Lo que nos enseñan Polonia y Venezuela sobre el rumbo económico (y lo que México puede aprender)
En el tablero económico mundial, hay historias que sirven como advertencia… y otras como inspiración. Tal es el caso de Polonia y Venezuela, dos países que iniciaron con condiciones similares de intervención estatal y salieron por caminos diametralmente opuestos. Hoy, sus resultados hablan por sí solos.
Dos países, dos modelos
Venezuela fue, durante gran parte del siglo XX, uno de los países más ricos de América Latina. Su petróleo le permitió financiar crecimiento, importar bienes y vivir, por un tiempo, por encima de sus capacidades productivas. Sin embargo, con la llegada de Hugo Chávez en 1998 y la consolidación de un modelo socialista basado en el control estatal —nacionalizaciones, subsidios y dependencia casi total del petróleo— la economía comenzó a deteriorarse.
En contraste, Polonia salía del comunismo en 1989 como uno de los países más pobres de Europa. Pero eligió abrir su economía, abrazar el libre mercado, impulsar reformas estructurales y, sobre todo, integrarse a Europa. El resultado: desde los años 90, su PIB per cápita creció más de un 1000%, mientras el de Venezuela colapsaba.
El gráfico que lo dice todo
Una imagen vale más que mil palabras: la gráfica de PIB per cápita entre 1950 y 2022 muestra cómo Venezuela empezó arriba, pero cayó estrepitosamente tras años de malas decisiones económicas, falta de diversificación y un enfoque populista que sacrificó el largo plazo por el corto. Polonia, en cambio, apostó por la estabilidad institucional, la inversión privada y el comercio internacional… y hoy está entre las economías más dinámicas de Europa.

¿Y México, qué?
México se encuentra en una encrucijada similar. Con una economía rica en recursos, una ubicación geográfica privilegiada y un talento humano impresionante, tenemos todo para crecer. Pero también enfrentamos riesgos: centralización del poder, tentaciones proteccionistas y políticas públicas que a veces ignoran señales del mercado.
La recomendación es clara: México debe mirar hacia el modelo polaco: más apertura, más inversión en educación e innovación, diversificación productiva y, sobre todo, fortalecer las instituciones democráticas y económicas que generan certidumbre. Apostar por el futuro, aunque cueste en el presente.
Porque al final, el desarrollo no es una lotería: es una serie de decisiones. Y está en nuestras manos tomar las correctas.

















