Hablar de denuncias también es hablar de confianza
En una conversación en Diálogos por Chihuahua, el podcast impulsado por Coparmex Chihuahua. Les presentamos el capítulo número 11 con el expresidente Salvador Carrejo y el vicepresidente de Coparmex, Gilberto Sánchez, donde las ideas no sólo se exponen, también se cuestionan. En esta ocasión, el protagonista fue César Jáuregui, el titular de la Fiscalía General del Estado, pero más allá del cargo, la intención fue entender a la persona, su historia y cómo llegó a ocupar uno de los puestos más complejos del país.
Para entender su visión, hay que regresar a 1983. Con apenas 17 años, Jáuregui fue testigo de un momento clave en la historia política de Chihuahua: la irrupción democrática que permitió la alternancia en varios municipios importantes del estado. Ese momento fue histórico y personal. Ahí nació su interés por la política. Fue el punto de quiebre que lo hizo ver que sí existían caminos distintos a los que parecían inevitables. Desde entonces, decidió dedicar su vida al servicio público.
De joven funcionario a operador de gobernabilidad
Su carrera inició temprano. A los 29 años ya era secretario del Ayuntamiento en Ciudad Juárez, convirtiéndose en uno de los más jóvenes en ocupar ese cargo. Después vendrían responsabilidades similares en Delicias y Chihuahua, siempre en posiciones donde el reto principal era uno: generar gobernabilidad. No es un tema menor. La gobernabilidad implica tomar decisiones que impactan directamente en la vida de las personas, pero hacerlo con legitimidad, diálogo y aceptación social. Ahí es donde Jáuregui construyó gran parte de su experiencia.
A lo largo de su trayectoria, hubo un tema constante: la seguridad. Desde los municipios hasta su paso por la Secretaría General de Gobierno, su rol lo mantuvo cerca de las decisiones más sensibles en esta materia. Participar en mesas de seguridad, diseñar políticas públicas y enfrentar contextos complejos lo llevó a entender algo clave: sin confianza ciudadana, cualquier estrategia está incompleta. Y ese es, justamente, uno de los mayores retos actuales.
Entre vocación y decisiones de vida
Curiosamente, su camino no siempre estuvo claro. Durante años pensó en estudiar medicina. Incluso cursó el bachillerato en el área químico-biológica. Pero el contexto político de la época y su despertar cívico lo llevaron a tomar otra dirección: el derecho. En ese entonces, la política y el derecho estaban profundamente ligados. Para quien quería incidir en lo público, esa era la ruta más directa. Y así fue como terminó formándose en la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde consolidó el camino que ya había comenzado a trazar.
Aunque nació en Mexicali y creció en Ciudad Juárez, fue Chihuahua capital la ciudad que terminó por definirlo. Aquí estudió, trabajó y construyó su carrera. Como él mismo lo dice, es una ciudad que lo adoptó y donde desarrolló gran parte de lo que hoy es. Su historia no solo habla de cargos o trayectorias, habla de contexto, de decisiones y de cómo un momento histórico puede marcar el rumbo de toda una vida.
¿Qué hace realmente la Fiscalía?
Cuando se habla de la Fiscalía, muchas veces se piensa únicamente en juicios y castigos. Pero para César Jáuregui, el concepto va mucho más allá. Aunque el término cambió de “Procuraduría” a “Fiscalía”, la esencia sigue siendo la misma: —procurar justicia—. En términos simples, la Fiscalía es la institución que representa a la sociedad ante un juez. Es la única que puede acusar formalmente a una persona por un delito, buscar una sanción y, en la medida de lo posible, una reparación del daño. Pero detrás de eso hay una responsabilidad mucho más profunda: intervenir en los momentos más críticos en la vida de una persona.
Jáuregui lo pone en perspectiva sin rodeos. El Estado puede fallar en muchas cosas: servicios públicos, trámites o infraestructura. Eso genera molestia. Pero cuando falla en seguridad y justicia, el impacto es completamente distinto. Ahí entran los casos más delicados: la pérdida de un ser querido, una agresión física o un delito que destruye el patrimonio de alguien en segundos. Es en esos momentos donde la ciudadanía recurre a la Fiscalía esperando algo muy concreto: que alguien responda por el daño causado.
Porque hay algo que también deja claro: hay daños que simplemente no se pueden reparar, como una vida perdida o un delito sexual. Sin embargo, la justicia sigue teniendo dos objetivos fundamentales: que quien cometió el delito enfrente consecuencias y evitar que vuelva a hacer daño.
La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas del Estado
Uno de los cambios más importantes en el sistema de justicia en México, según el fiscal, es el enfoque hacia la víctima. Durante años, el proceso penal giraba alrededor del delincuente: su castigo, su proceso, su sentencia.
Hoy eso está cambiando. Las fiscalías han comenzado a poner en el centro a quienes sufren el delito, a través de mecanismos como la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas del Estado (CEAVE), que acompañan desde el primer momento con apoyo psicológico, legal e incluso social. Porque el delito no termina en el hecho. Deja consecuencias profundas: familias sin sustento, daños emocionales y vidas que tienen que reconstruirse. Y ahí, el Estado también tiene responsabilidad.
Dirigir la Fiscalía implica moverse en dos tiempos al mismo tiempo: —reaccionar y planear—. Por un lado, hay hechos que exigen respuestas inmediatas. Casos que indignan a la sociedad y que no pueden esperar meses para resolverse. Por otro, está la estrategia. Diseñar acciones para reducir delitos como el homicidio implica inteligencia, coordinación entre autoridades y trabajo especializado en campo. No es improvisación, es planeación constante. La clave está en el equilibrio. Saber cuándo actuar con rapidez y cuándo construir soluciones a largo plazo.
En medio de un contexto nacional complejo, Jáuregui asegura que Chihuahua ha logrado avances importantes. Uno de los indicadores más relevantes es la reducción en homicidios. Comparando los últimos cuatro años y medio con el periodo anterior, el estado registra alrededor de 1,900 homicidios menos. A esto se suman reducciones en delitos como robo de vehículos, robo a casa habitación y robos en general, con disminuciones que van del 25 al 35 por ciento. No lo plantea como un logro individual, sino como resultado de la coordinación entre distintas instituciones de seguridad a nivel estatal y federal.
El reto cultural que sigue pendiente
Aun así, el problema está lejos de resolverse. La violencia contra la mujer sigue siendo un tema profundamente cultural, que no depende únicamente de leyes o castigos. El verdadero desafío está en transformar las condiciones que permiten que estos delitos ocurran y, al mismo tiempo, seguir fortaleciendo la confianza para que las víctimas denuncien sin miedo. Porque al final, como deja ver esta conversación, la justicia no solo se mide en cifras… también en la confianza que una sociedad tiene en sus instituciones.
El verdadero problema: lo que no se denuncia
Si hay un tema que preocupa de fondo, es la llamada “cifra negra”: los delitos que nunca se denuncian. En México, este número puede alcanzar hasta el 70 u 80 por ciento, lo que convierte al sistema de justicia en un terreno incompleto. Jáuregui lo dice claro: sin confianza en las fiscalías y en las policías, es imposible avanzar. Y esa desconfianza no es gratuita. Tiene raíces históricas, desde la percepción de vínculos entre autoridades y crimen organizado, hasta la falta de resultados en casos concretos.
Por eso, más allá de estadísticas, el reto es reconstruir credibilidad. Porque cuando la gente no denuncia, el problema simplemente se oculta… pero no desaparece.
Chihuahua: avances reales, pero con retos complejos
Desde la perspectiva del fiscal, Chihuahua ha logrado avances importantes en materia de seguridad: reducción de homicidios, control de delitos como el secuestro y una contención de la extorsión en niveles manejables.
Pero eso no significa que el problema esté resuelto. Al contrario, el reto es constante. La seguridad sigue siendo la base de todo: sin ella no hay inversión, no hay crecimiento y no hay estabilidad social. Además, hay fenómenos que siguen creciendo, como la violencia familiar y los delitos contra la mujer, lo que obliga a replantear estrategias y poner a la víctima en el centro del sistema.
El futuro tener visión, coordinación y decisiones
Más allá de la seguridad, Jáuregui deja sobre la mesa una reflexión clave: Chihuahua tiene todo para ser uno de los principales polos de desarrollo del país, pero no está aprovechando al máximo su potencial. La cercanía con Estados Unidos, su capacidad exportadora y su dinamismo económico son ventajas claras. Sin embargo, hace falta una visión más definida de hacia dónde quiere ir el estado en los próximos años.
El llamado es claro: se necesita mayor coordinación entre gobierno, iniciativa privada y sociedad civil. Porque cuando todos jalan hacia el mismo lado, las condiciones para crecer cambian por completo. Al final, el mensaje es contundente: Chihuahua no solo necesita resolver sus retos actuales, sino tomar decisiones estratégicas que definan su futuro. Y eso empieza, inevitablemente, por recuperar la confianza.
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