un laboratorio temprano de alternancia democrática.
HACE 40 AÑOS, EL VERANO CALIENTE DEL 86
El segundo momento clave llega en el llamado “verano caliente” de 1986, cuando Francisco Barrio contendió por la gubernatura de Chihuahua y perdió en un proceso ampliamente señalado como fraudulento. Aquella derrota, lejos de diluir su liderazgo, lo consolidó como símbolo de resistencia cívica. Las movilizaciones postelectorales marcaron un antes y un después en la defensa del voto en México.
El fraude de 1986 no solo afectó a un candidato; puso en evidencia las limitaciones estructurales del sistema electoral mexicano. Barrio y el movimiento que lo respaldó lograron colocar en la agenda nacional la urgencia de reformas democráticas, anticipando debates que años después darían lugar a instituciones electorales más autónomas y confiables.
Ese episodio fue decisivo porque transformó la narrativa de la oposición: de la queja aislada a la construcción de una causa colectiva. Chihuahua se convirtió en referente nacional de lucha cívica, y Francisco Barrio emergió como una figura que vinculaba la indignación social con una propuesta política institucional.
Me confesó que varios amigos empresarios de él montaron una estación de radio clandestina en El Paso, Texas para mandar información a la comunidad chihuahuense sobre los acontecimientos políticos que estaban sucediendo, orillados por la cerrazón de los medios en Chihuahua y que, en una estrategia centrada en el aquel Distrito Federal del 86, contactaron a todos los corresponsales del mundial de futbol México 86, para hacerles llegar información puntal del proceso electoral. Lograron llamar la atención mundial a través de los medios internacionales de comunicación; la estrategia de resistencia civil, las huelgas de hambre de Barrio y Luis H. Álvarez evidenciaron a la “dictadura perfecta” priista.
El tercer momento, en 1992, cierra un ciclo histórico. Barrio Terrazas gana finalmente la gubernatura de Chihuahua, convirtiéndose en el primer gobernador de oposición en la historia moderna del estado. Este triunfo no fue un accidente político, sino el resultado de casi una década de organización ciudadana, presión social y aprendizaje democrático.
Su llegada al Ejecutivo estatal representó una alternancia real, no solo formal. Gobernar después de décadas de un solo partido implicó desmontar inercias, resistencias internas y prácticas profundamente arraigadas. Barrio asumió el poder con la legitimidad que otorga una victoria clara y con la responsabilidad de demostrar que la oposición también sabía gobernar.
Desde la gubernatura, su administración fortaleció la idea de que la democracia no se agota en las urnas, sino que se construye día a día mediante instituciones, legalidad y límites al poder. En ese sentido, su legado no puede medirse únicamente en políticas públicas, sino en la normalización de la alternancia como regla democrática.
Hoy, a la distancia, Francisco Barrio Terrazas puede ser reconocido con justicia como precursor de la democracia mexicana. Su trayectoria —1983, 1986 y 1992— traza una línea clara entre la protesta, la resistencia y la consolidación institucional. Líder de los “barbaros del norte”.
Años después participó como diputado federal, como Secretario de la Contraloría en el gabinete presidencial de Vicente Fox y como Embajador de México en Canadá.
En tiempos de incertidumbre democrática, su historia recuerda que el cambio político profundo es gradual, costoso y, sobre todo, posible.
EL LEGADO DE PANCHO BARRIO
El legado de Francisco Barrio Terrazas a México y a los mexicanos radica en haber demostrado, con hechos y perseverancia, que la democracia se construye desde la resistencia cívica, la defensa del voto y la alternancia real en el poder; su trayectoria —de la victoria municipal de 1983, pasando por la denuncia del fraude de 1986, hasta el triunfo histórico de 1992— contribuyó a debilitar el autoritarismo electoral, a impulsar reformas democráticas y a normalizar la idea de que los gobiernos pueden y deben cambiar mediante elecciones libres, fortaleciendo así la cultura democrática y la exigencia ciudadana de legalidad, rendición de cuentas y límites al poder.
Mi última comunicación con Barrio vía WhatsApp fue el 12 de diciembre en donde me comentaba que después de someterse a una cirugía de corazón abierto el 1 de diciembre, podría estar por lo menos otra semana más por complicaciones, antes de Navidad le escribí y ya no hubo respuesta, el día 30 su familia confirmó que había fallecido en Houston.
En tiempos de incertidumbre democrática, su historia recuerda que el cambio político profundo es gradual, costoso y, sobre todo, posible.
Chihuahua perdió a uno de sus líderes contemporáneos, mis condolencias para Hortensia Olivas Vda. de Barrio y a sus hijos Marcela, Cecilia, Adriana, Victoria y Francisco. Descanse en paz.
















