Antes del nearshoring, antes de los grandes parques industriales y antes de que Chihuahua se convirtiera en uno de los principales motores manufactureros de México, hubo una década en la que comenzaron a colocarse muchas de las piezas que hoy sostienen su economía.
Los años ochenta suelen recordarse por la música, las fotografías familiares, los videocasetes y una estética que hoy vuelve a ser tendencia en redes sociales. Pero detrás de aquella imagen de nostalgia había una realidad económica mucho más compleja.
México atravesaba una de las crisis más profundas de su historia reciente. La deuda externa, la inflación, las devaluaciones y la fuga de capitales transformaron la economía nacional y obligaron al país a replantear el papel del Estado.
Paradójicamente, aquella década de crisis también se convirtió en el punto de partida de una transformación que cambiaría para siempre el mapa empresarial mexicano. Y Chihuahua fue uno de los territorios donde esa transformación comenzó a tomar forma.
México en los 80: una economía que comenzaba a cambiar
Para entender aquella época hay que mirar primero al país. En 1982, México enfrentó una severa crisis de deuda externa. El gobierno nacionalizó la banca y el Estado adquirió todavía mayor presencia en la economía. Petróleo, electricidad, telecomunicaciones, acero, transporte y otras actividades estratégicas estaban estrechamente vinculadas con el sector público.
La fotografía empresarial de México en aquella época lo refleja. En 1986, Petróleos Mexicanos dominaba con una diferencia enorme el ranking de las empresas más grandes del país, con ingresos por 10,662 millones de dólares. De las diez compañías que encabezaban aquella lista, cuatro eran paraestatales y otra tenía una estructura híbrida.
Era el México de las grandes empresas estatales pero al mismo tiempo comenzaba a aparecer otro país.
Durante el gobierno de Miguel de la Madrid se impulsaron medidas de estabilización, apertura comercial y reducción gradual de la participación estatal. En 1986 México ingresó al GATT, un paso que aceleraría su incorporación a la economía internacional.
La presencia de compañías como Ford, Chrysler, General Motors y Volkswagen entre las grandes empresas de aquella época anticipaba el rumbo que tomaría la economía mexicana.
La década, por lo tanto, tenía una paradoja: México vivía una de sus peores crisis económicas mientras comenzaba a construir el modelo que décadas después lo convertiría en una potencia manufacturera y exportadora.
Y mientras México cambiaba, Chihuahua también
En Chihuahua, aquella transformación tenía una característica particular. El estado no partía de cero. Su economía tenía profundas raíces en la agricultura, la ganadería, la minería, la explotación forestal y otras actividades tradicionales. Pero durante los años setenta y ochenta comenzaron a aparecer nuevas industrias, nuevos parques industriales y empresas que modificarían la estructura productiva del estado.
Lo que estaba ocurriendo no era la desaparición de la economía tradicional. Era su transformación.
La ganadería comenzó a encontrar nuevos caminos en la industria alimentaria. La producción agrícola se vinculó con procesos industriales. La manufactura empezó a ganar terreno. El comercio local se expandió y las empresas comenzaron a mirar cada vez más hacia los mercados internacionales.
Chihuahua estaba dejando de ser solamente un territorio productor de materias primas para convertirse en una plataforma industrial.
Una estampilla empresarial de los 80
Si hubiera que construir una estampilla que representara aquella década en Chihuahua, tendría que incluir nombres que hoy siguen siendo parte de la historia económica del estado.
GCC: construir la infraestructura de una economía que crecía
El cemento también cuenta esta historia. Durante aquella década, la industria cementera enfrentó el entorno de crisis económica nacional, pero al mismo tiempo emprendió medidas para elevar su productividad, impulsar el cemento a granel, los concretos premezclados y las exportaciones.
Hay un dato particularmente revelador: entre 1980 y 1990, el consumo de cemento en Chihuahua creció a una tasa promedio anual de 4.6%, por encima del 2.9% nacional. Es decir, mientras México enfrentaba una década complicada, Chihuahua estaba construyendo físicamente las condiciones para una economía que seguiría creciendo. Y una economía industrial necesita precisamente eso: infraestructura.
Interceramic: el nacimiento de un empresariado industrial
Interceramic nació a finales de los 70 en Chihuahua, justo en la antesala de los años ochenta. Su historia representa una pieza diferente del modelo: el surgimiento de empresas de capital chihuahuense capaces de crecer desde el mercado regional hasta convertirse en jugadores relevantes de Norteamérica.
Interceramic representa, en este relato, el nacimiento de un empresariado industrial local. No solamente llegaron compañías extranjeras. También comenzaron a crecer empresas creadas desde Chihuahua.
Ford: el punto de quiebre
Pero quizá uno de los momentos más importantes de aquella transformación fue la llegada de Ford. Durante los años ochenta se creó el Complejo Industrial Chihuahua con el establecimiento de la planta de motores de la compañía. La llegada de Ford fue mucho más que la instalación de una fábrica. Comenzó a generar nuevas actividades productivas, particularmente alrededor de los arneses automotrices, la electrónica y otros componentes. Aquí aparece una de las claves para entender el Chihuahua de 2026:
Ford → proveedores → autopartes → manufactura avanzada → cadenas globales de suministro. Lo que hoy conocemos como ecosistema automotriz no apareció de repente. Tiene una historia de décadas.
RCA y Honeywell: las primeras piezas de la manufactura
RCA, instalada en Ciudad Juárez, ayudó a consolidar el Parque Industrial Bermúdez y formó parte de la primera generación de empresas que contribuyeron al crecimiento de la maquiladora. En Chihuahua capital, Honeywell llegó desde la etapa de creación del primer parque industrial de la ciudad en 1975. Aquellas empresas ayudaron a construir algo que hoy parece cotidiano: una cultura industrial. Trabajadores especializados, proveedores, parques industriales, infraestructura, procesos de calidad y una relación cada vez más estrecha con compañías internacionales. La manufactura que Chihuahua presume hoy tiene memoria.
Bafar: cuando la tradición ganadera se convirtió en industria
Pero el modelo Chihuahua nunca fue exclusivamente maquilador. En 1983 nació Bafar, entonces como Abastecedora del Norte, con apenas cinco empleados. Su historia permite observar otra transformación: la de una economía ganadera que comenzó a incorporar procesos industriales, comercialización, distribución y construcción de marcas. El camino puede resumirse así:
ganadería → procesamiento → industria alimentaria → distribución → marca. Es una ruta muy distinta a la de Ford o RCA, pero forma parte de la misma historia.
Leche Zaragoza: del campo a una industria regional
La empresa nació en Ciudad Juárez en 1936 y posteriormente expandió sus operaciones hacia otras regiones del estado. Durante las décadas siguientes continuó creciendo mediante la ampliación y adquisición de plantas pasteurizadoras.
Su historia recuerda algo fundamental: la industrialización de Chihuahua no comenzó únicamente en los parques industriales. También ocurrió en el campo, en los establos, en las plantas procesadoras y en las empresas familiares que aprendieron a crecer.
Futurama: la economía también se construye desde el consumo
Y si aquella estampilla quiere representar la vida cotidiana de los chihuahuenses, Futurama tiene un lugar. La cadena nació en Chihuahua y para los años ochenta ya formaba parte del paisaje comercial de la ciudad. Su presencia representa una tercera dimensión de aquella transformación: no solamente crecían las fábricas; también crecía el comercio. Había más trabajadores, más familias, más consumo y nuevas necesidades alrededor de una economía que comenzaba a urbanizarse e industrializarse.
La década que conectó las piezas
Visto en perspectiva, los ochenta fueron una década de transición. México comenzaba a abandonar un modelo económico caracterizado por una fuerte participación estatal y avanzaba hacia una economía más abierta. Chihuahua, por su parte, estaba diversificando su estructura industrial.
Durante esos años comenzaron a tomar mayor relevancia sectores como la metalmecánica, los alimentos, muebles, papel, confección textil y productos minerales no metálicos. También comenzaron a instalarse proveedores de las maquiladoras y nuevos parques industriales.
Las piezas comenzaron a conectarse.
RCA → electrónica.
Honeywell → manufactura.
Ford → automotriz y proveedores.
Interceramic → industria de capital chihuahuense.
Bafar → agroindustria.
Leche Zaragoza → transformación alimentaria.
Futurama → comercio.
GCC → infraestructura.
Cada empresa representaba una parte distinta de una economía que comenzaba a volverse más compleja. Entonces llegaría el siguiente gran capítulo: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
De los 80 al TLCAN y del TLCAN al nearshoring
El TLCAN aceleró la integración productiva de México con Estados Unidos y Canadá. Para Chihuahua, la ubicación geográfica, la experiencia maquiladora, la infraestructura industrial y la disponibilidad de talento se convirtieron en ventajas cada vez más importantes.
Lo que comenzó como manufactura fue evolucionando hacia cadenas de suministro más sofisticadas. Autopartes. Electrónica. Aeroespacial. Dispositivos médicos. Manufactura avanzada. Tecnología. Y ahora, inteligencia artificial y automatización. Por eso resulta insuficiente decir que Chihuahua está aprovechando el nearshoring. Chihuahua lleva décadas construyendo las condiciones que hoy hacen posible aprovecharlo.
2026: una economía diferente, pero con las mismas raíces
Cuarenta años después, el mapa empresarial es completamente distinto. México tiene hoy una economía mucho más abierta e integrada a Norteamérica. Las grandes empresas ya no están concentradas únicamente en sectores controlados por el Estado. Telecomunicaciones, comercio, alimentos, servicios financieros, manufactura y tecnología tienen un peso enorme.
Y Chihuahua también cambió. Aquella economía sustentada principalmente en el campo, la minería, la ganadería y los recursos naturales se convirtió en una de las plataformas manufactureras más importantes del país.
Pero las raíces permanecen. La experiencia acumulada durante décadas es precisamente uno de los activos que hoy permiten al estado competir por nuevas inversiones. El talento industrial que hoy buscan las empresas no apareció con el nearshoring. La cultura de proveeduría tampoco. Los parques industriales tampoco. La experiencia exportadora tampoco.
Chihuahua no llegó al nearshoring. Lleva décadas construyéndolo.
Quizá por eso una fotografía de los años ochenta puede decir mucho más sobre el Chihuahua actual de lo que parece. En aquella imagen aparecen empresas, trabajadores, fábricas, comercios y familias que todavía no podían imaginar conceptos como nearshoring, inteligencia artificial, manufactura 4.0 o cadenas globales de suministro pero estaban construyendo sus cimientos.
Los ochenta fueron la década en la que muchas de las piezas comenzaron a acomodarse.
México vivía una crisis que obligaría a transformar su modelo económico. Chihuahua, mientras tanto, diversificaba su industria y fortalecía una cultura empresarial que posteriormente encontraría en la apertura comercial una enorme oportunidad. Después vendrían el TLCAN, la globalización, las cadenas de suministro, la llegada de nuevas inversiones y, finalmente, el nearshoring. Por eso, mirar hacia los ochenta no significa solamente recordar cómo éramos. Significa entender por qué somos lo que somos hoy.
La fotografía económica de 1986 muestra un México que todavía estaba dejando atrás un modelo dominado por el Estado. La economía de 2026 muestra el resultado de cuatro décadas de apertura, inversión, aprendizaje industrial y conexión con Norteamérica. En medio de esa transformación aparece Chihuahua.
No como un estado que acaba de descubrir la oportunidad, sino como una región que lleva más de cuatro décadas construyendo las capacidades que hoy el mundo necesita. Porque el nearshoring puede ser una oportunidad nueva pero la capacidad para aprovecharlo no lo es. Y quizá esa sea la verdadera lección de los ochenta: las grandes transformaciones económicas no ocurren de un día para otro. Se construyen durante décadas, empresa por empresa, trabajador por trabajador, fábrica por fábrica. Chihuahua simplemente lleva mucho tiempo haciéndolo.
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