Top 5 Esta semana

Conoce nuestra revista impresa

Gobierno abierto: que Chihuahua funcione mejor

Por Jorge Cruz Camberos

Durante años hemos pensado que gobernar es decidir desde una oficina, anunciar una obra, cortar el listón y luego explicar —si se puede— por qué se hizo.

Pero las ciudades modernas ya no pueden funcionar así.

Chihuahua está creciendo, se está volviendo más compleja y cada decisión cuesta más: movilidad, seguridad vial, agua, desarrollo urbano, trámites, parques, presupuesto, servicios públicos. Ya no alcanza con buenas intenciones. Se necesita método.

Y ahí entra una idea que suena técnica, pero en realidad es bastante simple: gobierno abierto.

Gobierno abierto no es subir PDFs a una página de transparencia. Tampoco es hacer una consulta para cumplir el requisito. Es cambiar la forma en que se toman decisiones.

Un gobierno abierto funciona distinto: primero entiende el problema con datos, luego abre la conversación con ciudadanos, expertos, empresas y academia; después prueba soluciones en pequeño, mide resultados y corrige públicamente lo que no funcionó.

En pocas palabras: deja de improvisar.

Chihuahua ya tiene algunas piezas importantes. Existe el Presupuesto Participativo, donde los ciudadanos pueden proponer y votar obras para sus colonias. También hay avances en trámites digitales, pagos en línea, sesiones de Cabildo, gacetas y portales de transparencia. Además, desde la sociedad civil y el sector empresarial ya existe una herramienta muy poderosa: el PICsp, que monitorea cientos de indicadores económicos y sociales para entender mejor la realidad de Chihuahua.

El problema es que todavía muchas veces la información está por un lado, las decisiones por otro y la participación ciudadana aparece demasiado tarde.

La gran oportunidad es conectar todo.

Imaginen una plataforma municipal donde cualquier ciudadano pueda ver, en tiempo real, cuánto cuesta una obra, quién la ejecuta, en qué etapa va, cuánto se ha pagado y qué impacto está generando. No un boletín bonito. Un tablero claro.

Imaginen reportar un bache, una luminaria fundida o un cruce peligroso desde el celular, darle seguimiento como si fuera un pedido de Amazon y saber cuándo se resolvió.

Imaginen usar inteligencia artificial para detectar zonas con más accidentes viales, mapear tiempos de traslado, priorizar semáforos inteligentes, mejorar rutas de transporte y decidir dónde invertir primero.

Imaginen consultas ciudadanas georreferenciadas, donde las colonias puedan opinar sobre parques, banquetas, ciclovías, seguridad o movilidad, pero con datos reales sobre el problema. No grilla. Información.

También podemos usar tecnología para hacer presupuestos más entendibles. La gente no tiene por qué ser contadora para saber en qué se gasta su dinero. Un presupuesto abierto debe ser visual, sencillo y rastreable.

Y algo clave: probar antes de gastar millones.

Si queremos rediseñar una calle, mejorar una zona escolar o cambiar la movilidad de un sector, primero hagamos pilotos. Midamos tráfico, seguridad, percepción ciudadana y tiempos de traslado. Si funciona, se escala. Si no funciona, se corrige.

Así operan las empresas inteligentes. Así deberían operar las ciudades.

Gobierno abierto no significa que todos decidan todo. Significa que el gobierno decide mejor porque escucha más, mide mejor y corrige más rápido.

Chihuahua tiene talento, empresas, universidades, organismos ciudadanos y datos. Lo que falta es convertir esa inteligencia colectiva en una forma permanente de gobernar.

Porque el futuro de la ciudad no se construye con ocurrencias. Se construye con información, participación y resultados.

Gobernar no es decidir solo.

Gobernar bien es decidir mejor.

LEER MÁS: Chihuahua necesita recuperar el volante

Conoce nuestra revista impresa

Haz Clic Aqui

Chihuahua necesita recuperar el volante

27 abril, 2026

2 min.read

Avenida con tráfico urbano en Chihuahua, con autos en circulación y semáforos, representando los retos de movilidad y seguridad vial en la ciudad.
El crecimiento de Chihuahua exige repensar la movilidad: menos multas y más estrategia para calles seguras y eficientes.

Por Jorge Cruz Camberos

Chihuahua ya no es la ciudad de hace 35 años. Creció la mancha urbana, crecieron los fraccionamientos, crecieron los parques industriales, crecieron las escuelas, los centros comerciales… y, claro, también creció el tráfico.

Lo raro es que una parte clave de la movilidad de la capital no la opera directamente el Municipio. Vialidad y Tránsito ha estado por décadas bajo control del Gobierno del Estado mediante convenios. En su momento pudo haber tenido una explicación política, operativa o de seguridad. Pero hoy la pregunta ya no es por qué pasó. La pregunta es si tiene sentido seguir igual.

Yo creo que no.

El siguiente gobierno municipal debe plantearse seriamente recuperar el manejo de tránsito. No como pleito con el Estado, sino como evolución natural de una ciudad que quiere gobernarse con visión moderna.

Porque tránsito no puede seguir viéndose como patrulla, multa y grúa. Tránsito debe ser movilidad, seguridad vial, tecnología, prevención y competitividad.

Una ciudad moderna necesita semáforos inteligentes, cruceros bien diseñados, pintura visible, señalética clara, cámaras, datos, inteligencia artificial y una estrategia agresiva para reducir accidentes. No se trata de pintar dos rayas y cambiar tres focos para la foto. Se trata de hacer una inversión de fondo después de más de tres décadas de rezago.

Y aquí está lo más importante: el objetivo no debe ser recaudar más, sino salvar más vidas.

Uno de los indicadores que más golpean a Chihuahua en competitividad es la seguridad vial. Una ciudad donde moverse es lento, peligroso y desordenado pierde calidad de vida, productividad y atractivo para el talento. Pierde horas familiares. Pierde confianza. Y, en los casos más graves, pierde vidas.

Por eso tránsito debe dejar de ser visto como una caja chica y empezar a ser entendido como una política pública seria.

En muchos municipios del país, tránsito funciona de la mano de la policía municipal, movilidad urbana, desarrollo urbano e ingeniería vial. No es ciencia ficción. Es administración moderna.

La autoridad municipal es la que mejor conoce dónde se hacen los cuellos de botella, qué cruceros son peligrosos, dónde hace falta señalética, qué zonas escolares necesitan protección y qué avenidas requieren sincronización real.

Esto no significa romper con el Estado. Al contrario: la coordinación debe seguir, sobre todo en seguridad, cámaras, inteligencia y operación metropolitana. Pero la movilidad diaria de la ciudad debe estar más cerca de quien administra la ciudad.

Chihuahua quiere ser la mejor ciudad para vivir. Perfecto. Pero eso no se logra únicamente con parques bonitos, inversión industrial y buenos discursos. También se logra con calles seguras, cruces ordenados, semáforos inteligentes y una cultura vial enfocada en prevenir, no en castigar.

Recuperar tránsito no debe verse como ocurrencia política. Debe verse como una reforma urbana de fondo.

Porque una ciudad moderna también se mide por algo muy sencillo: que puedas cruzar una calle sin jugarte la vida.

LEER MÁS: La seguridad no se aplaude por propaganda; se defiende con resultados

Únete a nuestro canal de WhatsApp y recibe las noticias más relevantes sobre sector empresarial, desarrollo económico y tendencias que impactan a Chihuahua directamente en tu celular.

https://chat.whatsapp.com/FOAvVNy6aQSJ5ZiXDQqbw3?mode=gi_t

LEE NUESTRA REVISTA AQUÍ