El motor silencioso de la energía moderna
Mientras el mundo discute cómo acelerar la transición hacia energías limpias, hay un protagonista que ya está sosteniendo el sistema eléctrico global: el gas natural. Aunque sigue siendo un combustible fósil, su menor impacto ambiental frente al carbón y el petróleo lo ha convertido en el llamado “combustible de transición”, una pieza clave para que la economía mundial pueda seguir funcionando mientras avanza hacia fuentes renovables.
Hoy, este energético ya no es marginal: representa cerca del 20% de la generación eléctrica mundial y alrededor del 60% en México, lo que lo convierte en uno de los pilares reales de la estabilidad energética.
Un combustible fósil… pero mucho más limpio
El gas natural emite entre 30% y 45% menos dióxido de carbono (CO₂) que otros combustibles fósiles como el carbón o el combustóleo. Esta diferencia lo ha colocado como la alternativa más viable para países que necesitan reducir emisiones sin poner en riesgo el suministro eléctrico.
A diferencia de las energías renovables —que dependen del clima y de la infraestructura— el gas natural es despachable, estable y flexible, lo que significa que puede generar electricidad cuando la demanda lo requiere, algo fundamental para las ciudades, la industria y el crecimiento económico.
Por eso, mientras se construyen parques solares, eólicos y nuevas redes eléctricas, el gas natural se ha convertido en el puente entre el modelo energético viejo y el nuevo.
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El boom del gas natural licuado (GNL)
Dentro del mercado del gas, el segmento que más crece es el gas natural licuado (GNL), que permite transportar gas por barco a cualquier parte del mundo, sin depender de ductos. Esto ha transformado el comercio energético global.
El líder absoluto en este mercado es Estados Unidos, hoy el mayor productor y exportador de gas natural del planeta. Su capacidad de exportación de GNL alcanza los 15,400 millones de pies cúbicos diarios, casi el doble de todo lo que consume México, que ronda los 8,400 millones de pies cúbicos al día.
Esto posiciona a Estados Unidos como potencia energética, que lo convierte en el proveedor clave para países que buscan dejar atrás el carbón y reducir emisiones sin sacrificar confiabilidad.
Rio Grande LNG: el tamaño real del nuevo negocio energético
Un ejemplo claro de esta transformación es el proyecto Rio Grande LNG, de la empresa NextDecade, que se construye en Brownsville, Texas, justo frente a la frontera con México.
Esta terminal tendrá una capacidad inicial de 48 millones de toneladas anuales de GNL y representa una inversión de 31,800 millones de dólares, lo que la coloca entre los proyectos energéticos más grandes del continente.
No se trata solo de una obra industrial: es una plataforma estratégica que conecta la producción masiva de gas de Estados Unidos con los mercados de Europa, Asia y América Latina.
El gas natural no es el futuro… es el presente
Que el gas natural represente cerca del 20% de la generación eléctrica mundial —y 60% en México— no es una casualidad. Es la evidencia de que el mundo necesita una fuente de energía que sea más limpia que el carbón, más confiable que las renovables intermitentes y más económica que muchas alternativas.
En un contexto de transición energética, el gas natural es el colchón que evita apagones, crisis industriales y choques económicos. Sin él, la transición sería mucho más lenta, más cara y más riesgosa.
Por eso, proyectos como Rio Grande LNG y el liderazgo energético de Estados Unidos no solo están redefiniendo el mercado del gas: están sosteniendo el sistema eléctrico global mientras el mundo construye su siguiente etapa energética.
En pocas palabras, el gas natural no es una energía del pasado.
Es el combustible que está haciendo posible el futuro.

















