Lo que comenzó como una cantina en un edificio histórico de Aldama, Chihuahua, hoy es una de las expresiones más auténticas del sotol a nivel internacional. Sotol Peña Blanca nació sin estrategia de marketing, sin prisa por crecer y sin la obsesión por vender. Nació desde la pasión, la amistad y el respeto absoluto por una tradición que durante décadas vivió en silencio en el desierto chihuahuense.
En plena pandemia, entre quesos, nuez y coctelería artesanal, tres amigos decidieron rescatar lo que siempre había estado ahí: un destilado profundamente ligado al territorio, a la planta y al conocimiento del maestro sotolero. Hoy, esa misma marca presume una Gran Medalla de Oro en el Mexico Wine Selection 2025, avalado por la CMV, y el reconocimiento como Sotol Revelación.
Emprendimiento local que destaca la tradición
Al mismo tiempo, Chihuahua también brilla por su talento emprendedor. La marca de sotol Peña Blanca, surgida de una cantina histórica en Aldama, es un ejemplo de cómo tres amigos decidieron rescatar y darle valor a un producto local durante la pandemia. Con la asesoría del maestro Chalol, desarrollaron “Arpa de Borrego”, su sotol insignia, manteniendo la esencia artesanal y los procesos tradicionales que distinguen al destilado.
Eduardo Baeza, uno de los socios, explica que Peña Blanca no busca la producción masiva, sino lotes pequeños y exclusivos, pensados para quienes valoran la autenticidad del sotol y el trabajo de los maestros destiladores. Su mensaje a nuevos emprendedores es claro: respetar el producto, al maestro y sus procesos, y mantener la calidad por encima de la cantidad.
Chihuahua: inclusión y tradición de la mano
Estas iniciativas reflejan cómo en Chihuahua se pueden conjugar oportunidades laborales inclusivas con el impulso de emprendedores locales. Desde garantizar empleos para quienes más lo necesitan hasta preservar y promover productos artesanales que representan la cultura y tradición del estado, la estrategia está clara: apoyar el talento local en todas sus formas, con respeto, innovación y visión.
Para Rodrigo Rentería, socio y director comercial de la marca, la esencia de Peña Blanca está en el origen:
“Es un Sotol de desierto en Chihuahua, existen dos tipos de Sotoles, de la Sierra y del desierto, nosotros es el desierto, en el primer corazón del desierto de Aldama, en Chorreras Aldama, donde lo principal o lo más importante es lo mineral, lo que trae el Sotol, usamos 100% la planta de acerola, no le agregamos otra cosa, es 100% el corazón del acerola y el agua del manantial, el manantial de Chorreras.”
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En un mundo de destilados industriales, Peña Blanca decidió ir en sentido contrario: pequeños lotes, procesos artesanales y cero atajos.
“Siempre lo más importante es que se respete mucho la planta y se respete mucho la tradición de la destilación del Sotol… siempre respetamos lo que el maestro nos indica, las prácticas de destilación.”
Ese respeto no es discurso, es práctica diaria. La planta se cosecha según la temporada, sin sobreexplotar y entendiendo que cada año el sotol se comporta distinto:
“Dependiendo la temporada del año, dependiendo también cómo estemos en cuanto a sequía en nuestro estado, la planta se va comportando de diferente manera.”
Pero más allá de lo técnico, el vínculo es emocional. Para Rodrigo, el sotol no es úncamente un producto, es identidad:
“Tengo una pasión enorme por esta planta, por este producto, tanto que así que me la está tatuado, ya está en mí, ya está marcada en mi cuerpo.”
Y también es una causa cultural. En un país donde todo se compara con el tequila o el mezcal, él lo dice sin rodeos:
“El Sotol es algo muy diferente, no es un agave… somos más familia de una alcachofa, de una cebolla, de un ajo que de un agave, no tenemos nada que ver con un agave.”
La historia de Peña Blanca parece escrita por el destino. Rodrigo llegó solo a la cantina de Aldama, se sentó en la barra, regresó semana tras semana y terminó formando parte del proyecto:
“Yo estaba destinado a ser parte de este proyecto… llegué solo, me senté en la barra solo, tomé sotol, volví a ir la próxima semana solo… hasta que ya conocí a Tavo y a Lalo.”
Desde ahí, la marca comenzó a viajar. Literalmente. “La botella de Peña Blanca ya ha estado en Londres, en París, en Düsseldorf, en Japón, en Taiwán.” Pero el momento que lo cambió todo fue el reconocimiento internacional:
Para Rodrigo, asegura que hay una diferencia entre medalla de oro y gran medalla de oro… “seis sommeliers dijeron: esta cosa no está bien, esta cosa está excelente, está maravillosa.”
Más allá de ventas o posicionamiento, lo que realmente los marcó fue esto: “Fuimos el único destilado del norte del país que ganó gran medalla de oro… eso es lo que hace que se nos enchine la piel.”
Sotol Peña Blanca no es una marca construida desde una oficina, es un proyecto nacido desde la barra de una cantina, desde el manantial de un ejido y desde la herencia de un maestro sotolero. Es la prueba de que en Chihuahua no solo hay industria y maquila, también hay identidad, cultura líquida y productos capaces de competir con cualquier destilado del mundo.
En un mercado obsesionado con el volumen, Peña Blanca eligió el camino más difícil: respetar la planta, respetar la tradición y respetar al territorio. Y ese respeto hoy se traduce en algo mucho más valioso que una medalla: demostrar que el desierto también tiene voz, sabor y prestigio internacional.
















