Por Jorge Cruz Camberos
Hay una conversación que se está repitiendo en miles de familias mexicanas. Llega la renovación del seguro de gastos médicos. Abren el correo, ven el nuevo precio y se preguntan: “¿Cómo puede haber subido tanto si ni siquiera lo utilicé?”. En 2026 se han reportado aumentos de entre 20% y 75%. En adultos mayores existen casos todavía más altos.
La explicación no es una sola. La atención médica en México se ha encarecido cerca de 15% en un año. Hospitales, medicamentos y tratamientos aumentan mucho más rápido que la inflación general. Además, un cambio fiscal convirtió parte del IVA que pagan las aseguradoras en un costo adicional.
Pero detrás de las cifras hay una realidad mucho más humana: El seguro se vuelve más caro exactamente cuando nosotros nos volvemos más vulnerables. A los 35 años pagarlo puede ser incómodo. A los 55 comienza a pesar. Después de los 65 puede convertirse en uno de los gastos más difíciles de sostener para una familia. Cancelar tampoco es una decisión sencilla.
Quien abandona una póliza después de muchos años puede perder antigüedad y enfrentar dificultades para asegurar padecimientos que ya aparecieron. El riesgo médico no desaparece: simplemente pasa de la aseguradora al patrimonio familiar. Por eso debemos cambiar la conversación.
Cuando contratamos un seguro médico preguntamos cuánto cuesta hoy. También deberíamos preguntarnos: ¿Cómo voy a pagarlo dentro de 10, 20 o 30 años?. Podemos aumentar el deducible, revisar el coaseguro o cambiar el nivel hospitalario. Son alternativas que deben analizarse antes de cancelar. Pero ninguna resuelve por completo el problema de fondo: las primas probablemente continuarán aumentando conforme envejecemos.
La respuesta más responsable es comenzar a construir, mientras todavía podemos hacerlo, un patrimonio destinado a nuestra salud futura. Un fondo que algún día nos ayude a pagar la prima, cubrir un deducible más alto o tomar decisiones médicas sin vender una propiedad, pedirles dinero a nuestros hijos o gastar en unos meses los ahorros de toda una vida.
No propongo sustituir el seguro por una cuenta de ahorro. El seguro nos protege frente a una enfermedad que podría costar millones. El ahorro ayuda a que podamos conservar esa protección cuando pagarla resulte cada vez más difícil. Son dos herramientas que deben crecer juntas.
Si hoy tienes 40 o 50 años, quizá el problema todavía no ha llegado. Precisamente por eso este es el mejor momento para hablarlo. Antes de renovar o cancelar tu póliza, vale la pena sentarnos, revisar cuánto podría costarte en el futuro y construir un plan de ahorro que te ayude a mantenerla cuando sea más cara… y también cuando más la necesites.
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