Proteger al productor frente a la competencia desleal es indispensable. Pero el futuro de la manzana chihuahuense también depende de construir marca, industria y mercado.
Por Jorge Cruz Camberos
En el supermercado hay dos manzanas Gala. Se ven prácticamente iguales, cuestan casi lo mismo y están colocadas una junto a la otra. Una viene de Washington. La otra fue cosechada en Cuauhtémoc. Y con demasiada frecuencia, el consumidor elige la importada.
Ahí está resumido uno de los grandes problemas económicos de Chihuahua: sabemos producir, pero todavía no sabemos vender con la misma fuerza. Durante 2024, nuestro estado aportó el 85.2% de la manzana producida en México: más de 664 mil toneladas, con un valor superior a los 7,400 millones de pesos.
Producimos ocho de cada diez manzanas del país pero todavía no controlamos el precio, la marca ni el anaquel. Por fin nos estamos defendiendo. En enero de 2026, la Secretaría de Economía abrió una investigación antidumping contra la manzana estadounidense, a petición de productores organizados a través de Unifrut.
La acusación es seria: las importaciones habrían reducido de manera importante la rentabilidad de los productores nacionales. Si la investigación deriva en una cuota compensatoria, será una buena noticia para Chihuahua. Nuestros productores merecen competir en condiciones justas pero también hay que decirlo con claridad: un arancel puede comprarnos tiempo, pero no puede construirnos una estrategia.
Porque si la manzana estadounidense se encarece, su lugar eventualmente podría ser ocupado por fruta de Chile, Sudáfrica, Nueva Zelanda o cualquier otro país. Cambiaría el país de origen pero no necesariamente cambiaría nuestro problema de fondo.
La cifra que más debería preocuparnos
Durante la temporada 2023-2024, alrededor de 140 mil toneladas de manzana chihuahuense se quedaron sin vender en frigoríficos. Y no fue solamente por las importaciones. También influyó algo mucho más profundo: la capacidad de compra de las familias mexicanas. Cuando el ingreso disponible cae, incluso productos tradicionales de nuestra mesa comienzan a perder consumo.
Por eso, culpar únicamente a Estados Unidos sería cómodo, pero incompleto. El verdadero reto consiste en enfrentar al mismo tiempo tres problemas: competencia desleal, menor consumo y falta de diferenciación. Washington promueve su fruta entre los consumidores mexicanos. Chihuahua, que produce prácticamente toda la manzana nacional, todavía no lo hace con la misma fuerza. Ellos venden una marca. Nosotros seguimos vendiendo una fruta.
De producir manzanas a construir industria
Grupo La Norteñita ha demostrado que es posible integrar huertas, refrigeración, procesamiento, distribución y marca. El verdadero reto es lograr que esa lógica de integración también alcance a productores medianos y pequeños de Bachíniva, Cusihuiriachi, Guerrero, Namiquipa, Carichí y otras regiones manzaneras del estado.
Necesitamos avanzar hacia centros compartidos de procesamiento que permitan transformar la fruta en jugos, sidras, deshidratados, purés y alimentos con mayor valor agregado. Necesitamos también una marca colectiva, visible y poderosa: Manzana de Chihuahua. Una marca que identifique origen, calidad, tradición y orgullo regional. Y podemos ir todavía más lejos.
Podemos conectar las huertas y los frigoríficos de la región de Cuauhtémoc con una verdadera ruta turística de la manzana: recorridos, festivales, experiencias gastronómicas, catas de sidra, mercados regionales y actividades familiares. La lógica es sencilla.
Cada manzana que transformamos, empacamos, promocionamos o convertimos en una experiencia genera más empleos y deja más dinero en Chihuahua. Ese es el verdadero objetivo del desarrollo económico: no solamente producir más, sino lograr que una mayor parte del valor se quede en nuestra región.
Producir ya no es suficiente
Proteger al productor es indispensable pero protegerlo sin ayudarlo a construir marca, industria y mercado solamente aplaza el problema. El arancel puede ayudarnos a ganar una batalla.
La competencia se gana de verdad cuando el consumidor entra al supermercado, ve una manzana chihuahuense y la elige no solamente porque cuesta menos. La elige porque sabe de dónde viene. Porque reconoce su calidad. Porque entiende lo que representa. Y porque existe una marca detrás de ella. Chihuahua ya produce la manzana. Ahora tenemos que producir también la marca, el mercado y el valor.
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