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Repensar Chihuahua: hacia el Metroplex que ya somos

Por José Jesús Jordán Orozco

Son las seis y media de la mañana en Aldama. Un trabajador de la construcción recoge su termo y arranca hacia la capital. Lo mismo hace, a 107 kilómetros, una técnica de laboratorio en Cuauhtémoc; y a 88, un operador de manufactura en Delicias. Tres municipios distintos, tres historias y las tres terminan en el mismo lugar: Chihuahua Capital. Ese trayecto cotidiano, repetido por miles de personas cada día, nos dice algo que la planeación urbana tarda en aceptar: Chihuahua ya no es solo una ciudad. Es una región. Y ha llegado el momento de pensarla, gobernarla y proyectarla como tal.

En primera instancia para repensar Chihuahua es entender lo que el mapa oficial ya reconoce. La Zona Metropolitana definida por CONAPO–INEGI–SEDATU comprende tres municipios: Chihuahua, Aldama y Aquiles Serdán, con más de un millón de habitantes. El 95% vive en la capital; Aldama y Aquiles Serdán con alrededor del 5%, son municipios cuya vida laboral cotidiana transcurre en gran medida dentro de la ciudad capital, sus trabajadores hacen el trayecto de ida y vuelta cada día, sus familias usan sus servicios de salud, educación y comercio, y sus economías locales dependen directamente del dinamismo del núcleo metropolitano. Esa interdependencia ya existe. Lo que falta es el andamiaje institucional robusto y eficaz.

Sin embargo, para entender la realidad del centro del estado debemos ir más allá de una zona administrativa marcada desde el centro del país. Hay ciudades que, sin pertenecer formalmente a la Zona Metropolitana (ZM), mantienen con la capital una relación funcional muy estrecha que ningún decreto ha creado ni podría borrar. Cuauhtémoc: sede de comunidades menonitas con alta integración comercial a la capital, y origen de una proporción creciente de trabajadores que se desplazan diariamente hacia la ciudad. Delicias: encabeza su propia zona metropolitana junto con Meoqui y Rosales, pero su mercado laboral y su tejido empresarial están profundamente vinculados a los de la capital. Estas dos ciudades son nodos regionales con identidad propia. Lo que las une a Chihuahua no es dependencia, sino interdependencia: una red de flujos económicos, laborales y logísticos que ya opera de forma orgánica. El concepto de Metroplex Chihuahua es, precisamente, el nombre para esa realidad: una plataforma de desarrollo regional que integra a Chihuahua Capital, Aldama, Aquiles Serdán, y que reconoce el vínculo estratégico con Cuauhtémoc, Delicias y otras localidades clave conectadas por corredores logísticos, energéticos y digitales.

El mapa del empleo lo confirma: una región que ya se comporta como tal

Las cifras lo muestran con claridad. Al cierre de 2025, el municipio de Chihuahua supera el millón de habitantes y registra 292,599 trabajadores formales ante el IMSS. Cuauhtémoc suma 43,925 y Delicias 37,893: nodos con economía y masa laboral propias. El contraste más revelador es el de Aldama y Aquiles Serdán: entre ambos reúnen 60,778 habitantes en 2025, pero apenas 3,194 trabajadores formales ante el IMSS — menos del 5.3% de su propia población. No es informalidad: es que trabajan en otro municipio. La práctica totalidad de su fuerza laboral cruza cada día el límite municipal para emplearse en la capital. Con una tasa de formalidad laboral local del 7.4% en Aldama y apenas 3.4% en Aquiles Serdán, ambos funcionan como municipios residenciales cuya economía vive en la capital. Ese patrón solo existe en una región que ya opera como sistema. (COESPO Chihuahua / CONAPO, Proyecciones de Población por Municipio 2015-2030) 

Este cambio de paradigma no parte de cero. En Chihuahua, gobierno estatal y municipal, iniciativa privada, academia e instituciones llevan años diseñando, operando y ejecutando juntos una visión de desarrollo. La estrategia y los resultados son producto de una construcción colectiva. Esa capacidad de coordinación entre sectores, poco común en el país, es el activo más valioso que tiene Chihuahua para dar el siguiente paso: extender esa misma lógica de colaboración hacia las ciudades vecinas, con una plataforma de gobernanza compartida y horizonte de largo plazo.

Los datos del IMCO muestran con precisión dónde está la palanca. En 2024, Chihuahua Capital ocupó el quinto lugar en el Índice de Competitividad Urbana; en 2026, cayó al séptimo. No porque la ciudad haya retrocedido en lo que ya hace bien, de hecho, mejoró en mercado laboral y generación de patentes, sino porque otras urbes la superaron en Infraestructura, donde bajó a la posición 12, y en Sistema Político y Gobierno, donde se mantiene en la 19. Esos dos subíndices son los que más responden a la planeación regional y a la coordinación institucional. No se mejoran municipio a municipio. Se mejoran cuando hay una visión compartida del territorio y ese es exactamente el cambio de paradigma que el Metroplex propone.

Metroplex: Áreas Urbanas Funcionales, policentrismo y city-region

Para analizar esta región y validar cómo funciona, debemos irnos a los enfoques de análisis. Existen diversas tradiciones conceptuales y modelos de análisis territorial que son representaciones simplificadas de la realidad geográfica. Sirven para entender, medir y explicar cómo se organizan las actividades humanas, la economía y la naturaleza en el espacio territorial de las regiones.

El primer enfoque de las Áreas Urbanas Funcionales (FUA) desarrollada por la OCDE, define una región urbana no por sus límites administrativos, sino por sus flujos reales: específicamente, por el porcentaje de trabajadores de un municipio que se desplazan a otro para trabajar. El umbral estándar es 15%. Aldama y Aquiles Serdán superan ese umbral con amplitud — la práctica totalidad de su fuerza laboral trabaja en la capital. Cuauhtémoc y Delicias lo superan parcialmente. Bajo ese criterio funcional, el Metroplex Chihuahua ya califica como una región urbana integrada, independientemente de lo que diga el mapa oficial.

La segunda teoría de las Regiones Metropolitanas Policéntricas, desarrollada por Kloosterman, Musterd, Hall y Pain, propone que las regiones más competitivas no son las que tienen un centro dominante que absorbe todo, sino las que distribuyen funciones entre varios nodos especializados. Para Chihuahua, esto se traduce en una prescripción: no podemos convertirnos en el “agujero negro” que engulle todo a su alrededor, la capital no debe crecer desmedidamente absorbiendo actividades de los municipios vecinos, sino especializarse en servicios avanzados y manufactura de alto valor, mientras Cuauhtémoc consolida la agroindustria y Delicias la industria agroalimentaria y logística, es decir “repartir” funciones que complementen y otorguen competitividad entre ciudades.

Y por último, la perspectiva de la city-region, desarrollada por Allen Scott y Michael Storper, que añade la dimensión de competitividad global: la unidad relevante para competir en la economía mundial no es la ciudad ni el municipio, sino la región-ciudad como plataforma integrada de recursos, talento, infraestructura e instituciones. Los tres marcos no se contradicen: se superponen. Y los tres señalan en la misma dirección: Chihuahua necesita repensarse como región.

Desde estas perspectivas se converge en un diagnóstico similar o complementario, las tres son útiles simultáneamente para analizar el caso Chihuahua.

Ese cambio de perspectiva regional no puede limitarse al corredor central. El Metroplex Chihuahua es el caso más visible de un patrón que se repite en todo el estado. Chihuahua articula siete regiones identificadas en el Plan Estatal de Desarrollo y, a su vez, trece regiones de desarrollo activas estipuladas por los CODER —Consejos para el Desarrollo Económico Regional— coordinados por el CODECH, figuras muy relevantes y de donde podría partir la reconfiguración de la gobernanza regional. Parral e Hidalgo del Parral sostienen la tradición minera del sur y articulan esa macrorregión. Bocoyna y Guachochi albergan a las comunidades rarámuri y el potencial ecoturístico de las Barrancas del Cobre. Madera y Guerrero custodian los ecosistemas forestales de la Sierra Madre. Nuevo Casas Grandes y Ojinaga son puertas fronterizas con dinámicas propias. En todas estas regiones el patrón es el mismo: las interdependencias existen, son cuantificables y no encuentran respuesta adecuada en la escala del municipio individual.

Otras regiones del país ya tomaron este camino. Guadalajara construyó desde 2014 el IMEPLAN: un organismo técnico permanente que coordina nueve municipios, administra agencias metropolitanas de movilidad y residuos, y atrae financiamiento internacional. El aprendizaje central de este ejemplo no es técnico sino por el enfoque en que se percibe ya esta región: los problemas regionales requieren institucionalidad permanente, no convenios coyunturales. Chihuahua no necesita copiar ese modelo — necesita construir el suyo, con su propia identidad y con los actores que ya llevan años trabajando juntos.

Lo que otras regiones aprendieron: el caso del Randstad

El modelo del Randstad holandés es un referente excepcional para repensar el ordenamiento territorial. Cuatro ciudades decidieron hace décadas no fusionarse ni dejar que una absorbiera a las demás. En cambio, construyeron un modelo de coordinación policéntrica basado en la Ley Nacional de Ordenamiento Espacial, donde el gobierno nacional, las provincias y los municipios concurren en una estrategia común que protege el ‘Green Heart’, el espacio verde entre ciudades, e impide la suburbanización descontrolada. El resultado: una de las regiones más competitivas de Europa, con alta densidad urbana, movilidad integrada y especialización diferenciada por nodo. Cada ciudad mantiene un rol especifico, especialidad funcional que abona a la región y que son complementarios; Ámsterdam lidera en cultura y finanzas; Rotterdam en logística portuaria; La Haya es el centro político y legal; Utrecht destaca en educación y servicios. Además, un factor determinante es la infraestructura de transporte público de alta velocidad que unifica la región, permitiendo operar económicamente como una sola metrópoli.

Por último, existe una contención urbana. El ‘Green Heart’ funciona como un límite estricto que preserva el medio ambiente e impide la mancha urbana continua (conurbación). Esto último puede o no ser necesario de acuerdo con las características particulares de cada región, pero ayuda a mantén una barrera física que evite el “agujero negro” que mencionamos. Es posible tener una región competitiva de escala global sin que una ciudad lo absorba todo. 

El ciclo electoral como obstáculo, instituciones que duren

Hay un problema estructural que ninguna buena intención resuelve por sí sola: en México, las administraciones municipales duran tres años. Un plan regional necesita al menos diez. La discontinuidad entre administraciones ha sido, históricamente, el mayor enemigo de la planeación metropolitana en el país. Proyectos acordados en una administración son cancelados en la siguiente. Convenios intermunicipales firmados con solemnidad caducan sin ejecución. Afortunadamente en Chihuahua hemos logrado mantener por 10 años una política pública de desarrollo en coordinación sectorial. La solución no es eliminar la autonomía municipal sino crear una capa institucional cuyo mandato técnico y presupuestal sea independiente del ciclo electoral, exactamente lo que hace el IMEPLAN en Guadalajara y el Bestuurlijk Platform en el Randstad.

Repensar Chihuahua significa asumir que la ciudad que conocemos es, en realidad, algo más grande. Aldama y Aquiles Serdán necesitan instrumentos de planeación conjunta que hoy no existen. Cuauhtémoc y Delicias necesitan mecanismos de colaboración formal en movilidad, economía e inversión, sin perder su identidad ni subordinar su agenda a la de la capital. La lógica del Metroplex no es de absorción: es de red. Cada ciudad aporta lo que mejor sabe hacer y la región entera gana. Esa es la invitación: dejar de vernos como municipios que coexisten y empezar a actuar como una región que compite junta.

Los CODER y el CODECH son el embrión chihuahuense de esa institucionalidad. Los Pactos por el Desarrollo y Prosperidad impulsados recientemente en municipios cabecera — Camargo, Cuauhtémoc, Chihuahua, Delicias, Guerrero, Parral y Ojinaga — son un primer paso formal en esa dirección. Lo que hace falta es dar el siguiente: dotarlos de marco normativo estatal, secretarías técnicas permanentes y recursos que les permitan planear en el largo plazo.

El Metroplex Chihuahua es una propuesta en construcción. Pero la región que describe ya existe. Lo que falta es tener el valor de repensar cómo nos vemos. La ciudad de Chihuahua da norte a todo México, ahora siguen sus regiones.

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