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¿Estamos financiando el pasado o construyendo el futuro?

Por Jorge Cruz Camberos

Cada vez que se presenta un presupuesto, la conversación suele girar alrededor de una sola pregunta: ¿se está gastando más o menos? Pero quizá esa no es la pregunta correcta. La verdadera discusión debería ser mucho más profunda: ¿estamos gastando cada vez más en el pasado y cada vez menos en el futuro?

Los datos recientes de las finanzas públicas muestran una realidad que merece nuestra atención. Mientras el gasto destinado a pensiones, servicio de la deuda y otros compromisos acumulados continúa creciendo, la inversión en infraestructura se ha reducido de manera importante. Las pensiones deben pagarse. La deuda debe cumplirse. Nadie podría cuestionar eso.

El problema aparece cuando esos compromisos comienzan a absorber una parte cada vez mayor del presupuesto. Porque cada peso destinado a cubrir decisiones del pasado es un peso que deja de invertirse en las oportunidades del mañana.Menos infraestructura significa menor competitividad.

Menos inversión en educación significa menos talento preparado para los empleos del futuro. Menos recursos para salud significan una sociedad más vulnerable. Menos innovación significa menor productividad y menos capacidad para competir con otras regiones del mundo. No es un debate ideológico. Es un debate sobre visión de largo plazo.

Cualquier familia entiende este principio. Si cada año una mayor parte de sus ingresos se destina a pagar créditos antiguos, llegará un momento en que ya no podrá invertir en el negocio, remodelar su casa o financiar la universidad de sus hijos. Con un país ocurre exactamente lo mismo.

Hay otro aspecto del que pocas veces hablamos: no toda la inversión pública genera desarrollo. También existen las malas inversiones. Obras que responden más a intereses políticos que a necesidades reales. Proyectos sin rentabilidad social. Infraestructura que termina subutilizada. Programas que consumen miles de millones de pesos sin generar beneficios permanentes.
Cada peso mal invertido también le roba recursos al futuro.

Por eso el reto no consiste únicamente en gastar menos o gastar más. El verdadero desafío consiste en gastar mejor.Invertir donde el retorno social sea mayor. Invertir donde se generen empleos mejor pagados. Invertir donde aumente la productividad. Invertir donde nuestros hijos tengan mejores oportunidades que las que tuvimos nosotros. Para Chihuahua, esta conversación resulta especialmente importante.

Somos un estado que compite todos los días por atraer inversión, talento y empresas de alto valor agregado. Nuestro futuro dependerá mucho menos de cuánto dinero llegue de la Federación y mucho más de nuestra capacidad para desarrollar infraestructura moderna, fortalecer la educación, impulsar la innovación, garantizar seguridad y generar condiciones para que las empresas sigan creciendo.

Las ciudades que liderarán las próximas décadas no serán las que más subsidios reciban. Serán las que mejor inviertan cada peso público.

Al final, el presupuesto de un país no es solamente una hoja de cálculo. Es una declaración de prioridades. Y la pregunta que deberíamos hacernos no es cuánto estamos gastando, sino qué país estamos construyendo con ese gasto.

Porque el mejor presupuesto no es el que más dinero ejerce. Es el que deja más oportunidades para la siguiente generación. El verdadero legado de un gobierno no se mide por lo que consumió, sino por el futuro que fue capaz de construir.

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