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Que no nos limpien la política desde fuera

Por Jorge Cruz Camberos

El caso Rocha no es un expediente más. Es un cubetazo de agua fría para la política mexicana.

Cuando el gobierno de Estados Unidos señala a un gobernador en funciones por presuntos vínculos con el narcotráfico, el tema deja de ser solo jurídico. Se vuelve diplomático, electoral, institucional y, por supuesto, político. Muy político.

Claudia Sheinbaum tiene enfrente un dilema durísimo: no puede verse como tapadera de un gobernador señalado por narcotráfico, pero tampoco puede aparecer como una presidenta que recibe instrucciones desde Washington. Tiene que caminar en cuerda floja: defender la soberanía nacional, exigir pruebas serias y, al mismo tiempo, demostrar que en México no hay vacas sagradas.

Porque una cosa es defender al país. Y otra muy distinta es confundir soberanía con impunidad.

México tiene todo el derecho de exigirle a Estados Unidos pruebas, no filtraciones; expedientes, no insinuaciones. Pero el gobierno mexicano también tiene una obligación elemental: investigar de verdad. No cerrar filas en automático. No salir con el manual de siempre de “esto es político”. No fingir que no pasa nada.

Y aunque el caso parezca lejano, Chihuahua no debería verlo como nota nacional. Debería verlo como advertencia local.

Una ciudad que quiere atraer inversión, desarrollar talento, mejorar su seguridad y convertirse en la mejor ciudad para vivir no puede darse el lujo de normalizar perfiles con sombras. La competitividad no empieza en una nave industrial ni en una carretera. Empieza en la confianza.

Este caso cambia el tablero para todos los partidos, pero especialmente para Morena. Cuando gobiernas la Presidencia, estados, municipios y el Congreso, ya no puedes vivir culpando al pasado. También tienes que hacerte cargo de tus perfiles, tus alianzas y tus contradicciones.

El mensaje es claro: ya no alcanza con ser popular. Ya no alcanza con ganar encuestas. Ya no alcanza con traer estructura. Si un perfil tiene sombras serias, relaciones incómodas o señalamientos que puedan escalar hasta Estados Unidos, deja de ser activo político y se convierte en riesgo nacional.

Y eso aplica para todos. También para Chihuahua.

Si queremos una ciudad moderna, segura, competitiva y con calidad de vida, necesitamos una política a la altura: con método, datos, rendición de cuentas, participación ciudadana y perfiles que puedan ser revisados sin miedo.

La política local tiene que abrir más espacio a empresarios con trayectoria, académicos, mujeres líderes, jóvenes preparados, deportistas, activistas y líderes comunitarios. Gente que haya construido algo antes de pedir el voto. Gente con calle, pero también con expediente limpio.

El caso Rocha todavía tendrá que probarse. Nadie debe ser condenado por boletín. Pero tampoco nadie debe ser protegido por credencial partidista.

La pregunta de fondo es simple y brutal: ¿México va a limpiar su política desde adentro o va a esperar a que se la limpien desde fuera?

Y en Chihuahua la pregunta es todavía más directa: ¿vamos a elevar el nivel de nuestros perfiles públicos o vamos a seguir premiando popularidad sin revisar trayectoria?

Porque si no lo hacemos nosotros, alguien más va a empezar a marcar la agenda.

Y ahí sí, la soberanía dejará de ser discurso.

Y se convertirá en factura.

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