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Mundial 2026: México no se puede dar el lujo de “salir con lo mínimo”

Por Jorge Cruz Camberos

El Mundial 2026 ya arrancó. No en junio. Ahorita, en la forma en que los países están resolviendo dos cosas: seguridad y operación.

En EE. UU. la historia es brutalmente simple: hay dinero para seguridad, pero está atorado por un pleito político y un cierre parcial del DHS/FEMA. Resultado: ciudades sede con reloj encima, fan fests en riesgo y policías sin certeza para contratar, planear y coordinar. Ese es su problema: burocracia con presupuesto.

En México, el reto es distinto y más sensible: percepción internacional + control territorial. Tras hechos recientes de violencia que hicieron ruido afuera, la conversación global se prendió: “¿México está listo?”. La respuesta oficial ha sido clara: hay garantías y no hay riesgo para el torneo. FIFA también mandó señal de continuidad: CDMX, Guadalajara y Monterrey siguen firmes. Perfecto. Ahora viene la parte que importa: demostrarlo con hechos.

Porque en 2026 la seguridad ya no se mide en patrullas. Se mide en:
• Mando único real (quién decide, cuándo y cómo).
• Protocolos probados (no PDFs, simulacros y operación en campo).
• Tecnología y anti-drones.
• Movilidad y perímetros.
• Y algo que casi nadie dice: capacidad de comunicar con precisión cuando algo pasa, sin pánico y sin humo.

Mi lectura —y aquí va mi opinión— es que México tiene dos caminos.

Camino 1: “Que no pase nada”
Es el enfoque reactivo: cruzar dedos, aguantar mediáticamente, y administrar el evento. Ese camino es frágil, porque el Mundial no perdona improvisación: cualquier incidente se vuelve internacional en minutos.

Camino 2: “Operación clase mundial”
Es tratar el Mundial como un proyecto crítico, como nearshoring: con tablero, responsables, presupuesto, pruebas, redundancias, y una narrativa sólida de control. No se trata de militarizar una fiesta; se trata de organizarla con estándares globales.

Y aquí lo conecto con Chihuahua, aunque no seamos sede: cuando México se sube a la vitrina mundial, ciudades como la nuestra pueden jugar fuerte si piensan como empresarios: turismo deportivo, watch parties bien operados, activaciones de marca, hospitalidad, rutas gastronómicas, torneos espejo, experiencias para visitantes. El Mundial también se capitaliza desde las ciudades que saben ejecutar.

El punto final es este:
México no necesita prometer. Necesita operar. Y si lo hacemos bien, 2026 no sólo será fútbol: será reputación-país, confianza y una nueva vara para cómo organizamos lo grande.