Por Jorge Cruz Camberos
Chihuahua ya no es la ciudad de hace 35 años. Creció la mancha urbana, crecieron los fraccionamientos, crecieron los parques industriales, crecieron las escuelas, los centros comerciales… y, claro, también creció el tráfico.
Lo raro es que una parte clave de la movilidad de la capital no la opera directamente el Municipio. Vialidad y Tránsito ha estado por décadas bajo control del Gobierno del Estado mediante convenios. En su momento pudo haber tenido una explicación política, operativa o de seguridad. Pero hoy la pregunta ya no es por qué pasó. La pregunta es si tiene sentido seguir igual.
Yo creo que no.
El siguiente gobierno municipal debe plantearse seriamente recuperar el manejo de tránsito. No como pleito con el Estado, sino como evolución natural de una ciudad que quiere gobernarse con visión moderna.
Porque tránsito no puede seguir viéndose como patrulla, multa y grúa. Tránsito debe ser movilidad, seguridad vial, tecnología, prevención y competitividad.
Una ciudad moderna necesita semáforos inteligentes, cruceros bien diseñados, pintura visible, señalética clara, cámaras, datos, inteligencia artificial y una estrategia agresiva para reducir accidentes. No se trata de pintar dos rayas y cambiar tres focos para la foto. Se trata de hacer una inversión de fondo después de más de tres décadas de rezago.
Y aquí está lo más importante: el objetivo no debe ser recaudar más, sino salvar más vidas.
Uno de los indicadores que más golpean a Chihuahua en competitividad es la seguridad vial. Una ciudad donde moverse es lento, peligroso y desordenado pierde calidad de vida, productividad y atractivo para el talento. Pierde horas familiares. Pierde confianza. Y, en los casos más graves, pierde vidas.
Por eso tránsito debe dejar de ser visto como una caja chica y empezar a ser entendido como una política pública seria.
En muchos municipios del país, tránsito funciona de la mano de la policía municipal, movilidad urbana, desarrollo urbano e ingeniería vial. No es ciencia ficción. Es administración moderna.
La autoridad municipal es la que mejor conoce dónde se hacen los cuellos de botella, qué cruceros son peligrosos, dónde hace falta señalética, qué zonas escolares necesitan protección y qué avenidas requieren sincronización real.
Esto no significa romper con el Estado. Al contrario: la coordinación debe seguir, sobre todo en seguridad, cámaras, inteligencia y operación metropolitana. Pero la movilidad diaria de la ciudad debe estar más cerca de quien administra la ciudad.
Chihuahua quiere ser la mejor ciudad para vivir. Perfecto. Pero eso no se logra únicamente con parques bonitos, inversión industrial y buenos discursos. También se logra con calles seguras, cruces ordenados, semáforos inteligentes y una cultura vial enfocada en prevenir, no en castigar.
Recuperar tránsito no debe verse como ocurrencia política. Debe verse como una reforma urbana de fondo.
Porque una ciudad moderna también se mide por algo muy sencillo: que puedas cruzar una calle sin jugarte la vida.
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