Por Jorge Cruz Camberos
México no necesita un impuesto para millonarios. Necesita un sistema que premie construir
Cada cierto tiempo regresa el mismo debate: que si hay que cobrar más impuestos a los millonarios, que si las grandes fortunas deben “poner más”, que si así se corrige la desigualdad. Suena bien en el discurso. Da buenos titulares. Pero casi siempre esquiva la pregunta importante: ¿cómo construimos un país que genere más prosperidad, no sólo uno que reparta mejor la escasez?
En días recientes volvió a aparecer en México la idea de crear un impuesto a las grandes fortunas. Y aunque políticamente puede resultar rentable venderlo como una medida de justicia social, económicamente el tema merece una conversación mucho más seria y mucho menos emocional.
Porque el problema de fondo de México no es que existan empresarios exitosos. El problema es que nos faltan muchísimos más.
Nos faltan más personas invirtiendo, más empresas creciendo, más capital apostando por proyectos productivos, más innovación, más empleos formales y más regiones del país desarrollándose con fuerza. En un país con enormes rezagos sociales, poner el reflector sólo en cómo cobrarle más al que ya produce puede terminar siendo una salida fácil, pero no necesariamente una salida inteligente.
México no debería arrancar por castigar el patrimonio. Debería empezar por cerrar la evasión, combatir la informalidad, simplificar el sistema tributario y generar incentivos claros para que el capital se quede, se reinvierta y crezca aquí.
Porque una cosa es gravar privilegios improductivos, y otra muy distinta es mandar la señal de que al que le va bien, al que arriesga, al que genera empleo y al que construye empresa, tarde o temprano lo van a convertir en villano fiscal.
Eso no fortalece a un país. Lo achica.
La verdadera discusión no debería ser cómo diseñamos un impuesto popular para pegarle a unos cuantos. La discusión tendría que ser cómo logramos que más mexicanos puedan construir patrimonio, escalar negocios, ahorrar, invertir y heredar mejores oportunidades a sus hijos.
En otras palabras: menos obsesión por castigar la riqueza y más visión para multiplicarla.
Y sí, México necesita recaudar mejor. Pero recaudar mejor no es sinónimo de inventar más impuestos cada vez que aprieta la presión política. Recaudar mejor significa cobrar bien, gastar mejor, eliminar fugas, medir resultados y entender que el crecimiento económico no es enemigo de la justicia social; es su mejor aliado.
Un país como México no va a salir adelante peleándose con quienes producen. Va a salir adelante creando condiciones para que haya muchos más produciendo.
La ruta correcta no es espantar capital. Es darle dirección.
Porque al final, el objetivo no debería ser tener menos millonarios.
Debería ser tener muchos menos pobres.
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