Frente al miedo, seguimos caminando

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Por Ricardo Huerta

Cuando las cosas se ponen difíciles, es cuando aparecen los verdaderos héroes. Es fácil alzar la voz cuando todo está en calma, cuando nadie te observa, cuando no hay consecuencias. Pero hoy, en este México herido, alzar la voz significa algo más: significa coraje.

La situación de inseguridad que enfrenta nuestro país es más que alarmante: es angustiante. Nos invade un miedo que ya no es abstracto, que ya no es remoto. Es el miedo de salir a la calle y no volver. El miedo de manifestarnos pacíficamente y encontrarnos con la fuerza desmedida del Estado. El miedo de ser asesinados por atreverse a señalar lo que está mal. Este miedo no es un síntoma aislado: es el reflejo de un país que está siendo empujado hacia la oscuridad.

Pero en medio de esa oscuridad, surgen los más valientes. Porque hay mexicanos —y cada vez somos más— que, aún con miedo, se niegan a quedarse sentados. Que se levantan. Que se organizan. Que dicen basta.

Eso ocurrió el pasado viernes en Chihuahua, cuando nos congregamos como parte del movimiento Líderes PRO México. Fue un acto sencillo, pero profundamente poderoso. Nos unió una causa: rescatar a México del abandono, de la polarización, de la represión disfrazada de orden. Nos une el deseo de construir, no de imponer; de sanar, no de dividir. Somos una agrupación de mexicanas y mexicanos comprometidos, con convicciones y con un amor profundo por este país. Y no nos vamos a quedar de brazos cruzados.

Desde Chihuahua hasta cada rincón de la República, seguiremos caminando. No nos mueve el odio, sino la esperanza. No nos define la queja, sino la propuesta. Iremos ciudad por ciudad, comunidad por comunidad, convenciendo a más personas de que sí se puede cambiar la realidad. De que un México más libre, más justo y más seguro no sólo es deseable: es posible. Y que, unidos, es mucho más alcanzable.

Sabemos que no será fácil. Sabemos que los autoritarismos no se desmontan con discursos bonitos. Pero también sabemos que la historia de México está hecha de ciudadanos que se atrevieron. Que no esperaron permiso. Que no agacharon la cabeza. Por eso hoy, más que nunca, debemos salir a las calles con un sólo grito: libertad.

Libertad para disentir. Libertad para vivir sin miedo. Libertad para construir un país que no se gobierne desde el resentimiento, sino desde la razón y la empatía.

Lectores, no esperemos a que sea demasiado tarde. No esperemos a perder completamente el país que tantos han defendido antes que nosotros. Este es nuestro momento. Este es nuestro deber.

Porque los verdaderos héroes no siempre llevan capa. A veces, simplemente se atreven a dar el primer paso.

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